CDMX.-En este Circo la estrella no son los payasos, magos, malabaristas o domadores, sino el maestro de ceremonias.
Sin sombrero de copa, moño o bastón, pero armado con una guitarra, sus rimas y juegos de palabras, Ricardo Arjona mantuvo con los ojos y las gargantas abiertas a las 15 mil personas que asistieron la noche del jueves a ver su “Circo Soledad Tour”, en la carpa que armó en la Arena Ciudad de México.
Interpretando “Ella” y “Señorita”, el cantante salió media hora más tarde de lo que marcaba el boleto.
El público, ansioso, se lo perdonó: la cita original con el guatemalteco era el 27 de septiembre, pero el terremoto en la capital aplazó el encuentro.
“Después de las cosas que han pasado, venir aquí es un síntoma veraz de que estamos vivos.
“No hay que caer en el cliché, pero no hay huracanes ni temblores que hagan vacilar a un país como éste”, saludó el compositor de 53 años, quien exhortó a no desperdiciar cada instante de vida en nimiedades.
A Arjona le gusta la teatralidad y las grandes producciones. Una troupe de 42 personas, entre las que había músicos, bailarines y equilibristas, se movieron en una “pista” con cajones de ilusionistas, dianas para lanzadores de cuchillos, gradas, carteles con luces y telones rojos. Era un circo en miniatura.
Como gran detalle tecnológico, una pantalla de más de 24 metros que proyectaba animaciones a juego.
Contador de historias por naturaleza, el ex mecanógrafo, ex maestro de primaria y ex basquetbolista aprovechó los piropos de las mujeres de las primeras filas para recordar con humor tiempos pretéritos en México, cuando perseguía un sueño musical.
“En esta ciudad caminaba yo hace algunos años y no me volteaba a ver ninguna de ustedes”, reclamó a sus admiradoras, que le lanzaron instantes antes flores y peluches al entarimado.
Arjona, quien desde los 80 produce éxitos, no dio respiro.
Entre temas como “El problema”, “Desnuda”, “Acompáñame a estar solo” o “Dime que no”, se desplazaba con precisión coreográfica por su puesta en escena y leía carteles que levantaban sus admiradoras.
En poco más de dos horas de concierto, el centroamericano, ayudado de algunos ‘medleys’, logró meter más de una treintena de canciones. Hasta subió al escenario a una señora, que fue la envidia de miles. (Mario Abner Colina/Agencia Reforma)