Con los años, vienen las deficiencias sensoriales; hay que atenderlas oportunamente antes de que causen consecuencias adicionales, advirtió el geriatra Juan Antonio Vidales Oliva.

“Las personas nos relacionamos con el entorno a través de nuestros sentidos, pero lamentablemente su funcionalidad se ve afectada con el proceso de envejecimiento, y la discapacidad sensorial es frecuente”.

Comentó que al pasar los 40 años de edad, muchas personas notan que su visión y su tolerancia a sonidos agudos empiezan a disminuir, de modo que al llegar a la vejez un 30 a 40% han desarrollado deficiencias importantes en la audición, visión, capacidad olfatoria, gustativa y del tacto.

Añadió que los factores son múltiples, pero el proceso de envejecimiento normal tiene un papel importante; enfermedades como las cataratas, la arterioesclerosis avanzada o los simples tapones de cerumen y otros padecimientos asociados, pueden conducir a una sordera total u otras discapacidades sensoriales en el adulto mayor.

“El impacto es profundo y negativo, pues se asocia a depresión, aislamiento, malnutrición, caídas, desorientación, pérdida de autosuficiencia e independencia, mala calidad de vida, etc”.

Recomendó evitar ruidos intensos, procurar una limpieza auditiva periódica y adecuada, si es posible con apoyo de alguna otra persona. Además, si requiere de valoración por oftalmólogo, lo mejor es acudir, ya que puede estar necesitando lentes de graduación correcta.

“Y si su audición es menor, vaya con un médico otorrino o audiometrista para valorar la necesidad de utilizar un auxiliar auditivo. Evite el abuso de sal o alimentos ácidos, procure una limpieza dental regular, entre otras medidas básicas”.