Héctor Contreras 
Agencia Reforma

CDMX.- Discurso completo del General Carlos Gaytán Ochoa en el desayuno efectuado el pasado 22 de octubre en las instalaciones de la Secretaría de la Defensa Nacional (tomado de La Jornada / 30 de octubre 2019).

«Con su permiso mi General Secretario. Señores generales, compañeros todos.

Se me ha concedido la palabra para expresar ante ustedes algunas preocupaciones que, en virtud de la situación actual, sin duda, compartimos todos los aquí presentes.

Nos preocupa el México de hoy. Nos sentimos agraviados como mexicanos y ofendidos como soldados.

Pero es imposible olvidar las experiencias del pasado, porque en los eventos donde existió la unidad nacional, el País pudo ver sus aspiraciones satisfechas y se construyeron los objetivos nacionales.

En aquellos eventos donde dicho valor estuvo ausente, se perdieron territorio y soberanía, el pueblo resultó lastimado, la economía entró en crisis y el País tuvo que emprender su recuperación, casi desde cero.

Actualmente vivimos en una sociedad polarizada políticamente porque la ideología dominante, que no mayoritaria, se sustenta en corrientes pretendidamente de izquierda, que acumularon durante años un gran resentimiento.

Hoy tenemos un gobierno que representa aproximadamente a 30 millones de mexicanos cuya esperanza es el cambio. Un cambio que les permita subsanar lo que ellos consideran un déficit del Estado para dicho sector poblacional.

Respetando el pacto social, así llamado por el francés Juan Jacobo Rousseau, y respetando nuestra propia normatividad vigente, no podemos soslayar que el hoy titular del Ejecutivo ha sido empoderado legal y legítimamente.

Sin embargo, es también una verdad inocultable que los frágiles mecanismos de contrapeso existentes han permitido un fortalecimiento del Ejecutivo que viene propiciando decisiones estratégicas que no han convencido a todos, para decirlo con suavidad.

Ello nos inquieta, nos ofende eventualmente, pero sobre todo nos preocupa, toda vez que cada uno de los aquí presentes fuimos formados con valores axiológicos sólidos, que chocan con las formas con que hoy se conduce al País.

Aquí no estamos soslayando la situación real.

Pero estoy convencido que es mi deber irrenunciable mantener invariables los principios de honor, valor y lealtad para con el pueblo de México, ¡sí!, para con el pueblo de México.

Lo refiero porque más de uno quisiéramos soluciones mágicas, o peor, drásticas, ante un entorno histórico que lo que requiere a gritos es pacificar, educar y mantener sano a México. Tarea verdaderamente difícil, titánica si me lo permiten.

En medio de todo esto, se encuentran los soldados, que siguen ofrendando incluso el sacrificio máximo por México.

Por ello reconozco que el alto mando sostiene hoy sobre sus espaldas la muy alta responsabilidad de mantener cohesionado al País, de coadyuvar a su pacificación a la brevedad posible, de hacerlo todo con el menor costo social y la mayor eficacia.

¿Quién aquí cree que ello es fácil?, ¿quién aquí duda de que se está realizando, desde el Ejército y la Fuerza Aérea, el mejor esfuerzo?, ¿quién aquí ignora que el alto mando enfrenta, desde lo institucional, a un grupo de «halcones» que podrían llevar a México al caos y a un verdadero Estado fallido?

He hablado cuidando mis palabras. A pesar de los avatares mencionados he tratado de mantenerme dentro de la disciplina a la que estoy obligado y reitero mi lealtad irrenunciable a México.

Para terminar, reconozco que no soy quién para hacerlo ya que están presentes también mis comandantes, mis maestros y mis antiguos; pero solicito a todos los presentes el respaldo y la solidaridad para mi general secretario, Luis Cresencio Sandoval, y desde luego pongo a su entera disposición mis conocimientos, por pocos que sean, y mi experiencia acumulada durante 50 años de servicio, para lo que a bien tenga determinar».