Aires de familia

Por J. Jesús López García

François Auguste Choisy (1841-1909), de formación académica ingeniero civil, fue uno de los principales historiadores de la arquitectura universal en la segunda mitad del siglo XIX –junto con Eugène Viollet-le-Duc (1814-1879) y Julien Guadet (1834-1908). Su estructura historiográfica era muy básica: la historia de la arquitectura es la historia de la construcción.

A partir de ello pueden establecerse estilos, tendencias y relaciones entre ellos. De la construcción de cerramientos y columnas desarrollada por los egipcios –para una mejor comprensión nos podemos remitir a la búsqueda de imágenes de las salas hipóstilas de los grandes templos de los Reinos Medio y Nuevo–, los griegos depuraron su arquitectura con base en el mismo sencillo concepto estructural, para lograr sus magníficos templos de columnata períptera y sus característicos frontones, que siendo prestados luego a los romanos, éstos aportaron su uso del arco de medio punto para desarrollar bóvedas y cúpulas –apoyados con su opus caementicium que no era más que el ancestro de nuestro actual concreto– y de ahí saltar a la racionalidad estructural del gótico tardío medieval, a los repertorios renacentistas y de ellos a la pureza neoclásica del siglo XVIII, piedra angular de la Escuela Moderna del siglo XX, arquitectura de grandes claros y modulación racionalista.

Aquello que apelaba más al ornato y a la decoración era para Choisy algo similar a un «divertimento», tendencias menores que surgían entre los intersticios del fluir natural de los grandes estilos.

Naturalmente la visión historiográfica de Choisy tenía mucho de raigambre positivista pero persiste la lógica de que finalmente, los principios mecánicos para abatir los efectos de la gravedad en lo que construimos los seres humanos, siguen siendo los mismos por lo que todo aquello que en arquitectura apele a la economía de medios –constructivos, económicos o compositivos– tiene un aire de familia que no puede negarse.

En la ciudad aguascalentense, quizá las portadas barrocas de los templos de Guadalupe y El Encino no tengan una relación visual directa con los templos románicos de la Alta Edad Media europea, aunque atiendan a la misma religión; sin embargo, éstos sí la tienen con la nave de Locomotoras de los ex talleres ferrocarrileros. Con eso Choisy demostraría su precepto. Los componentes constructivos depurados de ornato tienden a parecerse: no importa si una columna salomónica posea un helicoide pronunciado, sigue siendo una columna de sección circular.

Por todo lo anterior, no debemos dejarnos llevar por la crítica fácil aludiendo a copias cuando realmente, los elementos arquitectónicos de cualquier edificio se centran en un repertorio que lo único que hace es cambiar su forma de una manera realmente superficial, lo esencial permanece.

En nuestra urbe un edificio que se ubica en la intersección de las calles Álvaro Obregón y Xóchitl, en donde da inicio la calle Vasco de Gama. Posee tres niveles, incluyendo al de la planta baja, y lo primero que llama la atención es el último piso que se proyecta ligeramente fuera del paramento siguiendo el contorno redondeado del predio. Éste parece recordar vagamente a algunos edificios soviéticos como el del Komsomol –Comité Central de la Unión de las Juventudes Comunistas–, éstos influidos por el futurismo italiano previo, particularmente el fundado por Filippo Tommaso Marinetti (1876-1944), deslumbrado por aquello que diese la apariencia de dinamismo, de ahí las formas curvas que se podían expresar en superficie o planta como varios de los edificios del arquitecto ruso Konstantín Mélnikov (1890-1974).

Los aires de familia se adquieren por el empleo de variantes constructivas que abrevan de las mismas fuentes estructurales pero también de los mismos veneros del momento histórico. No es que el edificio citado sea de origen bolchevique, lo que ocurre es que comparten una temporalidad que utiliza materiales, procesos constructivos y modelos formales similares.

El cupulín que corona la torre central del templo de San Antonio, no tiene fuera de ello, nada en común con la arquitectura del cristianismo ortodoxo ruso, ni con la arquitectura de los mogoles del norte de la India o con el Royal Pavilion de Jorge IV en Brighton, Inglaterra; todos poseen un aire de familia derivado de la forma construida. De igual manera, las recatadas imágenes de las portadas barrocas novohispanas, componen grandes lienzos que dan un aire a los templos de Khajuraho en India, dedicado a hacer explícita la pasión erótica amatoria representada en parejas.

En arquitectura todo lo creado y transformado sigue expresando su particularidad y su genealogía general a través de sus formas, configuración que repiten lo que es la experiencia humana sobre este planeta y que no obstante el momento histórico, las vicisitudes políticas, sociales, económicas o ideológicas así como el uso y desuso de técnicas constructivas y materiales, especialización de la mano de obra y cambio de significados en los objetos construidos, la arquitectura seguirá siendo la fiel acompañante de esa experiencia, aportando su aire familiar.

Sin duda alguna el edificio que se comenta ha pasado desapercibido durante mucho tiempo, sin embargo la condición plástica del mismo es inherente a él; la calidad de la arquitectura moderna en Aguascalientes es evidente.