No cabe duda de que la parca es implacable, pues su paso por el mundo de la farándula este pasado mes de agosto cimbró no sólo las fuentes noticiosas del mundo entero, también las conciencias de aquellos que hacen del consumo fílmico su prioridad, pues muchos rostros asociados ipso facto a su experiencia cinéfila vieron segada su existencia bajo diversas circunstancias, detonando el añoro por su trabajo, examinando aquellos legados que para bien o para mal, su paso por los sets cinematográficos definió para ciertas generaciones cómo entender al 7º Arte y poner en perspectiva tanatológica nuestra existencia, pues todo es posible si incluso aquellos a quienes solemos colocar en un Olimpo cultural, también pueden cerrar sus ojos eternamente. Entre aquellos que desaparecieron en los últimos 30 días se encuentran:

Marilyn Burns (7 / V / 1959 – 5 / VIII / 2014)

La actriz de culto por excelencia, pues su atribulado rostro fue aquel que estuvo a punto de ser desfigurado por el maniático Letaherface en la primera –y aún inigualada a pesar de los fútiles esfuerzos de Michael Bay- versión de “Masacre en Texas” (1974). El director Tobe Hooper reconoció en los suaves, pero flexibles rasgos de Burns a una heroína resoluta y sensible sin sacrificar femineidad o su atractiva faz, cinco años antes de que Ridley Scott hiciera lo propio de la mano de Sigourney Weaver en “Alien, el octavo pasajero”. Burns haría mancuerna con Hooper de nuevo en “Devorado vivo” (1977), otra cinta favorecida por los fanáticos del cine de horror, pero en un tenor menor. Aún así, su inmortalidad ya estaba garantizada al participar en estos dos referentes obligados a la cultura pop, por lo que su subsecuente ausencia de las pantallas no significó el olvido. Su grito se extrañará y resonará cada vez que se encienda una sierra mecánica.

Menahem Golan (31 / V / 1929 – 8 / VIII / 2014)

Es así de sencillo: el cine en su faceta más escapista durante los ochenta no podría entenderse sin los aportes de este productor israelí y su compañía Cannon Films, tal vez el logo más emblemático para la Generación Betamax y blanco de extensos vituperios, críticas y reproches durante toda esa década, pero que detonaron y propagaron una tesis que a la larga probó ser una fórmula perenne y exitosa: el exceso en pantalla, algo que en la era de Reagan funcionó y permeó la conciencia de los espectadores hasta la fecha, pues sin Golan y sus filmes no habría sujetos como Bay, Bruckheimer o Ratner, prole bastarda que aspira a llegar a su peculiar nivel, pero sin su honesto desenfado por generar espectáculos masivos y ruidosos de cierta entraña.

Y para probarlo, baste mencionar que Golan fue el artífice de elementos clave en la apreciación cinéfila de aquel entonces, creando exitosas series como los “Barquillo de limón” (1978), diversas películas de ninjas, “Contacto sangriento” (1988) y secuelas, “Fuerza Delta” (1986),”Cobra” (1986), “Halcón” (1987) y muchos otros ejemplos de que nos encontrábamos en una era irrepetible. Catapultó al estrellato a muchos forzudos monosilábicos y dejó muy claro que una explosión o un golpe en ralenti tiene la misma fuerza dramática e impacto visual que un ardoroso beso bajo la lluvia. Simplemente, ya no hacen películas como él fundamentó, y es una genuina pena.

Robin Williams (21 / VII / 1951 – 11 / VIII / 2014)

El histrión polarizante por excelencia, pues bien podría ser amado sin concesiones cuando sus proyectos chorreaban propuesta y calidad argumental, o bien ser detestado hasta el paroxismo si las cintas donde participaba pudieran considerarse causa de diabetes irreversible por su amelcochada cursilería. Lo innegable es que poseía talento y una cualidad camaleónica para mimetizarse en cualesquiera que fueran sus papeles, por muy descabellados que éstos fueran. Y si bien tiende a recordársele como el eterno bufón sobreactuado del planeta Ork, su memoria también amerita ser rescatada por papeles sobresalientes en cintas como “El mundo según Garp” (1982), “Moscú en Nueva York” (1984),”Buenos Días, Vietnam” (1987), “Las aventuras del Barón Munchausen” (1988), “Pescador de ilusiones” (1991), “Retratos de una Obsesión” (2002) e “Insomnia” (2003). Víctima de una depresión crónica, su vida terminó de forma trágica y expedita, lo que confirma aquello que trasmina en las vidas de quienes consagran su vida a entretener a la masa anónima: entre más fuerte ría el payaso, más resuena el llanto en su interior.

 

Columba Domínguez (4 / III / 1929 – 12 / VIII / 2014)

Una genuina rareza en las filas de los bellos rostros que engalanaron las pantallas mexicanas durante décadas, pues su labor trascendió el mero histrionismo y trabajó arduamente en diversos espacios de índole social e incluso creativos, pues su desempeño como artista plástica fue por demás celebrado. Aún así, la memoria del mexicano siempre tendrá como acompañante a esta ardiente “Pueblerina” en la cima de sus fantasías femeninas nacionales, no sólo por su voluptuosa presencia, sino por la manifestación expresa de una inteligencia y sagacidad que no pasó por alto a genios como “El Indio” Fernández, quien aprovechó al máximo su potencial actoral y dramático. Columba Domínguez fue una de excelsa presencia durante la Época Dorada del cine mexicano y a quien jamás debemos ruborizarnos de referirnos como una diosa.

Lauren Bacall (16 / IX / 1924 – 13 / VIII / 2014)

De presencia enigmática y avasallante, Betty Joan Perske, mejor conocida como Lauren Bacall, fue la única que pudo mantenerse al mismo nivel en un constante juego que bordeaba el coqueteo a cuadro con alguien de postura tan ruda y pétrea como Humphrey Bogart. Y ella ganó al llevarlo hasta el altar y permanecer juntos hasta la muerte de él en 1957. Sus duras facciones se derretían cada vez que su estridente risa llenaba la pantalla y sus cintas nunca han sido consideradas algo menor a genuinos clásicos, como su maravilloso ciclo de dupla con el recio Bogie en “Tener o no tener” (1944),“Sueño eterno” (1946) y “Huracán de pasiones” (1948), trabajando arduamente hasta el nuevo siglo con filmes disímbolos y exitosos como “Blanco móvil” (1966), “Muerte en el expreso de Oriente” (1974), “Miseria” (1988) ,“El amor tiene dos caras” (1996) o “Dogville” (2003). El cine rara vez procrea algo tan peculiar y hermoso como ella, un milagro de rostro lánguido y sonrisa fatal que permanecerá a perpetuidad en el pináculo de los monstruos sagrados de Hollywood. Bogie y Bacall por fin vuelven a estar juntos.

Lord Richard Attenborough (29 / VIII / 1922 – 24 / VIII / 2014)

“Épico” sería el adjetivo para definir su trabajo, tanto al frente como detrás de cámaras. Artífice de cintas clave en el desarrollo de las superproducciones hollywoodenses como “Un puente demasiado lejos” (1977), “Gandhi” (1982) o “Chaplin” (1992), también su rostro se vio favorecido por el reconocimiento popular, sobre todo para las nuevas generaciones en su papel del Dr. Hammond en las cintas sobre “Jurassic Park”. Inglés flemático sin caer en pedanterías y un director de mano firme y epopéyica. Uno de los grandes de la vieja escuela.

Todos harán falta y su ausencia sólo provocará que las sombras en las salas de cine sean aún más oscuras. Descansen en paz.

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