Durante los años 80, del siglo pasado, Gilberto Guevara Niebla, después de un estudio exhaustivo que realizó en el ámbito educativo, llega a la conclusión de que “México es un país de reprobados”. Don Pablo Latapí (q.e.p.d.), por su parte también concluye: “si en este momento desaparecieran las escuelas, no pasaría nada”. Ambas conclusiones son duras y preocupantes en extremo, pero más preocupante es aún el hecho de que 30 años después de estos señalamientos, los resultados en la educación básica, no han cambiado mucho: las evaluaciones y la vida real demuestran que persisten serios estancamientos.

Es verdad que se han hecho esfuerzos por incrementar recursos presupuestales a la educación, se han creado más programas para fortalecer al Sistema Educativo y se han ofrecido cursos de actualización al magisterio; sin embargo, estos esfuerzos no han sido suficientes para elevar la calidad de la educación de conformidad con las necesidades y las aspiraciones sociales; infiriéndose que serios obstáculos impiden los avances requeridos, los cuales deben ser detectados, analizados y puestos en la mesa de las discusiones para encontrarles soluciones y poder avanzar.

Desde luego, se entiende que tanto la organización como el funcionamiento del Sistema Educativo son complejos y complicados; pero por más complejos y complicados que éstos sean, siempre habrá posibilidades de intervenir en su mejora, la cuestión es querer; y si hay afán de ir en pos de la mejora, como punto de partida, y condición necesaria, se requiere honestidad para reconocer y aceptar que hay problemas en la educación que se imparte, toda vez que no responde con propiedad, ni a todas las necesidades, ni a todas las expectativas de las personas y de la sociedad en su conjunto. Una vez identificados los problemas que frenan los avances, habrá que buscar y encontrar las causas o los factores que los generan, con miras de atenderlos con medidas remediales y preventivas; y para ello, habrá que plantearse propósitos, metas y acciones, pero con altas expectativas, y ser perseverantes en lo que se emprenda hasta lograr lo que se anhela. Este esquema de superación es válido y viable, con sus respectivas adecuaciones, lo mismo para un maestro frente a grupo que para un director de escuela, para un supervisor de zona y para la más alta autoridad educativa.

No se niega que, casi en todos los ámbitos de competencia, se diseñan proyectos, pero más bien se hacen con objeto de cumplir con los trámites administrativos, sin otra expectativa que simplemente acatar una obligación mal entendida; y lo que se hace por obligación y con fines administrativos, el destino de estos documentos es la gaveta, donde permanecen intocados, mientras los procesos educativos se cubren con rutinas, simulaciones y autocomplacencias, desde la más modesta posición hasta la jerarquía más encumbrada. Vicios y prácticas recurrentes que, entre otros factores, han llevado al Sistema Educativo a los resultados que Gilberto Guevara Niebla y Pablo Latapí dejaron al descubierto en sus respectivas investigaciones. No es justo que anualmente se gasten miles de millones de pesos del erario público para la educación, que miles de escuelas operen con una serie de programas y que más de un millón de docentes laboren en éstas, para que los avances educativos, a cambio, sean tan mediocres. Se necesita un sacudimiento de conciencia de todos, principalmente, de todos los que están involucrados en el sector educativo, para empezar a revertir el orden de las cosas a partir de este año 2015: el maestro de grupo, el director de escuela, el supervisor de zona, la autoridad educativa y el padre de familia, deben tener altas expectativas en los aprendizajes de todos los alumnos y ser perseverantes, cada uno en su respectivo campo de responsabilidad, hasta alcanzar los propósitos y las metas que establezcan conscientemente. El estado que guarda la educación básica requiere esta actitud mental y el más alto grado de compromiso con los que merecen un servicio de calidad.

Un investigador europeo comentaba a un grupo de educadores de América Latina: “Ustedes, los latinos, son muy buenos para diseñar proyectos pero muy malos para operarlos; por eso los avances, en materia educativa, son muy limitados”. No deben echarse en saco roto las puntualizaciones que los investigadores nacionales y extranjeros hacen en relación con el quehacer educativo; se requiere reaccionar y actuar con ética profesional para superar los estancamientos; y, a partir de 2015, se deben aprovechar las oportunidades para que todos los actores de la educación elaboren planes o proyectos de mejora con altas expectativas y con la firme intención de ponerlos en marcha, de manera perseverante, con el fin de lograr buenos resultados, para bien de los niños, de los adolescentes y de los jóvenes, de Aguascalientes. ¡Que no sean únicamente buenos deseos!

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