Rocío Martínez
El Heraldo de León

León, Gto.- Es un misterio como llegó un pequeño pedazo del madero que destinaron los romanos para crucificar a Jesucristo, al templo de El Calvario, en León.

Solo se sabe que hace unos años fue descubierto entre las cosas del santo José María de Yermo y Parres, quien fundó la casa hogar en la ciudad.

La hermana María de la Soledad Peña Huerta, narró que recientemente se supo de la reliquia que por años guardó el padre José María Yermo y Parres, ahora santo.

“Nos llenó de mucho asombro, nos dio mucho gusto saber que estuvo aquí, somos bendecidos por esta reliquia tan bella”, manifestó.

La hermana Sol, como así la llaman de cariño, manifestó que la reliquia la tienen con un resguardo especial, y pocos son los que saben que se encuentra en la casa hogar.

RELIQUIA EN CATEDRALES
Durante la persecución de la Iglesia Católica el madero fue protegido primero en Tierra Santa, donde tuvo que ser identificada porque permaneció enterrada por años, y porque fueron tres los hombres que murieron (dos ladrones y el hijo de Dios).

Luego de unos años estuvo en Europa, ya que fue reclamado por un rey, luego regresó a Tierra Santa, nuevamente se presentó una persecución y la Iglesia, a fin de protegerla, repartió algunos pedazos en las principales catedrales.

Son muchas las catedrales que presentan maderos como auténticos, incluso en la Catedral de la Ciudad de México.

La denominada Muy Antigua, Venerable y Dominicana Cofradía Penitencial y Sacramental de la Santa Vera Cruz de Palencia pidió en 2001 al Vaticano un fragmento de madera divina y lo obtuvo gracias a la intermediación del obispo de Palencia.

Los leños sagrados también aparecen en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, en el monasterio de Heiligenkreuz (Austria) y en otras iglesias de España, El Vaticano, Guatemala, Italia y otros muchos países.

En la casa hogar de El Calvario, se cuenta demás un certificado de autenticidad en arameo, lengua muerta, en la que hablaba Jesucristo.

VIDA DEL SANTO
El padre José María era el sobrino del primer obispo de León, y si tío le encomendó el templo que estaba a medio construir en El Calvario, ya que el sacerdote que estaba a cargo había muerto.

“Para el santo fue una gran desilusión, ya que de estar a cargo en la Catedral Metropolitana, era separado para ir a un pequeño poblado, un templo a medio construir, sin embargo fue en este donde encontró su gran misión a favor de los pobres”, refirió.

En el arroyo de Los Machihues, casi Río de los Gómez, el santo vio una escena que lo marcaría en toda su vida sacerdotal.

“Unos puercos comían los pequeños cuerpos de niños, los cuales habían sido tirados por jóvenes que habían quedado embarazadas”, refirió la hermana Sol.

Esta escena marcó al sacerdote, quien formó justo en esta zona una casa hogar para niñas y jóvenes que pudieran ser orientadas en la educación, formación espiritual, religiosa y social, a fin de evitar problemas de embarazos a temprana edad, o no deseados.

A la fecha la congregación sigue vigente en su labor, sin embargo son ya pocas las hermanas que viven en esta casa con tanta historia.

No fue fácil construir el proyecto que pretendía el santo, puesto que en ese tiempo había persecución a la Iglesia y a sus creyentes, sin embargo el sueño y la fe de San José María de Yermo y Parres fue más grande.

ARTE SACRO
La casa hogar del Sagrado Corazón del Calvario cuenta con valiosas obras de arte, algunas que datan del Siglo XVIII. Pinturas al oleo, y nazarenos con casi un siglo.

En esta casa hogar el santo tenía su oficina, una capilla, una habitación, y hace unos años autoridades eclesiásticas de Puebla se llevaron sus pertenencias para ponerlas en resguardo, luego de ser canonizado.

Las hermanas, en su mayoría de edad avanzada, van lentamente por la casa que muchas veces fue habitada por el santo.

En el templo de una paz infinita, solemnidad y belleza arquitectónica, se encuentra las reliquias de San José María de Yermo y Parres.

“Se trata de un pedazo de hueso del cuerpo de San José María de Yermo y Parres”, manifestó.

En un espacio privado se encuentran los nazarenos que por años han participado en el Vía Crucis, lo que ha cimbrado en emoción a los creyentes este Viernes Santo.