Por Itzel Vargas Rodríguez

La tardanza que les ha llevado a los congresistas debatir sobre la aplicación del Sistema Nacional Anticorrupción ha sido digno de un maratón, más aún, la constante evasión para nombrar un Fiscal en la materia que pueda comenzar a articular acciones que prevengan este terrible mal de la práctica política en la actualidad mexicana.

Pues bien, en estos días se ha ido debatiendo de nuevo sobre el tipo de representación que significaría un Fiscal en este rubro, idóneamente apartidista y literalmente “sin cola que le pisen” y más pronto que lo que cantaba un gallo, comenzó la rebambaramba política.

Muchos ejemplos como el que voy a citar, hemos visto a diestra y siniestra a lo largo de la historia, pero quiero mencionarlo para ejemplificar cómo es que se impone, lo que en estudios de comunicación política se conoce como “agenda setting” o “establecimiento de la agenda de los medios”.

Pues bien, el partido Acción Nacional (al igual que muchos otros más), han levantado su voz sobre el Sistema Nacional Anticorrupción y su Fiscal, y entre eso ha destacado la postura del actual presidente nacional de este partido, quien se pronunciaba porque la bancada blanquiazul impulsaría propuestas y modificaciones que pudieran garantizar que dicho Fiscal, fuese una persona completamente aislada del entorno partidista para que pudiera ejercer su labor lo más objetiva posible.

Pues bien, desde hace no más de dos días, esa postura le está costando a Ricardo Anaya un golpe político, que seguramente lo seguirá en el futuro.

Todo comenzó porque el periódico Universal dio a conocer una nota en la que se habla de que la familia de Anaya se ha enriquecido en muy poco tiempo de una forma exorbitante, y eso pronto se replicó en medios, se convirtió en trending topic en Twitter, y el dirigente del PAN ha estado emitiendo entrevistas a diestra y siniestra para desmentir esa información.

Este caso es un ejemplo del que vale la pena analizar en el orden en cómo se han ido dando las cosas, porque evidentemente es un golpe político propiciado desde una cúpula de poder partidista, ligada a un medio de comunicación respetado a nivel nacional y del que, mediante filtraciones de información, se genera un nuevo tema que luego se convierte en tendencia y por consecuente, parte de la “agenda” tanto política como social del momento.

Esa imposición de “agenda” es justamente lo que se conoce como “agenda setting” y que en parte, está delimitada por muchos intereses ajenos a los mismo medios de comunicación: desde los más nobles (como el logro de una joven en algún evento olímpico), hasta el más vil (como el destape de las cloacas de la política o la manipulación de la percepción de la gente).

Este es un tema que ha generado numerosos estudios e investigaciones en la materia, y fue propuesto por primera vez en 1972 por Maxwell MacCombs, un reportero estadounidense.

Justamente, la agenda setting se denota más en tiempos electorales, pues los contenidos que en medios aparecen tienen una fuerte influencia política. Y como ya estamos pisando el 2018, el tema del “destape de cloacas” comenzará a percibirse con mayor claridad.

Un tema por demás interesante. ¿Se le vienen a usted a la mente más casos del estilo que delimitan una agenda? ¿Cómo cuáles?

[email protected] / @itzelvargasrdz