Marión Altamirano
Agencia Reforma

MONTERREY, NL .-Las enfermedades bacterianas se tratan con antibióticos, pero existen razones multifactoriales, tanto biológicas como prácticas, por las cuales estos padecimientos han desarrollado una resistencia a este tipo de tratamientos.
De acuerdo con Javier Ramos Jiménez, jefe de Infectología del Hospital Universitario, la resistencia a los antibióticos no es novedad.
“Los especialistas en enfermedades infecciosas conocemos los datos desde hace tiempo. Sabemos que hay bacterias que de forma innata no responderán a ciertos antibióticos”, afirma.
“Por ejemplo, el doctor Fleming, quien descubrió la penicilina, desde los años 50 advirtió que con el tiempo podría aparecer resistencia a ella y podría ser un problema en la clínica; o sea, eso se veía venir desde un principio”.

Un problema de décadas
Esta resistencia, añade el especialista, se ha estudiado por muchos años, y existen diferentes maneras en las cuales las bacterias la desarrollan.
“Para finales de los 50, en hospitales estadounidenses, el 80 por ciento de los estafilococos eran resistentes a la penicilina porque se había usado mucha; era de los pocos antibióticos disponibles en esa época y se usaba en forma amplia”, asegura Ramos Jiménez.
“Esto fue presionando ecológicamente a la bacteria y la forma en la que se hizo resistente fue porque desarrolló la habilidad de producir una enzima llamada betalactamasa que destruye, por así decirlo, a la penicilina, por eso es que ya no era efectiva”.
Para finales de los 60, siguiendo con el ejemplo del estafilococo aureus, o estafilococo dorado, se creó una serie de antibióticos, como la meticilina, que eran derivados de la penicilina y resistentes a las enzimas inactivadoras de la misma.
Durante la década de los 80 surgió otro problema con esta misma bacteria, pues aparecieron en los hospitales las setas de estafilococo dorado resistentes a todo este grupo de nuevas medicinas.
“Ahora el mecanismo era diferente. Lo que hicieron las bacterias es que en su superficie tienen unas proteínas en donde se tiene que unir el antibiótico, si no no actúa.
“Entonces las bacterias que eran resistentes ya no tenían esos ‘receptores’, por eso ya no fueron efectivas esas segundas medicinas que fueron diseñadas para ese propósito; se tuvo que hacer otro medicamento llamado vancomicina, un grupo diferente”.
A principios del 2000, señala, el estafilococo creó resistencia a la vancomicina y ha requerido el desarrollo de otros medicamentos; éste es un ejemplo de cómo una sola bacteria explica las diferentes formas en como se hace la resistencia a los antibióticos.

¿Qué factores motivan la resistencia?
El motivo por el que la bacteria se hizo resistente al antibiótico es multifactorial, indica el jefe del Servicio de Infectología del Hospital Universitario.
“Todavía hace unos cinco o seis años, en nuestro País cualquier persona podía ir a la farmacia y pedir el antibiótico que quisiera y se le vendía sin receta.
“Entonces, las bacterias generan resistencia cuando las exponemos a antibióticos, sobre todo a dosis incompletas o bajas o de tiempo breve. Por ejemplo, muchas veces la gente se siente enferma, empieza a tomar el antibiótico, a los dos o tres días se siente mejor y abandona el tratamiento cuando la recomendación fue cumplir cinco o siete días”.
Este abuso de años, dice, es uno de los factores por los cuales se viven estos problemas de resistencia, aunque no es el único.
Otro factor importante a considerar es que en ocasiones los médicos no se actualizan y por consecuencia administran dosis inadecuadas o por tiempo inadecuado.
“Por ejemplo, algunos cirujanos, por temor a que sus procedimientos se infecten recetan el antibiótico desde dos o tres días antes, el día que operan y una semana más, y eso no es una práctica correcta basada en ciencia.
“Si bien es cierto que los antibióticos se usan profilácticamente, la mayor parte de las veces son una dosis antes de la cirugía y, cuando mucho, unas dos o tres dosis más si la cirugía se extendió mucho”.
Pero de acuerdo con el especialista, ahora existe una tendencia en donde los médicos reducen cada vez más y con más frecuencia, el número de días del tratamiento.
Comentó que hace 10 años era común que una neumonía se tratara por 14 días o dos semanas; ahora, la mayoría se trata por 7 días, por ejemplo.
“Esto es principalmente para evitar el desarrollo de una resistencia, pero no es el único motivo. También es por los problemas que hay por el uso prolongado.
“En los últimos 15 o 20 años, cada vez más hemos visto la presencia de una bacteria que se llama clostridium difficile.
“Se da el antibiótico para una infección, probablemente, pero si lo extendemos demasiado aumentamos el riesgo de matar las bacterias buenas del intestino, por así decirlo, y dejamos espacio para que esta otra bacteria se reproduzca y pueda producir problemas serios, incluso terminar con la vida de una persona”.
También los antibióticos tienen efectos colaterales como toda sustancia en la medicina; muchas veces son en función a la duración del tratamiento.
Otra medida para evitar la resistencia al antibiótico, son las vacunas, añade.
“El uso de vacunas, finalmente también tiene un impacto en disminuir la resistencia, es indirecto, pero real. Esa moda de no vacunar está teniendo un efecto negativo que la sociedad está pagando a un precio muy alto”.