Por J. Jesús López García

Es común que se hable en demasía, sobre todo en tiempos políticamente cargados, en cuanto a la reminiscencia siempre actualizada sobre «el pan y el  circo» que se  regalaba en la Antigua Roma al vulgo ciudadano presumiblemente para tenerlo tranquilo y eliminar en él, todo o buena parte de su ánimo subversivo, sin embargo, con diferencia de nuestros días, en la Antigua Roma, el Estado también proveía a sus ciudadanos de manera gratuita, el acceso a otros servicios como el uso de las termas y los gimnasios. Equiparables en dimensiones y en importancia de su situación urbana con los circos, los anfiteatros -el Coliseo es uno de ellos- y los teatros, termas y gimnasios fueron para los romanos instituciones y edificios muy apreciados.

Séneca el filósofo, orador político y escritor romano, vivía en una dependencia contigua a un gimnasio y se ufanaba de que el ruido no sólo no le molestaba, sino que incluso le alentaba a abrir su mente a nuevas experiencias de pensamiento. En nuestra sociedad los gimnasios y los baños públicos ya no son gratuitos pero continúan siendo lugares apreciados por la población que llega a hacer de ellos una parte importante de su cotidianidad, entronizándose como sitios de confluencia colectiva. En los lugares donde estos servicios se constituyen en clubes -que son asociaciones para el recreo en que se enmarcan múltiples actividades-, no sólo aquellas tareas son satisfechas para los usuarios, de ellas se desprenden labores relacionadas con el intercambio social hasta llegar a constituir el epicentro de conjuntos habitacionales.

Los clubes deportivos son establecimientos civiles que se han ido arraigando en las ciudades contemporáneas desde el siglo XIX. En Aguascalientes desde la centuria pasada han ganado un terreno y una diversificación conforme aumenta la población, y con ella la demanda de más y mejores experiencias sociales y deportivas. Hacia los años ochenta del anterior siglo, se constituyó en las tierras de unos viñedos -de los cuales tomó su nombre- el Pulgas Pandas Country Club. Inicialmente se levantó el edificio de la casa-club y se estableció el campo de golf para después detonar el conglomerado habitacional que le rodea.

El conjunto arquitectónico fue diseñado por el arquitecto Bosco Gutiérrez Cortina, quien retomó varios de los elementos de la arquitectura de Luis Barragán, por ejemplo de los bebederos de «Las Arboledas» y los clubes «Cuadra San Cristóbal» y «Fuente de los Amantes» dedicados a la crianza de caballos con sus fuentes características, en las que Gutiérrez Cortina retoma como principio para disponer el gran volumen triangular de su propia fuente, cuya caída de agua es lo mismo el rasgo más característico de la fachada del club y el punto nodal donde éste se une en sus dos partes dispuestas a cada lado de la Avenida Aguascalientes de manera subterránea y marca el acceso a la parte sur del conjunto habitacional.

El grupo también posee rasgos de las composiciones arquitectónicas de Ricardo Legorreta -basta mencionar el proyecto que realizó para la Chrysler en el Estado de México con la fábrica de «Automex» en 1964-, con una volumetría masiva horizontal de vanos discretos de la que resalta la gran fuente de manera vertical como contrapunto compositivo, unida al resto de la edificación por la característica trabe de la arquitectura de Legorreta.

El edificio es uno de los introductores en Aguascalientes del gusto por una arquitectura con base en las propuestas de Luis Barragán y Ricardo Legorreta, pioneros en el rescate de unos conceptos de las viejas fincas rurales mexicanas pero trasladados a la contemporaneidad arquitectónica de una manera moderna y más abstracta que la simple copia formal; a aquellos profesionales les siguieron otros más de importante renombre como Javier Sordo Madaleno y Francisco J. Serrano en la experimentación de formas y disposiciones espaciales entorno al mismo tema de la masividad y los espacios espectaculares que se disponen como sorpresa para quien entra en los edificios o como acto de bienvenida para quien los recorre al exterior.

Pero más allá de su circunstancia arquitectónica y compositiva, el club deportivo es un conjunto que detona la realización de actividades subsidiarias, incluso las referentes a su complemento habitacional, que va desarrollando el contexto de manera contundente. Entre Pulgas Pandas y la Universidad Autónoma de Aguascalientes se encuentran varios desarrollos habitacionales y el tramo del segundo anillo de circunvalación con la imagen urbana más amable de toda la avenida.

A partir de los clubes Campestre y Pulgas Pandas «el Norte» de la ciudad comenzó a decantar su pátina de brillantez social -devenido en brillo mercadológico- y desde su fundación han sido junto con la Universidad Autónoma de Aguascalientes, factores de desarrollo para esa parte de la metrópoli. Los clubes deportivos por su parte han ido proliferando en nuestra capital de manera ininterrumpida diversificando la oferta de sus servicios y testificando el crecimiento de Aguascalientes.

Sin duda alguna, el fraccionamiento de Pulgas Pandas, con su casa club, forma ya parte de la imagen urbana moderna de la ciudad acalitana, particularmente de la fracción norte conocida como «Zona Dorada».