“Debemos incentivar a los jóvenes, los cuales a veces están muy ausentes, y no porque son malos, sino porque no los sabemos guiar; no nos ven verdaderamente ilusionados con nuestra fe, y si no hay congruencia ¿cómo entusiasmarlos? No hemos sabidos guiarlos, hay que hablarles en ‘su idioma’”, señaló el presbítero Carlos Alvarado Quezada.
Reconoció que el mayor reto es con los que están resentidos, incluso, hasta con los que están contrarios a la Iglesia. “Hay que establecer acciones para salir a su encuentro, hay que tender puentes, siempre, con todos”.
Comentó que hoy nos abruman situaciones que violentan la justicia y la paz, agresiones que denigran nuestra condición de hermanos, y que fomentan una vida de confrontación, discriminación, de menosprecio a la dignidad humana, y que conducen a la angustia, a la tragedia y a la muerte. “Son temas de reflexión, que obligan un cambio de actitud y la colaboración de todos, para lograr el ambiente de justicia y tranquilidad al que aspiramos, pero todos debemos contribuir para lograrlo”, dijo el vocero de la Diócesis local.
“Los que estamos al servicio de la Iglesia, los fieles, debemos comportarnos con humildad y no olvidar que estamos para servir, no para que nos sirvan”, añadió.
“Cuando no tenemos conciencia de esto, comenzamos a tomar actitudes contradictorias al espíritu del Evangelio. Comenzamos a ser autoritarios, déspotas, arrogantes, como los que reclaman tributo de reconocimiento y aplauso. Y no, no tiene por qué ser así, porque somos sólo servidores”, subrayó.
Agregó: “estamos llamados, ungidos con la fuerza del Espíritu, para servir a los cristianos, no para tratarlos como propiedad privada, sino como servidores; debemos conservar esta conciencia, esta identidad, con la ayuda de la comunidad”.
Alvarado Quezada expresó que la primera obligación del sacerdote es predicar, evangelizar, dar a conocer la Palabra y catequizar; “formamos una familia, la Iglesia, que se hace concreta en la parroquia. Ahí hay que darle a la Palabra su lugar en el anuncio, es decir, en la predicación; y su explicación y profundización, en la catequesis”.
Finalmente, dijo que hay trabajo para todos, sobre todo cuando queremos ser una Iglesia misionera, una Iglesia que quiere mirar a todos los sectores, especialmente a los que ya no acuden al templo.