Carlos Reyes Sahagún / Cronista del Municipio de Aguascalientes

El miércoles pasado asistí a la ceremonia en la que se entregó al Archivo Histórico de Aguascalientes una copia del acervo digital de la Junta Departamental Zacatecas-Aguascalientes 1837-1849. Las fechas corresponden a la segunda década independiente de México, el lapso en que Aguascalientes nació como entidad separada de Zacatecas porque, de seguro usted lo sabe, ya desde las reformas borbónicas de fines del siglo XVIII, y concretamente por obra y gracia de la Ordenanza de Intendentes, expedida a fines de la década de los ochenta de ese siglo, Aguascalientes pasó a depender de Zacatecas, luego de que prácticamente todo el periodo virreinal la región estuvo sometida a Nueva Galicia, cuya capital era Guadalajara. Así se quedó en la independencia, y hasta 1835, en que fue cercenada de Zacatecas, en el contexto del conflicto entre centralistas y federalistas.

El flamante director general de archivos de Aguascalientes –lo nombraron hace menos de un mes–, profesor Jaime Delgado Sosa, habló en primer término para señalar el hecho de que durante el lapso señalado, que fue el tiempo que duró la primera época de la vida independiente de Aguascalientes, se generó documentación que fue enviada a Zacatecas, “para que se le diera curso”, dijo, y ahora este conjunto iniciativas de ley, decretos, leyes y reglamentos, se hace presente en Aguascalientes para llenar un vacío de la historia de esta, nuestra Suave Matria.

Los documentos estarán disponibles para quien guste, a través de la consulta cibernética en el área de atención al público. Ciertamente en sí mismas estas comunicaciones no lo son todo; hay que procesarlas, interpretarlas, ubicarlas cuales piezas de rompecabezas, para que entonces adquieran sentido.

Delgado agradeció a las autoridades de Zacatecas su disposición para compartir este archivo, y en particular a la directora del Archivo Histórico de Zacatecas, la ingeniera María Auxilio Maldonado Romero, quien habló en segundo término para indicar que este acervo forma parte de uno de los 12 fondos documentales del archivo zacatecano, denominado La Junta Departamental de Aguascalientes.

El acervo que dona Zacatecas está conformado por 10 cajas y 513 expedientes, 7,481 documentos que van de 1837 a 1846, y se encuentra totalmente digitalizado.

Habló en último término el secretario general de Gobierno, que lo es el licenciado Enrique Morán Faz, quien resaltó la relación histórica entre Zacatecas y Aguascalientes. Dijo que entre ambas entidades hay “más que un hermanamiento. Somos parte de lo mismo. Hemos vivido juntos, hacemos comercio juntos, tuvimos la evolución juntos. Tenemos personajes que son un orgullo para Aguascalientes”, etc.

Dijo también, para efectos de lo que corresponde hacer a una institución tan importante como el Archivo Histórico –digo yo–, que “quien no sabe de dónde viene, difícilmente encontrará su plan de ruta, y nosotros sabemos y queremos que más gente sepa, cuál ha sido la evolución del estado, cuál fue esta época. Que no sólo nos quedemos con la coloquial frase de que venimos… La independencia de Aguascalientes de un beso”.

Morán Faz le pidió al director de archivos, cuyo nombre no recordó en ese momento, “que hagamos más eventos de este tipo, con la sociedad civil, para que no perdamos esta dinámica de estudio, de difusión… difundir a las nuevas generaciones de Aguascalientes estos hechos históricos que nos marcaron como estado; que nos dieron unos valores, una identidad, que tenemos que seguir transmitiendo de generación en generación. En el momento en que cortamos esta transmisión histórica de los valores y de la identidad como ciudad, como estado, como país, perdemos nuestra esencia”.

Finalmente, vale la pena señalar que como parte del evento, se inauguró una pequeña exposición, con reproducciones de 20 documentos de la primera caja y su, digamos, traducción, incluidos en el acervo entregado.

Contrariamente a lo que pudiera pensarse, los documentos no son obvios. Tengo entendido que todavía hay que hacer un trabajo de paleografía –que puede muy bien llevarse a cabo con estudiantes de la carrera de Historia en servicio social–, dado que están escritos con el castellano y la caligrafía propios de la primera mitad del siglo XIX. Hay que soplar sobre el lenguaje burocrático para que aparezca el sentido de lo escrito, y luego procesarlos textos para que adquieran significado. Por las reproducciones observadas en la exposición, los documentos versan sobre, por ejemplo, los esfuerzos para establecer en esta urbe una fábrica de tabacos, “la esperanza que tiene este vecindario de que se consiga” este objetivo; el compromiso del ayuntamiento, de “hipotecar sin ningún límite todas las fincas que corresponden a su Hacienda Municipal y con especialidad la del Parián, que es valiosa de más de cincuenta mil pesos (y produce de cuatro a cinco mil anuales), para la contrata de tabacos que se haya de celebrar en beneficio de este lugar”, la comercialización de hilazas y tejidos, la designación de un profesor para una escuela, etc.

Por cierto que la paleografía es, según el diccionario de la Real Academia Española, la “ciencia de la escritura y de los signos y documentos antiguos”. Entonces, paleografiar significa desentrañar el significado de las palabras escritas, los usos lingüísticos de la época, en este caso en documentos redactados hace casi 200 años. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).