En alguna de las cápsulas anteriores, les he mencionado lo que hay que tener en cuenta al salir de viaje, el como debe uno ser precavido para evitar todo contratiempo y posible contrariedad. Pues “más pronto cae un hablador que un cojo”, desgraciadamente todos somos falibles y algún detalle puede escaparse en los planes de viaje, como nos pasó a mi marido y a mí recientemente.

Resulta que tuvimos la fortuna de hacer un viaje por el viejo mundo y como queríamos visitar varios países, tomamos la resolución de rentar un coche y desde aquí organizamos y prepagamos todo. Pues nada, les cuento que llegando al aeropuerto de Viena, después de mucho buscar, dimos con la compañía en donde habíamos reservado el coche para nuestro viaje. ¡Oh sorpresa! Resulta que no nos lo querían dar, porque la licencia de manejo de Aguascalientes, al menos las del 2008, no tienen la clasificación internacional que consiste en unas letras de “A”, “B” y “C”, según el tipo de licencia. En Austria, es obligatorio contar con licencia internacional si se es extranjero. Bueno, en realidad, teóricamente, en todo el mundo, ahora lo sé.

Para no hacerles el cuento muy largo, en pocas palabras nos dijeron que si queríamos el coche, debíamos ir al centro de la ciudad a un lugar que es como un “Club de Automovilistas”, en donde nos podrían emitir una licencia internacional. ¡Uf! Pues a la ciudad nos fuimos, solo para descubrir que no podían emitirla porque ellos no sabían a qué tipo de licencia internacional equivaldría nuestra clasificación de “Chofer” o de “Automovilista”. Hablaron a un montón de lugares buscando ayuda y pues nada. Llega muy amablemente el encargado del lugar al mostrador, para decirnos que si alguna autoridad mexicana no corroboraba a través de una carta escrita en alemán que “Chofer” o “Automovilista” era válido para poder manejar un automóvil, pues no podían hacer nada por nosotros.

¿Y ahora qué?, dijimos… ¡Pues a la embajada mexicana! Solamente teníamos 45 minutos para ir a la embajada, pedir la carta y regresar al famoso Club de Automovilistas, ya que en 45 minutos lo cerrarían. Un perdido a todas va, así que… ¡A correr! Llegamos como pudimos a la embajada, gracias a Dios había alguien que nos atendió y que después de unos momentos de convencimiento, aceptó elaborarnos una carta con el sello de la embajada. Ella quería enviar la documentación a México, pedir autorización y después hacer todo, proceso que llevaría al menos 5 días… ¡No teníamos 5 días!

Gracias a Dios, ante los asombrados ojos de los dependientes austriacos, llegamos al Club de Automovilistas 10 minutos antes de que cerraran y con la carta hecha y sellada por la embajada mexicana. Pudimos obtener el coche.

Le quité una pluma más a mi penacho de ignorancia.

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