Saúl Alejandro Flores

Estimados lectores continuamos con la temática de la problemática mexicana y los escenarios en el sector agua que se avizoran en por lo menos lo que corresponde a este sexenio. Ahora abordaré lo correspondiente a los conflictos y características que se presentan en el ámbito de la gestión de cuencas, se sabe de que existen problemas pero a veces no se dimensionan, salvo en aquellas ocasiones cuando afloran los problemas que se desprenden al hacer la referencia a ”aguas arriba” y “aguas abajo”, en donde por lo general quienes se encuentran aguas abajo viven una problemática y no la perciben quienes están aguas arriba, pues se concibe que ellos aprovechan, contaminan y en casos no se responsabilizan de su saneamiento, eso en lo general, quedando los usuarios de aguas abajo con agua contaminada baja disponibilidad y las cargas que implica la gestión.
Como lo anticipé, a veces no se dimensiona, salvo cuando citamos que hay un conflicto; a pesar del tratado con los Estados Unidos de América con el río Bravo que funge como frontera natural entre ambos países y los derechos que se desprenden con las aguas del río Colorado, un tratado que establece los volúmenes y tiempos que corresponde a cada país. También tenemos el conflicto que se vive en el Consejo de Cuenca del Lerma Santiago, con los usuarios de Michoacán, Guanajuato y Jalisco, que termina con una contaminación el lago de Chapala, costos que ha asumido el gobierno de Jalisco y que por su tradicional pésima organización de usuarios, terminan vencidos ante la eficiente organización de los usuarios de Guanajuato, debo advertir, que con ello no quiero decir que los usuarios de Guanajuato sean ejemplares, son eficientes para sus objetivos, como resultado de su clara organización, de la cual ha adolecido Jalisco y que se suman los agricultores de Michoacán con un poder, que no siempre representa que el uso de agua sea el mejor, o que su riqueza justifique el impacto ambiental, repito Chapala ha sufrido esos estragos.
A nivel de cuenca local tenemos el caso de la correspondiente al río Verde, de la cual Aguascalientes forma parte, y aquí nos topamos con que el agua que viene por el río San Pedro que procede de Zacatecas, atraviesa nuestro Estado, llega a Jalisco, cambiando de nombre a río Verde, de ahí a un proyecto que es la presa de Zapotillo, para abastecer a una ciudad con alta demanda de agua, sobreexplotación de agua subterránea como es la ciudad de León, Guanajuato, pero Aguascalientes, ¿qué papel juega?, ha sido contemplativo, desde el Acuerdo de distribución de finales del siglo XX.
Toda la problemática que existe tiene un rostro de latencia, lo digo por que esto en algunos lugares generaría más conflicto que el imaginado, de hecho Aguascalientes no ha vivido un real conflicto con el agua, es más llamativo un tema que lo que pudiéramos decir, los partidos que se hacen llamar de izquierda y que más bien son un remanente nostálgico de la ideología del llamado “nacionalismo revolucionario” que gobernó casi tres cuartas partes de siglo XX, en donde suelen centrarse en una disputa con el enemigo que es un extranjero, (visión siglo XIX) en que si sale o no la concesionaria, en donde se confunden las figuras de concesión con privatización, porque ese enemigo visualizado es más rentable para la obtención de votos.
No se abordan los problemas reales del agua por ignorancia, desconocimiento y cierta pereza intelectual, hasta que termina en abusos por parte de figuras políticas como sucedió en Sonora (con la presa de un exgobernador) o lo que se ha presentado en otros lugares, en donde la negligencia termina con catástrofes ambientales, y que en Aguascalientes la ausencia de claridad y excesos de soberbia de algunos funcionarios que no suman sino excluyen terminan por no construir modelos eficientes y fluidos, claros y transparentes de gestión de agua y de Cuenca. En este espacio he repetido en muchas ocasiones este caso que el agua del río San Pedro no se aprovecha, es tratada en la planta de la ciudad y se deja correr a otro estado vecino, debo decir que también el agua en su trayecto por el estado requiere un planteamiento serio y de visión, pues a su paso existen desde descargas clandestinas hasta aquellas que no han sido atendidas, lo que ha venido a traducirse en un deterioro del río San Pedro, con ello se ha exhibido el fracaso de las formas y prácticas de gestión del agua, si a eso se le puede llamar gestión, es omisión en la gestión, pues ya se han identificado las causas, se habla de soluciones y mecanismos, pero no se detonan los mecanismos, ha faltado la institucionalización en la articulación.
En los municipios que el hecho de mencionarlos son casi sinónimo de pauperización en materia de agua, se han abandonado, porque no ha existido la correcta tutela por parte del estado, sumado al esquema que la administración municipal es de menos de tres años en realidad, cuando han existido avances estos se vienen al traste cuando a la nueva administración no le interesa el agua, sino quedar bien con los electores y no se cobra el servicio, no se suspende para generar una conciencia de pago, ni se cobran las descargas, o a quienes contaminan. La ausencia de esquemas y de una responsabilidad de las autoridades estatales se ve matizada con la impotencia que presenta la autoridad federal.
Insisto un verdadero problema se vive en la cuenca, un problema que afecta a usuarios, y si sumamos a la cuenca, lo que debe ser la gestión en los cuerpos de agua subterránea, a través de los Comités Técnicos de Aguas Subterráneas COTAS, el problema se vuelve mayúsculo, porque la disponibilidad y calidad futura se pone en riesgo. La paradoja es que se habla de este problema y se tiene la peculiaridad que pronto se olvida, por que será más llamativo para atraer admiradores, multitudes o votos o conseguir un empleo, vociferar el que se vaya una concesionaria, así sin más, sin plan técnico, ni mecanismos regulatorios. Esto es un problema real, la irresponsabilidad de los actores políticos y públicos, y la omisión por atender un problema de ausencia de gestión en la cuenca. Sin olvidar que en el resto del país existen otros problemas asociados con la errática gestión de cuencas, si acaso se le puede llamar gestión. Recuerden amables lectores, que estas deben ser soluciones que permitan que en México y Aguascalientes el agua nos alcance.

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