Lorena Corpus
Agencia Reforma

MONTERREY, N.L.- Héctor Suárez conoció a Luis Miguel y a su familia antes de que éste fuera famoso, pues vivieron cerca de él varios años en unos condominios de la Ciudad de México.
A «El Sol» lo recuerda como un niño encantador y un vecino educado que fue amigo de sus dos hijos. Incluso algunos de estos momentos fueron retratados de forma fugaz al inicio de Luis Miguel, La Serie.
«Vi los dos primeros capítulos de la serie y no me molesté, pero me pareció extraño que pusieran el nombre de mi hijo (en la escena cuando un niño agrede verbalmente al joven cantante)», señaló en entrevista.
«Sí fueron amigos de niños muchos años y que hayan dicho que le pegó y le dijo ‘maricón’, eso no es cierto. Uno debe estar acostumbrado a que las alteraciones en las historias son muy comunes».
El cariño y la admiración que el histrión le tiene a Luis Miguel es tan grande, que asegura que nunca podría hablar mal de él, porque sólo guarda buenos recuerdos de su relación.
«Es un hombre que siempre me saluda con mucho respeto. Me dice: ‘Don Héctor, cómo está usted?’. Y yo le doy su beso. Es un chamaco que conozco desde niño y me encanta que le vaya bien», puntualizó.
También se declaró su admirador, pues considera que Dios le dio «una gema en la garganta».
«Desde niño cantaba flamenco muy bonito, lo que era terrible era que lo pararan a las 4 de la mañana para divertir a ese cretino (su papá, Luis Rey) y que pusieran a cantar al niño a esa hora de la madrugada».
A Luisito, como le dice el actor a «El Sol», se lo llevaba a pasear junto con sus hijos al cine y al campo.
«Yo era un papá muy lindo, mis hijos son mi prioridad, entonces los invitábamos, por eso teníamos una relación bonita con ellos. Luis Miguel ha sido lindo conmigo y con todos. Es un encanto de muchacho».
Suárez aplaudió que el cantante no heredara la personalidad y malas maneras de su padre.
«Somos, muchas veces, la consecuencia de nuestros padres, pero aquí se rompió ese molde. Él con ese padre pudo haber sido una mala persona o un chico desviado, pero no.
«Yo le hablo como la personita que conocí de niño. Cada vez que lo veo, donde sea, el señor corre a saludarme con mucho respeto, porque esa relación tuvimos con ellos».