Carlos Reyes Sahagún / Cronista del municipio de Aguascalientes

Hace unas semanas el Instituto Municipal de Planeación (Implan) de Aguascalientes, publicó un librito que lleva un título por demás pertinente: “10 años de rodada. Una experiencia de participación ciudadana”. Lo es porque a lo largo de sus páginas permea la idea de que hoy en día; y en los años que vienen, será cada vez más difícil gobernar a una sociedad si no se cuenta con los consensos respectivos, de tal manera que si las políticas públicas no surgen de la demanda y participación ciudadana, será más complicado que se instrumenten sin alguna resistencia.

En este sentido, una de las cosas que me llaman la atención, según consta en el volumen, es la cantidad de organizaciones que se han formado en Aguascalientes para promover el uso de la bicicleta, así como sus nombres, por demás sugerentes y adecuados: “Aguas con la bici”, “Bicicálidos”, “Bifinifes”, “Bici-onarios del transporte sustentable”, “Mujeres bicibles”, etc.

Este hecho da cuenta de la existencia de un sólido movimiento ciclista urbano, caracterizado por su civilidad. Esto último hace referencia a quienes viven en la ciudad; en la “civilización”, y por eso mismo se contraponen a un estado de salvajismo; de barbarie.

Ello implica, no sólo para los ciclistas, sino para todos aquellos que vivimos en las urbes –cualquiera de ellas–, que asumimos el compromiso de vivir y actuar en comunidad, buscando nuestro beneficio y el de los demás –aunque sea en ese orden–.

Toda la organización de “La rodada de los martes”que se describe en el libro habla de esta actitud; de este deseo de convivir sanamente y de manera respetuosa, de tal manera que quien participa en esta actividad no es un ciclista común y corriente, sino una persona que disfruta al mismo tiempo de la práctica de pedalear y de su ciudad.

Así lo indican los testimonios que se incluyen, a propósito de la gratificación que alcanzan quienes participan de la experiencia, que además de lo dicho en cuanto a práctica saludable, convivencia, etc., incluye también la posibilidad de ver la ciudad con otros ojos, y apreciar sus calles, sus edificios. Tomar distancia de la visión desde el automóvil, mutilada por la concentración que debemos tener en la conducción del automotor, y un tanto amargada por el estrés de los posibles choques. Recorrer la ciudad en bicicleta permite verla; apreciarla, quererla, esto siempre y cuando no deba transitar cuidándose de los cafres del volante.

En verdad es necesario profundizar en esta práctica para, de esta forma, contrarrestar los efectos de la masificación, dado que el uso de la bicicleta “decayó considerablemente a principios de la década de los ochenta (del siglo pasado) y su lugar como la reina del transporte fue ocupado por los vehículos automotores: las distancias se hicieron cada vez más grandes, la vida moderna y sus formas de producir las cosas exigían rapidez y agilidad; esas son las dos principales causas”.

La rodada de los martes” tuvo su origen remoto en la marcha que emprendió un grupo de ciclistas desde la periferia de la ciudad, y hacia el centro, el 22 de septiembre de 2008; una marcha que se realizó al grito de “bájate del coche y súbete a la bici”.

Aquellos pioneros actuaron impulsados por el deseo de combatir de esta forma la contaminación ambiental que ensucia nuestro aire.

El desplazamiento de la bicicleta por el automóvil, y ahora el regreso de los biciclos, han puesto de manifiesto que Aguascalientes no ha sido lo suficientemente amigable con estos últimos y que, por el contrario, poco a poco la ciudad, la infraestructura que se ha edificado, y que se construye, privilegia el uso del automotor; lo consagra, aunque ciertamente es preciso señalar que se aproxima un cambio de actitud en este ámbito, con el anuncio de construcción de infraestructura, así como el establecimiento del sistema de bicicletas compartidas Mobike.

Hasta ahora la ciudad no ha sido muy amable con los ciclistas, como tampoco con las personas discapacitadas –aunque en realidad es cada vez menos amable con todos–. De aquí la actitud de muchos, de no ver a los ciclistas, o hacerse que no los ven; de la inexistencia de senderos exclusivos para este medio de transporte, etc.

Entonces, los participantes en la rodada, por experiencia propia, han constatado la falta de infraestructura propicia para esta práctica, en una situación que, gracias precisamente a la participación ciudadana, ha comenzado a revertirse. Como se señala en el volumen, la rodada es mucho más que un ejercicio lúdico, saludable: se ha convertido en un “movimiento social”, callado, discreto, pero creciente, que en los hechos significa la incorporación de la demanda ciudadana en la agenda de gobierno, y que para este caso busca hacerse de un espacio en la urbe, y acrecentarse con la participación de cada vez más personas para, de esta forma, impulsar la transformación que la ciudad requiere.

De manera muy concreta este movimiento social se pronuncia por la creación de más infraestructura, legislación que norme su existencia y, desde luego, respeto por parte de todo el mundo, y en particular de quienes conducimos un automotor. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).