Con una dilatada trayectoria como fotógrafa profesional, a pesar de su imagen jovial, casi infantil, Anel Santoyo ha logrado posicionarse en el gusto personal de las mas grandes figuras del toreo internacional en los ocho años que lleva adentrada de lleno en este ámbito, su sueño desde niña y del que su padre le advirtió sería difícil, machista y quizá temerario.
Pero a Anel ya le habían inculcado el gusto por la tauromaquia, y solo tuvo que combinarlo con su talento personal, de tal forma que con una década de experiencia en la profesión buscó toreros, los convenció, los retrató y entonces llegó el reconocimiento a sus dotes y fortaleza.
Fue la única fotógrafa que captó imágenes cuando José Tomás reapareció hace dos años en la Monumental de Aguascalientes, luego de un lustro de haber sido cornado en ese coso, y la llamó el propio matador, así que en el callejón solo estaba ella y una persona de la empresaTelevisa como mexicanos, otros tres de prensa extranjera y nadie más con una cámara en mano, “ese es todo un logro, algo estoy haciendo bien”, reconoce.
Es una fotógrafa taurina que aprecia el detalle, le caracteriza la toma de elementos como los hilos, el bordado, la textura de la arena y los colores del traje; captura la lidia desde la banderilla, hasta el traje de luces y, respetuosa, evita en el color, la sangre que ofende a quienes no gustan de la fiesta brava.
Anel relata que retratar en la intimidad a los toreros al momento de vestirse, le significa una serie de emociones incomparables a cualquier otro evento, pues hay sensaciones en el ambiente, en el olor del puro que se enciende y el aroma del tinto que se bebe, en los acordes del flamenco que acompaña la sesión y el reflejo artístico del torero una vez ataviado. “Es totalmente diferente a retratar una novia, y vaya que me encanta”.
El mayor reto de Anel es su presencia en el callejón, donde los toreros la quieren pero los empresarios no. Lograr su lugar en un corredor del que la han sacado a pesar de llevar el respaldo de las figuras que le piden sus fotografías, es todo un reto, es luchar por trabajar, asegura.
“Como cuando me sacaron del callejón en la Monumental de Aguascalientes, a pesar de llevar el gafete que me daba derecho a ello y no como prensa, sino como fotógrafa del Juli, y con todo y mi equipo me llevaron a la calle diciéndome que los toreros no mandaban ahí. Fue triste”.
Como experiencia más intensa recuerda la primera vez que tomo fotografía taurina, en una corrida con Fernando Ochoa, su padrino. En algún momento dudó sobre si sabría hacerlo pues aunque llevaba en mente la imagen que quería lograr, era la primera vez.
Después vino la conquista del gusto de los matadores, de los conocedores de la fiesta, de la afición que adquiere sus obras para exhibirlas en sus casas; la felicidad del sueño perseguido y logrado a pesar de caídas y del eventual miedo que genera pensar que un toro brinque al callejón frente a la duda de si logrará por su parte brincar al ruedo para evadirlo.