Por J. Jesús López García

Los edificios para el almacenamiento de diversos productos es una arquitectura eminentemente utilitaria, sin embargo, ello no le despoja de atributos de significación interesantes y que además despliegan un proceso técnico que repercute en otros géneros arquitectónicos de mayor resonancia administrativa.

En nuestra región, los viejos silos cercanos a la ciudad de Zacatecas son una referencia de la llegada a esa capital; en el municipio de El Llano, es conocida la localidad de Los Conos, denominada de esa manera por tener varias de esas estructuras que dan una característica especial al paisaje.

Es probable que la primera construcción formal española en territorio mexicano haya sido alguna atarazana donde se modificaron las embarcaciones hispanas con las que se atacó, vía fluvial, la ciudad de Tenochtitlan. Ese complejo militar especializado en la reparación y reconstrucción de barcos debió poseer varios almacenes. Otro reconocido almacén es la alhóndiga de Granaditas en la ciudad de Guanajuato, emblema del bautizo de fuego que recibió el ejército insurgente en su lucha de una década para lograr la independencia de nuestra nación.

Silos, alhóndigas y demás almacenes poseen por la naturaleza de su función, grandes dimensiones que demandan por tanto estructuras importantes con una repercusión directa en la imagen de los núcleos de población, con un peso visual en algunos casos similar al de otros edificios de índole simbólica tal como palacios y templos. En ocasiones, la construcción de estos géneros ha echado mano de formas y sistemas constructivos dedicados a la función del almacenamiento: las cubiertas parabólicas de las capillas Mayor y del obispo en el seminario diocesano de nuestra ciudad, lo mismo que la iglesia de San Francisco de Asís en Belo Horizonte, Brasil, y tantos templos del siglo pasado realizados bajo esa misma forma estructural, son reflejo de los paraboloides desarrollados para hangares. De la solución técnica y pragmática para edificar arquitectura utilitaria, provienen después soluciones más sofisticadas para llevar a cabo grandes edificios cuya finalidad última es significar. Lo anterior muy apartado de su nacimiento práctico.

Por otra parte, los inmuebles dedicados al almacenamiento, son testimonio del tipo y nivel de producción de un lugar, de su bonanza o de sus problemas económicos que de una u otra manera inciden en su devenir social; en Aguascalientes, a lo largo de la vía del ferrocarril se dispusieron -como aún sucede- diversos espacios dedicados a esa tarea de resguardo. Bodegas de distintos tamaños y diferentes formas fueron ubicándose desde el norte del estado hasta el sur: almacenes de cemento para la construcción de la Presa Plutarco Elías Calles en Pabellón de Arteaga, almacenes en Chicalote y en diferentes puntos de la ciudad en esa trayectoria ferrocarrilera, «narran» la historia de Aguascalientes desde su perspectiva productiva.

A lo largo de las vías del ferrocarril, antes de cruzar el primer anillo de circunvalación en su parte sur, se pueden apreciar las estructuras de las bodegas de concreto con bóvedas de cañón corrido. Son estructuras que conforman el acervo de la arquitectura industrial que proviene en nuestra entidad desde fines del siglo XIX haciendo uso de materiales, técnicas y formas diferentes. En este caso, esas edificaciones provenientes de los años cincuenta y sesenta no presentan el refinamiento de los dientes de sierra de otras construcciones contemporáneas, pero su configuración y su vista son aún hoy en desuso, una referencia en esa parte de la ciudad.

Esas edificaciones son objetos referenciales y en buena proporción, su estado de conservación es relativamente bueno. Muchos edificios de almacenamiento fueron destinados en ciudades norteamericanas a la vivienda, una vez que su actividad empezó a abandonar los centros de esas ciudades para irse a la periferia, de ahí surgieron los lofts. Actualmente podemos ver las naves vacías de la periferia ya rebasada por una huella urbana en expansión. De la misma manera en que los almacenes se transformaron en lofts en las ciudades estadounidenses, actualmente las bodegas en emplazamientos suburbanos pueden ser transformados en otros tipos de edificios, que a diferencia de los usos particulares en que se emplearon en los centros de ciudad, pueden ser revividos con actividades dedicadas a las nuevas comunidades suburbanas.

Así como la vieja alhóndiga de Guanajuato que inicialmente fue almacén se convirtió en un símbolo de la lucha por la construcción de un país soberano, las construcciones de este tipo, simples como son, pueden regresar a la vida bajo la visión urbana de un punto de cohesión y convivencia social. De una utilidad agotada, su nueva vida puede relacionarse con una nueva significación.

Un diario local publicó en 1956 que “…en terrenos cercanos al Seminario quedarán instaladas las tres bodegas que levantará… Almacenes Nacionales de Depósito. Las bodegas tienen una capacidad total de quince mil toneladas, en tres locales de cinco mil… Se calcula que tendrán un costo de un millón doscientos mil pesos. El constructor y contratista de la obra Ing. Gustavo Talamantes Ponce, informó que más de un centenar de hombres se encuentran trabajando en las obras en cuestión”. Indudablemente son dignas de conocer, antes de que las destruyan.

 

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