Josemaría León Lara Díaz Torre

Es una verdadera lástima que el año nuevo sucediera en las vísperas del fin de semana, puesto que todos aquellos que hacen propósitos tendrán que esperar hasta el lunes cinco de enero para comenzar a cumplirlos. A pesar de que es una tradición cultural del mundo occidental el creer que con el cambio de año seremos mejores personas, en México en verdad año tras año se ha convertido en algo tan común pero tan falso como una moneda de tres pesos.
Propósitos de año nuevo hay muchos, pero los más comunes y también menos cumplidos son: dejar de fumar, dejar de tomar, hacer ejercicio y por supuesto ponerse a dieta. Simpático es el hecho que tales aspiraciones al no ser cumplidas se convierten en una carga moral por el resto del año, pero así somos los mexicanos tenemos la esperanza que para el siguiente año sí los vamos a cumplir.
Ahora bien, la celebración ha terminado y el dos mil quince comienza a tomar forma y a pesar de que aún no comienzan los “tiempos oficiales”, se acercan las campañas políticas para elegir a quienes nos representarán los próximos tres años cómodamente desde un curul en el Palacio Legislativo de San Lázaro.
Estas elecciones también llamadas “las intermedias” (puesto que se renueva la Cámara Baja del Poder Legislativo Federal para la segunda mitad de un sexenio presidencial) tienen una variante a los que históricamente representan para el partido en el gobierno.
En el año de mil novecientos noventa y siete por primera vez el pueblo mexicano tuvo la oportunidad de probar ligeramente, lo que parecía sacado de una obra de fantasía: la democracia. Fue la primera vez que en la historia el partido antes llamado oficial, perdió la mayoría en el congreso y es cuando la oposición tanto como la derecha como la izquierda comienzan a creer en una nueva realidad.
Mucho ha cambiado la vida democrática del país desde el noventa y siete, ahora ya no es simplemente la elección libre de nuestros gobernantes, también se han creado instituciones para fortalecer la democracia en todos sus sentidos incluyendo la transparencia y la rendición de cuentas.
Las elecciones de este año se pueden leer mediante dos tesituras bastante interesantes. La primera nos habla de la inclusión de las candidaturas independientes que desde la reforma del dos mil doce se convirtieron en una realidad; y la segunda es la manera en que los partidos tendrán que seleccionar mediante filtros de “control de confianza” a sus candidatos, no vaya a ser que se repitan casos como los del Estado de Guerrero.
El tema de las candidaturas independientes abre una nueva esperanza para todos aquellos que ya no creen en los partidos de siempre y que buscan una nueva y diferente opción. El Instituto Nacional Electoral (si usted lo sigue conociendo como IFE no se preocupe, puesto como diría el refrán popular: “es la misma puerca pero revolcada”) hizo un comunicado diciendo que de los ciento veintidós aspirantes a candidaturas independientes registrados, sólo cincuenta y dos cumplieron los requisitos necesarios para serlo.
Lamentablemente el que el “Instituto” les dé el visto bueno, no es suficiente. De acuerdo con la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales, estos aspirantes a conseguir uno de los quinientos curules el próximo siete de junio, tienen como fecha límite el 27 de febrero para recabar firmas cuando menos equivalentes al dos por ciento de la lista nominal de electores que corresponda al distrito electoral al que pretendan contener. Una vez logrado este cometido, ahora sí serán debidamente acreditados para comenzar a realizar proselitismo político. ¡Suerte!
El segundo tema además de importante es necesario. No podemos seguir teniendo candidatos improvisados y con fuertes cargas de apadrinamiento político o económico. El ciudadano debe también fijarse más en el candidato por el que vaya a votar este año, puesto que ese mismo candidato seguramente será el mismo por los próximos doce años. Así es, con la aprobación de la nueva reforma político electoral los aspirantes a diputados podrán ser electos y reelectos hasta por cuatro periodos.
A pesar de que a los nacionalistas les parece un retroceso, creo que se creó un medio idóneo para que el legislador aprenda a hacer su trabajo y se convierta en un servidor público de carrera, además que el dialogo parlamentario debe de estar a la altura de las necesidades del México que todos queremos.
No me queda nada más que afirmar que en ambos casos se da un paso adelante en la construcción de una democracia creciente y moderna, donde el ciudadano puede participar y debería de empezar a ver como una obligación el ser partícipe de la vida política del país.
¡Les deseo un muy feliz y exitoso año nuevo!
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Twitter: @ChemaLeonLara