Gustavo García Olguin
Agencia Reforma

CDMX.- La caravana migrante que ingresó al país hace dos semanas sigue su ruta hacia la Ciudad de México.
Detrás vienen tres caravanas más: una acampaba en Huixtla, Chiapas, otra proviene de Honduras, y una más que salió de El Salvador, esperaba en la frontera con Guatemala para fundirse en una sola.
La oleada migrante ha aprovechado omisiones de autoridades y es una bomba de tiempo en el sureste mexicano.
El Gobierno federal ha intentado detener a los grupos de centroamericanos en el puente fronterizo con cordones policiacos. Sin embargo, ha dejado sin resguardo los cruces ribereños permitiendo que miles de indocumentados crucen el Río Suchiate y se internen por Chiapas.
El Presidente Enrique Peña ofreció empleos y escuelas para intentar frenar el paso de la caravana, empero, solo un centenar ha concretado el trámite.
La ayuda de pobladores ha disminuido en las localidades por donde pasan y la presencia de fuerzas policiacas federales es mínima.
En Tapachula, Chiapas, la Alcaldía afirma que la estancia de cada migrante en el recinto ferial le ha costado 2 mil 300 pesos; en Huixtla, el Ayuntamiento decidió suspender clases y cancelar las festividades del Día de Muertos debido a la presencia de la segunda caravana.
Autoridades migratorias se han visto desbordadas por el paso de migrantes y ya internados en el país, se han desentendido de su situación.