Los sacerdotes se encuentran agobiados por la delincuencia, virtud a que van en aumento los robos a los templos; ni los sistemas de alarma han detenido a los ladrones, ya que éstos cortan los cables para que no suenen.

El Templo de San Marcos y los ubicados en la Barranca son los que frecuentemente son visitados por los amantes de lo ajeno; los maleantes van por dinero, pero en las alcancías sólo hay moneditas, de ahí que salen más caros los destrozos que cometen, que el “botín” que logran llevarse.

En su búsqueda de las cajas receptoras de limosnas, dañan bancas, vitrales y paredes que necesariamente tienen que repararse. De ahí que piden apoyo al INAH para reparar los destrozos, y a la Policía Municipal y Estatal, para que dispongan mayor vigilancia.

El padre Carlos Alberto Alvarado Quezada señaló que los sacerdotes en su calidad de custodios de los templos, hacen lo posible por aplicar medidas de prevención, pero no siempre les resultan efectivas. Además, como los templos son propiedad de la nación, las autoridades también deben intervenir.

“Anteriormente había un grupo de señoras, de la Vela Perpetua, quienes se organizaban para cuidar los templos las 24 horas del día, pero ya no hay gente dispuesta a ello, y virtud a la delincuencia, ya no se pueden dejar abiertas las parroquias. Antes abrían sus puertas de las seis de la mañana a las diez de la noche; ahora, se abren para oficiar las misas y se cierran cuando no hay servicio”.

Para los sacerdotes, se trata de robos sacrílegos y lo hacen personas que han perdido el temor a Dios.

Ejemplificó que en dos semanas robaron cuatro veces el templo de San Juan Bosco, de tal manera que la delincuencia está imparable. Por ello, pidió apoyo a los vecinos, para que vigilen sus templos y reporten cualquier anomalía que observen.