Flaviano JimenezProf. Flaviano Jiménez Jiménez

Existe la creencia generalizada que una vez habiendo terminado una carrera, en la institución que sea, ya no hay necesidad de más estudios, con la carrera concluida es suficiente para trabajar y llevar una vida sin sobresaltos. Prueba de ello está en que no pocos estudiantes, el día de su graduación, tiran hacia el cielo los cuadernos de notas como diciendo ¡no más estudios! Es un error pensar así, pues nadie aprende algo para siempre, ni tiene el dominio de todos los conocimientos, ya que éstos evolucionan incesantemente y se producen de manera vertiginosa a cada momento. En tal virtud, los ingenieros, los abogados, los doctores, pero sobre todo los maestros, deben estar conscientes que muchos conocimientos adquiridos en la normal, o en alguna otra institución superior, ya pueden ser obsoletos para el día que empiecen a trabajar. De manera que si se quiere tener éxito en el trabajo y en la vida misma, es absolutamente necesario aprender a aprender, esto es, aprender permanentemente en el oficio o en la profesión que se desempeña. El aprendizaje permanente permite constante actualización en el saber, en el pensar y en el quehacer de todo ser humano.
Un docente puede pensar que tiene muchos conocimientos y mucha experiencia por enseñar de la misma forma los 30 años que tienen en el servicio. ¡Error!, la experiencia no consiste en repetir lo mismo durante 30 años, independientemente si los alumnos aprenden o no. Otro docente de escasos 5 años de servicio puede tener más experiencia si éste busca y pone en práctica, en cada obstáculo que se le presenta en la enseñanza, diferentes alternativas pedagógicas y estrategias didácticas hasta lograr que los alumnos aprendan lo deseable y lo que les es útil. La experiencia entonces no se adquiere haciendo lo mismo durante varios años, sino experimentando cosas diferentes para solucionar los problemas que surgen en los aprendizajes, y esto se logra a través del aprendizaje permanente, o del proceso aprender a aprender.
Otra barrera que limita el aprendizaje permanente está en el hecho de que no se tiene, en muchos casos, el hábito de aprender solos; por tradición milenaria, se espera siempre que alguien convoque u organice un curso de actualización para asistir a éste (y siempre y cuando se ofrezcan algunos incentivos adicionales). Además, en los cursos se esperan recetas o aprendizajes digeridos del conductor, porque se supone que es la persona depositaria de los conocimientos más avanzados e infalibles. Estas percepciones deben superarse en los tiempos actuales y principalmente en el ámbito educacional, los cursos magistrales ya no son suficientes, cubren una parte de la información, mas no todo lo que los docentes requieren para desarrollar armónicamente la personalidad de los educandos. Por todo lo anterior, y por prestigio profesional, se requiere una profunda y honesta autoevaluación de la docencia para tener conciencia de lo que se sabe y reconocer de lo que se carece en cuanto a conocimientos y pedagogía. Teniendo claridad de los faltantes y de las debilidades, por iniciativa propia y ética profesional habrá que emprender, en distintas fuentes, estudios sistemáticos de aprendizaje individual, sin perjuicio de participar en círculos de estudio con los compañeros y en las redes existentes. Y para ello hay dos alternativas viables: mediante la capacidad lectora y las habilidades de pensamiento. Para desarrollar la capacidad lectora, no basta simplemente con leer algo, se trata de comprender lo leído y de producir nuevos conocimientos a partir de la lectura. Para este fin existen procesos y técnicas. Y para el desarrollo de las habilidades de pensamiento también existen técnicas y procedimientos que propician el hábito de pensar, pensar en todo, en todo lo que rodea, en lo que se siente, en lo que se contempla y clarifica, de manera que siempre se esté aprendiendo.
Y a propósito de la autoevaluación con fines de superación, Philippe Perrenoud, en su libro “Desarrollar la práctica reflexiva en el oficio de enseñar”, subraya que la clave de la profesionalización es la reflexión (acto de pensar) y la acción sobre lo que se ha reflexionado (sobre todo en lo concerniente a las deficiencias); por ejemplo, el docente tiene que reflexionar lo que debe hacer antes de dar la clase, lo que debe hacer durante la clase y lo que debe hacer después de la clase. Antes, tiene que pensar o reflexionar en qué, cómo, con qué y para qué va a preparar la clase y, una vez definidos los puntos, entrar en acción; durante, tiene que saber cómo iniciar la clase de manera que sea interesante para los alumnos, con qué habilidades y estrategias garantizar los aprendizajes, con qué recursos didácticos hacer más atractiva la clase y cómo lograr buenos resultados; después, tiene que reflexionar qué procesos de la clase y recursos le permitieron lograr aprendizajes significativos, en qué y por qué no hubo buenos resultados y qué piensa hacer, en la próxima clase, para superar las anomalías. Si se hacen sistemática y permanentemente estas reflexiones, se reconocen las debilidades y se actúa en consecuencia, se tendrán importantes y permanentes aprendizajes tanto por parte de los docentes como de los educandos.
Sobre el estudio y la lectura, Fernando Savater dice, en “Ética para Amador”, que se estudia o se lee “por el simple interés de saber cosas nuevas, para aprender una destreza que resulta útil y para obtener un puesto de trabajo”. Es deseable que el docente estudie y lea por las novedades y por el placer de realizar su trabajo de manera significativa.

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