Por J. Jesús López García

La vivienda es un tipo de construcción que da cuenta de más del 60% de lo edificado en una ciudad -esto si tomamos lo edificado como la constitución de edificios, pues las redes de infraestructura, que también son construcción, sin ser edificio es lo que más abunda-. La vivienda se muestra en muchas modalidades y representa la unidad arquitectónica básica si bien, las casas contemporáneas pueden ir de lo más modesto hasta lo más sofisticado.

Consideramos que es lo más básico no tanto por su tipología constructiva -cuatro paredes y un techo pueden servir bien a un local comercial, sin embargo la casa requiere espacios más especializados como la cocina o el baño-, sino por representar para cualquier  humano el edificio más íntimo, capaz de brindar cobijo, resguardo y protección contra el exterior y a la vez, de establecerse como un catalizador para sus ocupantes, de encontrar su sitio dentro de la comunidad, ahora confundida ésta con la aglomeración urbana actual.

De los vestigios arquitectónicos más antiguos, incluso más que los menhires y dólmenes del norte y el occidente europeo, son los correspondientes a casas neolíticas. Desde las ruinas de ÇatalHüyüken Turquía a otros asentamientos neolíticos, las casas fueron los primeros objetos fundacionales de las ciudades ancestrales. El templo dedicado a Júpiter Óptimo Máximo en el siglo V antes de nuestra era, contó en verdad, con asentamientos de pastores y agricultores que llegaron desde los Balcanes al valle del Lacio en donde se asentaron siglos atrás. Es obvio que las casas eran previas a la gran ciudad y que aquellas de alguna manera fueron las originales construcciones del sitio. La ciudad de Roma ya consolidada durante la República y el Imperio después, contaba con barrios de todos tipos y etnias donde las casas plebeyas contrastaban con las de los patricios de atrio y patio a manera de «impluvium».

Lo anterior ha sido más o menos la tónica de la constitución de la vivienda desde entonces. Los sectores más adinerados en sitios más amplios con residencias más desahogadas en espacio. Las dimensiones reducidas y la convivencia más directa con el vecino, para los demás. Más ello también es trastocado dependiendo del país: un pequeño piso en un edificio de gran altura en Manhattan, París o ciertos puntos de la ciudad de México, son con mucho más caros que una casa unifamiliar independiente inscrita en el llamado interés social.

En nuestra ciudad acaliteña, desde su fundación hemos contado con un desarrollo de las viviendas  de un solo nivel, pocas son aquellas que cuentan con dos o más pisos. Hoy en día se ha optado fuertemente por el crecimiento horizontal de los fraccionamientos habitacionales, extendiendo con ello la huella urbana y generando una polarización nada sana de la localidad, eso a resultas del relativo precio bajo del suelo, situación que como ya empieza a notarse, está pasando a la historia.

Los edificios habitacionales en varios pisos habían sido supeditados las últimas tres décadas al interés social, salvo algunas torres de nivel alto que además de ser excepción, comenzaron por su cuenta a abrir un mercado, y sobre todo, una percepción diferente a la reinante. Pero más que esos ejemplares enclaustrados en cotos cerrados, podemos voltear a ver modelos como el edificio de apartamentos ubicado en la avenida Madero No. 424, llevado a cabo posiblemente en la década de los 60 que sin ser propiamente una propuesta vertical ofrece además de apartamentos con superficie generosa, un contacto con la calle, no sólo por estar alineado a ella y poseer balcones, sino también por los servicios y comercio ubicados en la planta del acceso y la sencillez con que los habitantes del conjunto emplean para acceder o salir de él. Más que «amenidades» ofrecidas de manera exclusiva a los inquilinos, su ubicación hace que los mismos se integren al centro de la ciudad, con sus jardines, plazas, museos, iglesias, comercio, servicios y sus eventos periódicos. Este tipo de edificio aporta mucho a la necesaria re–densificación de la ciudad y genera una convivencia mucho más sana entre los ámbitos de lo doméstico y privado, con el de la ciudad. Por otra parte, una arquitectura sobria y sin tantos accesorios, resulta agradable en este caso, por la misma magnitud de la masa edificada que propicia una percepción urbana más rica, que la simple repetición de casas en hilera.

La arquitectura habitacional tarde o temprano volverá su mirada hacia la vivienda vertical, óptima para abatir el costo en inversión de terrenos cada vez más caros, propiciando una convivencia vecinal más funcional y potenciando el aprecio por lo que muchas partes de nuestra ciudad pueden aportar, pero hay que tener en cuenta que en Aguascalientes se han levantado conjuntos habitacionales de interés social de tres y cuatro niveles, que ha decir de múltiples habitadores, éstos no han funcionado y por el contrario han propiciado un sin fin de problemas en los que ahí viven. ¿Qué sucederá cuando la extensión de la ciudad sea poco  funcional y práctica?