El Heraldo de Aguascalientes

Aplausos tibios al último informe

Mayolo López
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.- El legado peñanietista no da más que para aplausos convencionales. En el Palacio Nacional, el grueso de los mil 500 invitados aplaude con más fuerza al Ejército y la Marina que a las cuentas que rinde Enrique Peña Nieto. Otro de los contados aplausos aflora cuando el que ya se va desea éxito al que viene, Andrés Manuel López Obrador.
¿Lágrimas? Las de la esposa del Presidente y de sus hijas, apostadas en primera fila en el Patio Central. ¿Interrupciones? Las que provocan a la lectura del mensaje alusivo al sexto Informe de Gobierno los videos con reseñas de los logros de Gobierno que se proyectan en un par de pantallas gigantes mientras que el Ejecutivo baja del templete y desaparece de escena.
Ni el flamante opositor presidente de la Cámara de Diputados, Porfirio Muñoz Ledo, osa interrumpir al mandatario. “Queremos una transición tersa”, le previene a Peña en el ocaso de su Gobierno. Una escena muy distinta a la herética interpelación a Miguel de la Madrid del siglo pasado.
Con el senador Martí Batres, Muñoz Ledo flanquea a Peña en una escena impensable hasta hace unos meses, cristalizada ahora en la primera irrupción de la izquierda como fuerza mayoritaria en el Congreso y, dentro de 88 días, en el Gobierno.
Con la difusión de los spots matutinos de la semana pasada, Peña se desentiende en el Palacio Nacional de la Casa Blanca y de Ayotzinapa, aunque jure y perjure que se afanó hasta donde pudo para erradicar la corrupción.
Visible a media ceremonia, el empresario Juan Armando Hinojosa, dueño de Grupo Higa, constructor de la Casa Blanca escucha impasible la alocución presidencial. En sus spots, Peña ya había reconocido que el tema de la residencia de Las Lomas había socavado la credibilidad de su gobierno. Pero ahí está Hinojosa Cantú, varias filas atrás de las silla que ocupa Angélica Rivera, la misma que volvió a las pantallas de televisión para defender su reputación.
“Gracias por comprender el tiempo que les tocó vivir”, desliza el Presidente.
A la derecha de la Primera Dama, la presidenta del PRI, Claudia Ruiz Massieu, aplaude el gesto y el petista Alberto Anaya hace lo propio, pero, en medio, Yeidckol Polevnsky, de Morena, se desentiende y apenas mira de reojo a Rivera.
En primera fila también aplauden al Presidente los empresarios Alberto Bailleres y Juan Pablo Castañón, ahora interlocutor privilegiado del Presidente electo, lo mismo que Claudio X. González, ex presidente del Consejo Mexicano de Negocios.
“Peña señaló claramente los logros de su sexenio: las reformas y el Tratado de Libre Comercio. Obvio que hay cosas que se dejaron de hacer y otras que quedaron inconclusas, inclusive en las reformas”, dice González.
–¿Buenas cuentas?
–En cuanto a reformas y en cuanto al Tratado de Libre Comercio, sí, definitivamente. Creo que hay trabajo por hacer en inseguridad sobre todo, corrupción, impunidad y Estado de derecho.
–¿Se va en paz Peña?
–Creo que sí, pero hay que preguntárselo a él, ¿no?
El ex senador yucateco Emilio Gamboa también está en primera fila. Dos semanas atrás, en la presentación de un libro, había contado que, dada su cercanía con el Presidente, se había apersonado en Los Pinos parta advertirle que en la calle la gente hablaba mal de él. Gamboa es el primer invitado que se pone de pie para aplaudir a las Fuerzas Armadas.
La despedida del Presidente depara una ausencia notoria, la de su correligionaria Claudia Pavlovich, Gobernadora de Sonora. El desaire también lo encarnan el chihuahuense Javier Corral, el quintanarroense Carlos Joaquín González y el guanajuatense Miguel Márquez.
En el epílogo de su gestión, Peña clama comprensión. Lo despiden con aplausos convencionales. No da para más.