Jesús Eduardo Martín Jáuregui

“Panem et circenses”

Fue el poeta romano Juvenal (circa 100 d.C.) quien acuñá la frase, que luego de algunos siglos de olvido, alguien rescató del volumen X de sus Sátiras, y desde la edad media se ha utilizado de forma peyorativa para describir la práctica de un gobierno que, disimula u oculta hechos controvertidos, proveyendo a la gente de alimento y entretenimiento de baja calidad y con criterios populistas. Juvenal escribió el volumen X a la muerte del emperador Domiciano, hermano de Tito. Mientras Tito fue apreciado por su pueblo, Domiciano ensangrentó Roma comportándose como un dictador. A su muerte en 96 se sucedieron cambios legales y la disputa por el poder, entre el Senado y los emperadores siguientes. Para criticar la apatía de la gente de Roma, Juvenal usa la expresión «pan y juegos» para denunciar el inmovilismo de los ciudadanos de Roma ante las intrigas  y maniobras que utilizan para controlar a la población. La idea es que mientras las personas coman y se diviertan, los poderosos pueden hacer lo que quieran.

Los gobiernos populistas, y en eso, el PRI se especializó, y para mal, gobiernos panistas hicieron y siguen haciendo lo mismo, se ocuparon de atender mas los aspectos banales de una aparente atención a los problemas generales, en tanto permitieron que la corrupción creciera desaforadamente, que las raterías de muchos políticos les enriqueciera de manera escandalosa, que las decisiones, recomendaciones y votos se sujetaran a tabulador, y en los congresos, en no pocas ocasiones, los votos se ofrecían o se entregaban al mejor postor. Quizás algunas de las más grandes pilladas se dieron durante el gobierno del “innombrable” (así le llamaba AMLO a Carlos Salinas de Gortari) que, curiosamente sigue siendo innombrable, el pleito retrospectivo se ha centrado en Calderón y Fox, y menos en Peña Nieto, aunque sin ninguna acción concreta contra ellos, en tanto, que, a muchos de las segundas y terceras filas que no se arrepintieron a tiempo han sido perseguidos, hostigados y algunos encarcelados. Pero, en cambio, (de los arrepentidos se vale Dios), abogados muy conocidos que, no han aprendido ni siquiera lo que es un concubinato, gozan de cabal salud “política” y de la protección del régimen, a través de una de las dos partes de los inciensadores Ackerman-Sandoval.

Para muestra bastan dos botones del innombrable: la primera la desaparición del ahorro de los mexicanos de veinte años, que se esfumó con el ardid de la casa de bolsa, que de manera irracional subió sus regalías que despertó, con razón, los apetitos de los avariciosos y el interés de muchos pequeños ahorradores por mejorar sus exiguos ingresos. La burbuja, los mas avezados lo sabían pero apostaban a salirse a tiempo, estalló y desapareció (es un decir, en realidad pasó a otras manos), dejando a muchísimas personas sin su pequeño patrimonio y a muchísimos inversores con un palmo de narices. El otro gran pillaje fue, modificar la ley Agraria para permitir que los ejidatarios pudieran convertirse en propietarios de lo que antes solo usufructuaban, y exentar de impuestos la primera venta de un bien ejidal. Ello propició un grave perjuicio al fisco, la acumulación de terrenos en promotores inmobiliarios y que los ejidatarios al cabo de unos pocos meses se quedaran sin Juan y sin las gallinas. Ese crimen sigue y a lo que se ve, seguirá sin castigo.

La esperanza al votar por la alternancia encarnada en AMLO y su movimiento Morena, se encarnó en un político agradable, dicharachero, con aspecto bonachón, que fue la transformación externa de aquel líder que bloqueaba caminos y cegaba pozos petroleros. Prometió el oro y el moro y como el prometer no empobrece, se fue largo, larguísimo con todas las propuestas y compromisos que realizó durante su campaña. Si bien se dice que la Fortuna ayuda a los audaces, la realidad suele ser terca y poco participativa con quien la desconoce, no la toma en cuenta o piensa, simple… simplonamente, que basta una voluntad para transformarla. No obstante que la distancia entre las promesas y compromisos y la realidad es abismal, la aprobación a AMLO anda en el orden del 70% lo que objetivamente resulta inexplicable.

La explicación, que sin duda la hay, tendría que intentar ser razonable y objetiva. El presidente lleva gobernando poco más de 18 meses, aún antes de tomar posesión ya había dictado medidas que se habían llevado a cabo en el ánimo de cumplir, supongo, un pacto celebrado con el presidente saliente. En un año los resultados han sido magros, paupérrimos. Los principales indicadores económicos, de seguridad, de salud, de inversión, de educación, de libertad de prensa, de autonomía de los otros poderes, de relaciones internacionales, muestran según se dice, en términos reales, condiciones inferiores a las del fin del sexenio de Peña Nieto. Los únicos indicadores que podrían justificar un muy cauteloso optimismo es que el tipo de cambio peso-dólar se ha mantenido relativamente estable y el otro es el índice de aprobación, que ya lo quisieran para un domingo la mayoría de los líderes mundiales.

¿Qué es lo que queda? Quedan las medidas populistas y queda la esperanza. ¡Ah! Y por supuesto, el no dar el brazo a torcer, no reconocer que se votó por una ilusión y que la ilusión se encuentra muy lejos de la realidad. En un país en que más de la mitad de su población se encuentra en pobreza extrema, la limosna para los adultos mayores y el chantajito para los jóvenes sin futuro, serían insuficientes para sostener un gobierno a no ser que confluyan otras acciones que han sido instrumentadas muy bien.

La semana pasada en una visita a una población del estado de Hidalgo, AMLO se disfrazó de rosca de reyes con dos panes en la cabeza, un collar de flores y panes, un bastón y una especie de cetro igualmente adornados. La imagen es verdaderamente ridícula, más aún que otras en las que se ha disfrazado de chile relleno, de corona de muerto o simplemente de búcaro. Sin embargo una prensa bien cuidada la minimizó. Aún en internet me costó localizarla, pero si algún lector le suscita interés aquí está el enlace https://www.facebook.com/bullidero/.

Un personaje con cierto carisma, una comunicación social bien manejada y migajas adecuadamente repartidas son la fórmula para un gobierno populista que a tumbos llega a su segundo año.

¿No será el populismo una de las peores caras de la corrupción?

 

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