“Lo que la polilla llama el fin del mundo, el amo lo llama mariposa.”
        Richard Bach, escritor

COLUMNA CORTEUn infante contempla el abismo. En la habitación contigua, una pareja fornica con frenesí y olvido. La melódica composición que acompaña estas imágenes enmarca lo inevitable: una muerte retratada en terso blanco y negro con el tiempo suspendido gracias al ralenti y sujetando la caída del pequeño desde su ventana en las caprichosas manos de los fatos hasta el fatídico desenlace.
Así comienza la ordalía audiovisual orquestada por ese “enfant terrible” (y orgulloso de ello) Lars Von Trier, cineasta danés, cuyo ideolecto o sello de autor suele residir en la exhibición de los taludes personales que despojan de condición o propósito a la experiencia humana, para revelar las carcasas emocionales de aquellos fiambres existenciales que solemos llamar “semejantes”. Y sin embargo, a pesar de sus provocaciones fílmicas previas como “Europa” (1991), “El elemento del crimen” (1984) o su truncada proclama contra la artificialidad cinematográfica llamada “Dogma 95”, Trier jamás había pactado con demonios de celuloide de la envergadura de “Anticristo” (2009), un “magnum opus” de brutalidad emocional y visual sobre la poética de lo grotesco, las repugnantes entrañas del amor y aquella noche perpetua y sin estrellas que solemos identificar amablemente como “alma”, siguiendo a nuestros dos protagonistas y únicos habitantes de este desolado universo: los anónimos El (un magistral Willem Dafoe) y Ella (Charlotte Gainsbourg en la actuación de su vida), una suerte de Adán y Eva sicalípticos, quienes, al no poder afrontar el ya citado fallecimiento de su hijo entre el bullicio metropolitano, pretenden guarecer su frágil estado anímico en una cabaña ubicada en una ominosa zona boscosa llamada “Edén”, donde confrontarán el carácter del binomio masculino-femenino, la quebradiza tesitura del ser como tal y la naturaleza cruel de la mansedumbre, paradojas expuestas con terrorífica belleza y pasmoso desenfado.
La estructura narrativa elegida es capitulada, mostrando en cada segmento -Prólogo, Dolor, Desesperación y Los Tres Mendigos- la progresiva destrucción de nuestros protagonistas, alentados por entidades totémicas animales (un ciervo, un zorro y un cuervo), que guían la conciencia de los protagonistas, dotando al relato de una atmósfera fabulesca y la sensación de un cuento de hadas del averno, adornado de una imaginería melancólica donde los tonos fríos prevalecen y el sol parece brillar, pero por ausente, ajustando la paleta cromática a las intenciones discursivas de su director, quien jamás muestra un atisbo de esperanza u optimismo en el proceder argumental. De hecho, al momento de visionar este filme, el respetable seguramente rememore otras posturas similares sobre la oquedad vivencial y la existencia en tinieblas como “El lobo estepario” de Herman Hesse o las lóbregas calistenias filosóficas de Bergman como “El séptimo sello” (1957) o “La hora del lobo” (1968), cintas que sin duda han tocado la visión apocalíptica de Trier sobre las relaciones interpersonales.
Probablemente lo más inquietante es la paradójica coexistencia de un ritmo mesurado y pausadamente lírico en la cimentación de la puesta en escena (a tal grado que incluso encontramos una dedicación al maestro ruso Andrei Tarkovsky [1932-1986], amo y señor de la lentitud elegíaca, en los créditos finales), con un despliegue de visceralidad feroz, como intercambios verbales ásperos, explícita cópula belicosa, eyaculación hemoglobínica y un par de secuencias que involucran gráficas mutilaciones genitales; todo fotografiado con la exquisitez antiséptica de un comercial de perfumes que resalta las cualidades simbólicas de tan cruentas imágenes.
Al parecer, la intención del director era adentrarse por vez primera al género del horror, pero privado de sus caretas baratas de sustos sorpresivos, golpes musicales estridentes y sanguinolencia misógina, replanteando la experiencia como un pavoroso careo entre el individuo y su reflejo primordial. Después de verla, seguramente estará de acuerdo en que Lars Von Trier cumplió sin reproches su objetivo.
Nota: La cinta se encuentra disponible a la renta en la Videoteca del C.C. Casa Jesús Terán.

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