Carlos Reyes Sahagún / Cronista del municipio de Aguascalientes

Para Armida.

Musa, compañera;

de vida y de viaje.

Como el año pasado, y el que vino antes del anterior, tuve el privilegio de participar con un equipo de personas encabezado por el maestro Jorge Campos Espino, en la ¿competencia, carrera, convocatoria, concurso?, por la adjudicación del Ferial de Aguascalientes. Había en esta agrupación gente procedente de la danza, la música, la escenografía, etc., y este servidor de la palabra que pretendo ser, cumpliría con la honrosísima función de escribir el guion.

En las dos primeras ocasiones, y de acuerdo con los requisitos de la convocatoria, los temas elegidos fueron, respectivamente, la Constitución General de la República en el centenario de su promulgación, y el artista plástico Saturnino Herrán, en el centenario de su fallecimiento. Este año el tema fue libre y la idea que nosotros presentamos fue de Jorge. Por mi parte me encargué de desarrollarla, aunque libertad para imprimirle mi propia perspectiva. De paso comento que algunas ideas esbozadas en este proyecto forman parte de una investigación sobre la historia del ferial, cobijada por el Departamento de Historia de la UAA.

No ganamos en ninguna ocasión, y nuestros proyectos se quedaron ahí, a vestir santos. O sea que ni pa’ Dios ni pa’l diablo.

Este año ganó una propuesta que lleva el sugerente título de El sabor del viento –el de la nuestra fue el que encabeza estas líneas, y por lo que he escuchado el asunto suena interesante; prometedor. Ya veremos; ya tengo los boletos.

En fin. El hecho es que nuestros proyectos acumulan polvo y alimentan arañas por los siglos de los siglos –perdón por el anacronismo, considerando que ya nada va en papel, y todo es digital, aunque resulta más poético. Entonces permítame, indulgente lector, nomás para quitarme esta sensación de haber escrito de oquis; para nada ¡y en vacaciones de invierno!, compartir con usted el planteamiento, lo que redacté. Así que corre y se va; a ver qué le parece.

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Aguascalientes no es sólo un territorio determinado, integrante de la federación mexicana, ubicado en el centro de esta; en el altiplano, y dividido en 11 municipios para efectos de su administración, y en el que viven poco más de un millón de personas que realizan una serie de actividades económicas, sociales, lúdicas, etc.

También es un estado de ánimo; una conciencia, que se traduce en una identidad, que para las personas que la poseen significa que forman parte de, y, sobre todo, se sienten parte de.

Para que ello ocurra es preciso que este grupo de personas comparta una serie de elementos que por su conocimiento y experiencia de vida les son comunes, y se los apropian intelectual y emocionalmente.

La identidad de Aguascalientes, o de los aguascalentenses, comenzó a formarse prácticamente desde la fundación de la que es hoy la capital del estado, y a lo largo de la historia no ha hecho sino enriquecerse, hasta llegar a nuestros días.

Esta identidad se conforma con elementos tales como la geografía de la región, la historia de la gente que aquí ha vivido y vive y de sus instituciones; las actividades económicas que ha realizado y realiza para garantizar su supervivencia, al igual que aquellas que ha llevado a cabo para desarrollar las ciudades y pueblos, las calles, plazas, jardines, mercados, edificios, etc., que ha construido en busca del mejoramiento de su calidad de vida; las actividades que lleva a cabo para divertirse y descansar, fiestas populares, cívicas, religiosas, gremiales, etc.; las obras de sus artistas, músicos, pintores, escultores, arquitectos, escritores, etc.; así como las ideas y acciones de sus personajes destacados, y con estas, las reflexiones y dichos de sus líderes sociales, políticos y religiosos.

Finalmente, también es preciso considerar como parte de la identidad local a aquellos elementos equiparables con los anteriores, pero que proceden allende las fronteras estatales, inclusive del extranjero, que se incorporan a la experiencia y cultura de la población local a través de los medios de comunicación y del consumo.

Ahora bien, nunca la identidad es, ni estática, ni definitiva. Por el contrario, está dotada de un dinamismo que se origina en el seno de la sociedad, y que se transforma conforme ésta lo hace. Unas actividades económicas son sustituidas por otras, y a su vez unas prácticas sociales ceden su lugar a otras, mientras que las ciudades se transforman e incorporan nuevo equipamiento que la población se apropia y hace suyo, etc.

En conjunto, estos elementos van delineando una y otra vez la experiencia de vida de las personas, y con ella su rostro; su identidad.

Teniendo en cuenta lo anterior, se propone un espectáculo que recorra algunos elementos de la identidad de Aguascalientes, a través de la música, la danza y la poesía, a los que se sumarán textos muy breves que explicarían y ejemplificarían los conceptos enunciados en los párrafos anteriores. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).