Jesús Eduardo Martín Jáuregui

Vintery, mintery, cutery, corn,
Apple seed and apple thorn,
Wire, briar, limber lock
Three geese in a flock
One flew East
One flew West
And one flew over the cuckoo’s nest

Revisando expedientes ya archivados me encuentro uno que suscita nuevamente mi interés. La queja de una persona que denuncia la desaparición de su amigo y la probable privación de su libertad por parte de su familia. La anécdota puede enriquecerse: envidias, celos, una herencia indivisa, cuñadas, cuñados, peritos comprados, criterios vendidos, funcionarios venales, investigadores ineptos. Más aún la persona aparece internada en una especie de “anexo”, sedada, disminuida por la ingestión de sustancias que con el pretexto de mantenerla tranquila le suministran, aparentemente con la complacencia de algún familiar, con el desinterés de otros y con la complicidad de algún facultativo. Evoco aquella película que en México se exhibió con el título de “Atrapado sin salida” del entonces yugoslavo Milos Forman, sí, por supuesto, el de “Amores de una rubia”, que ahora no se si sería servio, croata, montenegrino, o vaya a usted a saber que. El nombre de la novela en la que se inspiró la película es el que da título a este articulejo.
El actor, escogido o impuesto a Milos Forman, fue Jack Nicholson que, salvo la docta opinión de Don Gus de Alba, a quien por esta vez preferí no consultar, sólo ha desempeñado dos papeles en toda su ya larga vida como actor: el de James P. Hoffa en la película “Hoffa” dirigida por Danny de Vito, y el de Jack Nicholson que ha protagonizado siempre en todas, que ha sido sólo una, caracterizaciones. En “El vuelo…” justamente se da vuelo, porque representa a un pillo que para librarse de la “justicia” se hace pasar por loco y logra ser internado en un manicomio, en donde descubre para su mal, que no fue una liberación sino que ingresó a un auténtico infierno, atrapado en el dilema: si hace patente su normalidad será procesado por al menos cinco agresiones que cometió, si no, quedará prisionero con compañeros que padecen todo tipo de “enfermedades” mentales y padecerá el rigor y los despiadados tratos de sus custodios que se refocilan en hacer víctimas a los internos de sus frustraciones, represiones y neurosis. Desesperado organiza una rebelión frustrada, intenta al menos lograr algunas prestaciones simples como ver el beisbol en la sala de televisión y finalmente luego de varias intentonas de escapatoria, confirmada su condición de enfermo mental incurable y violento es sometido a una lobotomía que lo reduce a una condición vegetativa. La película obtuvo cinco “Oscares” lo cual podría no decir mucho para los cinéfilos pero logró también seis “Globos de oro”, incluyendo en uno y otro caso el de mejor actor para Jack Nicholson en su interpretación de Jack Nicholson, alias Randle Patrick “Mac” McMurphy.
Desde luego la película es una denuncia para el sistema que imperaba, quizás todavía permanezca en muchas partes, de maltrato, discriminación, segregación y condena al olvido de las personas que sufren algún trastorno mental. Un auténtico ostracismo, el destierro, la infamia, la pérdida de la memoria, la impiedad.
En Aguascalientes funcionaba hasta hace algunos años el Centro Neuropsiquiátrico en donde se atendían en consulta externa algunos padecimientos, pero también permanecían internadas aparentemente bajo supervisión profesional, quienes requerían alguna temporada de reclusión para su alivio. Mi amigo Orlando Don Blazer, panameño, por cierto de los primeros médicos graduados en la UAA, luego de permanecer una temporada en su país de origen y de haber estudiado la especialidad en Psiquiatría, regresó a Aguascalientes y fue designado director del Centro Neuropsiquiátrico. No pocas veces tuvo la confianza de platicarme sus preocupaciones ante las limitadas partidas presupuestales. Siempre existen asuntos más importantes que atender. Siempre hay más renglones prioritarios antes que la salud, pero especialmente antes que la salud mental, porque quienes lo sufren no suelen estar en condiciones de protestar, o se encuentran “atrapados sin salida”. La grave situación del Centro hizo crisis cuando, durante la hora del almuerzo de los custodios, unos internos convirtieron en tea humana, a una pobre mujer catatónica que se convirtió en víctima mortal de la incuria, el desinterés, el desapego, la irresponsabilidad y la falta de apoyo del estado que margina a estos enfermos. La solución del gobierno fue un ejemplo de lo que no debiera hacerse. El Centro se convirtió solamente en Hospital y por lo tanto sólo en los casos que por su gravedad o urgencia ameriten la reclusión temporal para cuidados hospitalarios, no puede admitir pacientes que requieran reclusión por temporadas para la atención de sus dolencias.
Como el gobierno no ofrece alternativas para la atención de personas que requieran internamiento, o bien alternativas para su atención por horas, en tanto que los familiares puedan ganarse el sustento y el de la persona que de él dependa, y no solamente el caso de personas que sufran alguna afección mental, lo mismo puede decirse de enfermos alcohólicos, de adictos en búsqueda de recuperación, de adultos mayores, y aún de enfermos terminales, la necesidad ha propiciado el surgimiento de establecimientos que se conocen con el nombre coloquial de “anexos” que, probablemente se originó por haberse creado adjuntos a algún grupo de autoayuda, que requería el internamiento para ayudarlo a superar las crisis postetílicas principalmente, y los consecuentes malestares del síndrome de abstinencia. Seguramente con la mejor voluntad, pero en la mayoría de los casos sin la preparación profesional, la capacitación para el manejo de crisis, y la orientación psicológica. Los familiares no pueden ser culpados, a veces no tienen mas opción que la de internar al “enfermo” en un “anexo”. Algunos de estos se han convertido en auténticos “cuckoo’s nest”, en donde los internos son sometidos a las mas diversas “terapias” derivadas de la “experiencia” de los responsables. Terapias de choque que van desde golpear a quienes son internados por hacer objeto de violencia a su familia, someterlos a ayunos forzados, permanecer atados, realizar el aseo de las letrinas, etc., hasta el extremo de participar en jornadas de orientación, de penitencia, de purificación, todo sin la supervisión y vigilancia que requerían estos centros.
El estado es incapaz de ofrecer estos servicios que, son una necesidad para la vida moderna, en la que el “stress”, la frustración, la inequidad y la injusticia, provoca cada vez mas alteraciones psíquicas, pero también carece de la infraestructura suficiente para supervisar los “anexos” que cubren malamente esa necesidad social.
Entretanto ¿cuántos atrapados sin salida estarán internados en esos “anexos”?.
[email protected] @jemartinj bullidero.blogspot.com

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