La idea: Existe una ola de gobiernos fascistas elegidos democráticamente. El fascismo entendido no como una ideología, sino como un método político para implantar regímenes autoritarios de izquierda o de derecha, cuyos líderes lo que pretenden es perpetuarse en el poder. El mundo debe estar alerta para evitar que haya más de estos regímenes.

En su más reciente libro, “Fascismo. Una advertencia”, Madeleine Albright hace un recuento histórico de los gobiernos fascistas y pasa a analizar a los actuales gobiernos del mundo que han seguido el camino inaugurado por Mussolini en Italia en los años veinte del siglo pasado, terminando su recuento con Trump.

A continuación, cito algunos de los aspectos más importantes que identifica la autora en su libro.

Inicia con una descripción del régimen de Mussolini:

Logró el apoyo inicial de las masas ofreciendo trabajos, apoyando a ancianos y discapacitados, creando infraestructura y tratando de mejorar el gobierno.

Llevó a cabo una campaña para “drenar el pantano” de la burocracia (palabras que usa Trump) despidiendo a más de 35,000 servidores públicos y castigando al resto. Lo hizo aprovechando el disgusto popular por lo que se percibía como un mal gobierno.

En contraposición a la lucha de clases, buscó unir a trabajadores y empresarios, creando un Estado corporativo bajo su dirección, que resultó ineficaz.

Trató de  hacer de Italia un país autosuficiente, sin éxito.

Llegó a decir que “A veces me gustaría estar equivocado, pero hasta ahora no ha ocurrido”.

Consolidó su poder aboliendo a todos los partidos, eliminó la libertad de prensa, neutralizó al movimiento obrero y nombró autoridades municipales.

Se unió a Hitler en la Segunda Guerra Mundial, fue derrotado y acabó asesinado por sus enemigos.

Hitler retomó muchos de los conceptos de Mussolini, a quien admiraba, para destruir la democracia en Alemania sin perder el apoyo de las masas. La autora también lo describe:

Hitler decía que la mayoría de las personas deseaban fervientemente tener fe en algo y que no estaban equipados intelectualmente para determinar sobre qué. Por lo tanto, lo mejor era reducir los problemas a términos que eran fáciles de entender, haciéndoles creer que detrás de todos sus problemas había un grupo de personas que los ocasionaban: los judíos.

Entendió que sus compatriotas querían  a un hombre que expresara su enojo, entendiera sus miedos y los supo manipular a través de la propaganda, logrando su apoyo irrestricto.

Hitler terminó derrotado y suicidándose, después de ocasionar el holocausto, decenas de millones de muertos por la guerra y destruyendo a su país.

Albright hace mención de personajes fascistas tales como Franco (España), Stalin (URSS), el Sen. McCarthy (E.U.A.), Perón (Argentina), el Gral. Velasco (Perú), y más recientes, como  Milosevic (Serbia), Duterte (Filipinas), Chávez (Venezuela), Erdogan (Turquía), Orbán (Hungría), Putin (Rusia), Kaczynski (Polonia), Kim Il-sung y Kim Jong-un (Corea del Norte) y  Trump (E.U.A.).

La autora describe lo que  el primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, ha bautizado como democracia iliberal, quien dice haberla copiado de los regímenes de Putin y de Erdogan. Para él, una democracia iliberal está centrada en las supuestas necesidades de la comunidad, en lugar de los derechos inalienables de los individuos. Es democrática porque respeta la voluntad de las mayorías: es iliberal porque no atiende a las minorías.

Orbán usa la consulta popular para diseminar y validar falsedades. Hace consultas basadas en mentiras de tal forma que la mentira entra al debate nacional. Esto lo hace tomando el ejemplo de los nazis quienes la perfeccionaron, para darle visos de legalidad al régimen de Hitler.

Albright cita a Primo Lévi, escritor sobreviviente del holocausto, que decía que cada época tiene su fascismo y que el punto crítico puede ser alcanzado “no sólo a través de la intimidación de los policías, sino negando y distorsionando información, debilitando el sistema de justicia, paralizando el sistema educativo y diseminando una sutil nostalgia por un pasado donde existía orden”.

Albright dice que el fascismo empieza con personajes como Mussolini o Hitler quienes en sus inicios eran irrelevantes y quienes van construyendo al fascismo con pequeños pasos sucesivos, de tal manera que el tránsito al fascismo es sutil y las personas no se dan cuenta hasta que es demasiado tarde.

Los fascistas suelen llegar al poder democráticamente y luego se dedican a debilitar a los poderes que les hacen contrapeso, como el Congreso, el Poder Judicial, los partidos de oposición y la prensa independiente.

Según Albright, no es la ideología la que define al fascismo, sino las prácticas autoritarias para destruir a la democracia, implantar creencias de carácter discriminatorio hacia las minorías, polarizar a las sociedades entre buenos y malos y quitando libertades a los opositores, hasta destruirlos.

La advertencia del libro de Albright va dirigida a los riesgos que plantea el gobierno de Trump y es un llamado para que Estados Unidos no caiga en el fascismo. Es oportuno también para que el resto del mundo no caiga en la trampa de elegir gobernantes fascistas. https://octaviodiazgl.blogspot.com

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