Fernando López Gutiérrez

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La aprobación del Presidente de la República por parte de la ciudadanía ha presentado en las últimas semanas los niveles más bajos reportados desde los años de 1995 y 1996. De acuerdo a una encuesta publicada por el Grupo Reforma el pasado primero de diciembre, el presidente Peña Nieto alcanza porcentajes no vistos desde el inicio de la administración de Ernesto Zedillo, en el marco de una de las más grandes crisis económicas en la historia de nuestro país.

Ante la proximidad de las elecciones intermedias del 2015, es indudable que el gobierno federal debe actuar con rapidez para lograr mejorar la percepción ciudadana sobre su desempeño; sin embargo, desde una perspectiva electoral, parece aún más importante que el Partido Revolucionario Institucional logre plantear una estrategia que permita reducir el impacto de la impopularidad reinante en las decisiones de voto de la ciudadanía.

En otra encuesta –presentada por El Universal / Buendía &Laredo el 25 de noviembre del presente año– se señala que, a pesar de las críticas y la percepción negativa en torno al trabajo de la actual administración, el PRI mantiene una clara ventaja sobre los otros partidos en las intenciones de voto de los mexicanos rumbo al proceso electoral del 2015. Cuando se preguntó a los entrevistados respecto a la decisión de su voto en función del desempeño del presidente, 41% de ellos señaló que no tomará dicho criterio como base y el 53% aseguró que su voto sería un instrumento para emitir su opinión (positiva o negativa) en torno al trabajo de Enrique Peña Nieto.

Lo números observados nos permiten inferir que existe un amplio porcentaje de personas que están dispuestas a votar por el PRI, en independencia de su percepción sobre el trabajo de la actual administración. En un contexto de competencia electoral, resulta viable pensar que la oposición al partido en el gobierno tratará de aprovechar el incremento de la impopularidad presidencial intentando vincularla con la intención del voto de los electores. Ante dicha posibilidad, el PRI tendría que privilegiar la selección de candidatos en el ámbito local que puedan presentar cierta autonomía respecto al trabajo de la administración federal, con la finalidad de reducir las posibilidades de ataque a sus contendientes.

Las decisiones que habrán de tomarse en las próximas semanas, en torno a la selección de los candidatos priístas para las elecciones del 2015, serán fundamentales para reconocer la voluntad del PRI nacional de aceptar la participación de los liderazgos locales en la determinación de los perfiles que habrán de competir. Los resultados de la elección serán una oportunidad para evaluar la madurez de nuestra ciudadanía para decidir su voto con base en criterios claros de reconocimiento o rechazo a la labor de sus autoridades y a la selección de candidatos cercanos a ella.

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