Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Sergio Lara Sánchez, director del Instituto para las Personas Jóvenes y Adultas en la entidad, declaró a El Heraldo de Aguascalientes, el pasado 25 de junio, que el rezago educativo del estado es de 242 mil personas: 10 mil que no saben leer ni escribir, 84 mil que no han concluido la educación primaria y 148 mil que no han terminado sus estudios de secundaria.

Por lo anterior, el director del Instituto de Adultos se plantea como uno de los mayores retos, en su administración, disminuir el número de personas analfabetas para poder levantar la bandera blanca en Aguascalientes. Dice, también, que es indispensable el esfuerzo y la participación de la iniciativa privada, especialmente del sector empresarial, con el fin de abatir el rezago educativo en la entidad.

Si se logra disminuir el número de personas que no saben leer ni escribir, de acuerdo con los parámetros de la ONU, sería la tercera ocasión, en los últimos 45 años, que en Aguascalientes se levantara la bandera blanca, lo que es bueno, pero no sería novedad. De igual manera, históricamente se han firmado convenios con los empresarios locales para atender a los trabajadores que no han concluido primaria y secundaria; logrando reducir, de manera importante, el rezago educativo.

Ahora bien, si ya se había levantado la bandera blanca, ¿por qué incrementó, de nueva cuenta, el número de analfabetas?, ¿por qué, a pesar de esfuerzos y cuantiosos recursos invertidos, no se ha podido abatir el número de jóvenes y adultos que no han terminado primaria y secundaria? Porque el sistema educativo escolar básico, cada año, alimenta y engrosa el rezago educativo con miles de niños y adolescentes que no se inscriben en preescolar, primaria y secundaria; y con miles de niños y adolescentes que, anualmente, desertan, reprueban y por diversas razones son expulsados de las escuelas; integrándose, después de cumplir 15 años de edad, a las filas de los analfabetas y de los que no concluyeron primaria y secundaria. Y, tómese nota, los no inscritos, los desertores, los reprobados y los expulsados, de las escuelas preparatorias, también ya se suman en el rezago educativo, porque la educación media superior, como la básica, ya es obligatoria.

Es de reconocerse el esfuerzo corrector que hacen los gobiernos Federal y Estatal por alfabetizar y por certificar la conclusión de la primaria y la secundaria de los adultos; sin embargo, sería más efectiva esta campaña, si, por una parte, se garantizara la inscripción de todos los niños en edad escolar y, por otra, si se cerraran las llaves de las escuelas básicas y preparatorias para evitar que por ellas escapen (abandonen la escuela) los niños, los adolescentes y los jóvenes. Y que conste, no se trata de simples decretos u órdenes tajantes: ¡hágase!, ¡cúmplase! No, las cuestiones humanas y profesionales no funcionan así. El sistema escolar de hoy cuenta con personal preparado en diversas áreas del conocimiento y del desarrollo humano; personal que domina las distintas asignaturas programáticas, la pedagogía, la didáctica, la psicología, el trabajo social, la normatividad, la ética, la educación especial y una vasta experiencia en el tratamiento del estudiantado. Y el lugar privilegiado, para asegurar aprendizajes relevantes y evitar la reprobación y la deserción está en la escuela; que es el espacio donde el director y el personal docente crean (o deben crear) ambientes agradables, para que todos los educandos concluyan exitosamente sus estudios. Pero la escuela, necesariamente debe estar apoyada, supervisada y acompañada por autoridades competentes, las cuales tienen que garantizar el cabal cumplimiento de las funciones escolares.

Tanto el Instituto para la Atención de Personas Jóvenes y Adultas como el Instituto de Educación, dependen de la misma autoridad estatal. Bien se haría, pues, en sentar a estas instancias para que dialoguen y encuentren los mecanismos más idóneos para abatir el rezago educativo de Aguascalientes. Se cuenta con el personal y las condiciones para, de manera coordinada, trabajar por mejores resultados pedagógicos.