Saúl Alejandro Flores

A modo de concluir, estimados lectores, con el análisis al apartado del Plan Nacional de Desarrollo en su vínculo que se relaciona con el agua, del cual transcribí en esta columna en entregas anteriores los puntos y segmentos que inciden en el sector, así como de algunos breves comentarios, paso a precisar la importancia del PND en el sector agua, que del mismo modo tendrá relevancia en el diseño del Programa Nacional Hídrico y de todos los programas sectoriales y especiales, siendo que algunos de ellos se relacionaran estrechamente con el agua, dado el carácter transversal del vital líquido.

En reiteradas ocasiones he mencionado que los planes y programas son instrumentos de planeación valiosos, y no publicaciones para tener o llenar el hueco en los libreros de las oficinas, lamentablemente es un severo problema que aún se arrastra en un porcentaje considerable de la administración pública mexicana con cuadros burocráticos con escasa experiencia en el sector en donde se desempeñan, hacen carrera pero donde los ubique el líder político, no se especializan, sólo cubren posiciones del grupo político al que pertenece, la tradicional práctica de cotos de poder, la cual no ha sido erradicada, ni lo será en la actual administración pública federal, más aún cuando despidió a personal que ingreso a través del servicio civil de carrera.

Así que el PND tendrá una relevancia para algunos en el apartado estéril e inútil que satura de ideología y no de un diseño de metas, objetivos, estrategias y acciones. Esto lo he mencionado en las entregas anteriores, la semana pasada les mostré algunas de las estrategias que son sensatas pero son incompletas, hago la precisión que en ningún momento he dicho que son erróneas, son incompletas, alguien puede decirme que para eso estará el Programa Nacional Hídrico, cierto ahí se detallarán punto por punto pero la visión general que debe comprender el plan, retoma parcialmente lo que ha sido problema, es decir los problemas del pasado que por supuesto no se han solucionado y demandan atención, pero al hablar de un instrumento de planeación, implica por el hecho de planear en un instrumento de futuro y la problemática que se aborda omite el futuro y acciones de futuro.

La actual administración federal envía señales que opta por dar la espalda al siglo XXI y retoma lo nostálgico del siglo XIX, con soluciones que probaron su fracaso o ausencia de resultados, que parece ser una tara cultural que induce al “asistencialismo”, palabra que destaca la segunda parte del plan y que la tercera descarta y cuestiona.

Hablo del siglo XXI ¿y esto qué significa?, simple y sencillamente hacer frente a una serie de problemas y circunstancias que de no ser atendidas resaltarán la pobreza y marginalidad, el cambio climático del que muchos hablan y escasos, pero muy escasos ven la magnitud, saben de la baja resiliencia de comunidades y grupos con alta vulnerabilidad, pero no sólo las personas, pues hay regiones y especies animales que son amenazadas. Permítanme poner un ejemplo, de lo que parece insignificante pero tiene un alto impacto; se ha hablado de la importancia de las abejas en el proceso de polinización, misma que tampoco se ha valorizado pero que gracias a ella es posible disponer de una serie de alimentos y especies vegetales indispensables para la vida, ello ha llevado a que la abeja deje der vista como una especie que sólo sirve para hacer miel y dar pinchazos, esta concientización ha llevado a que en diversos países se tomen acciones reales.

México con la biodiversidad con que cuenta tanto en el sur, el cual presenta una mayor disponibilidad de agua, así como en el centro norte con baja disponibilidad de agua, pero que a pesar de existir desierto, se cuenta con una biodiversidad en fauna y flora con un impacto real y vital en el ciclo de la vida, pero el hecho de que pasen invisibles y no se dé el valor, implica un retroceso, el agua es vista bajo esa tesitura desactualizada para el actual siglo. Las propuestas de hacer llegar agua a los marginados se asemejan a las realizadas en los primeros años del siglo XX en que la administración de Porfirio Díaz que quería que las ciudades se asemejaran al concepto de modernidad de las urbes europeas en su infraestructura y naciente cultura de la higiene. Pero bajo la forma de concebirlo es que no se pudo concretizar, ni podrá concretizarse si persistimos en las mismas formas, la planeación y diseño de ciudades y redes de abastecimiento, alcantarillado, saneamiento y reutilización de agua residual debe mantener otro enfoque a lo tradicional.

El enfoque debe partir de buscar alternativas a la tradicional visión antropocéntrica, al cambio de costumbres y sentido de responsabilidad por los recursos, este último se encuentra ajeno en el ser humano, independientemente de si tiene o no un alto nivel de estudios o situación económica, la depredación sigue presente, insisto ajeno al status. Y esto ¿qué tiene que ver con el Plan Nacional de Desarrollo y el agua? Simplemente la oportunidad de cambiar la visión, el pasado está a nuestra espalda, y el futuro es hacia donde debemos mirar, cambiar la visión antropocéntrica y ser conscientes del cambio climático, que será más lacerante y matizará la desgracia en los grupos pobres y vulnerables, eso debió considerar el PND 2019-2024. Estimados lectores estas deben ser acciones tendientes a que, en México y Aguascalientes el agua nos alcance.

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