Diana Baptista, César Martínez y Aline Corpus
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.- Como una medida cara, retrógrada y que pone en riesgo la relación bilateral, principalmente la dinámica social y comercial fronteriza, calificaron organizaciones y especialistas la decisión del Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de desplegar tropas en la línea divisoria con México para frenar la inmigración.
“Desplegar a la Guardia Nacional es caro, disruptivo para el personal y sus familias y – en especial cuando se hace sin fecha de inicio y fin- dañino para las relaciones militares y civiles”, advirtió la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA, por sus siglas en inglés).
En la frontera, precisó, no hay una crisis de migración ni la amenaza de una, dado que el número de aprehensiones está en una baja histórica en comparación con los últimos 46 años.
“Los guardias nacionales no están entrenados para proteger y servir a la población usando un mínimo de violencia. No están entrenados para hacer cumplir la ley migratoria y no son policías. Son entrenados para combate y desplegados a zonas de guerra”, consideró.
Para el titular de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, Luis Raúl González Pérez, apelar al recurso del miedo y la intimidación mediante la movilización de la Guardia Nacional, no evitará que las personas se movilicen.
“La violencia, la fuerza, la intimidación, no resuelve los problemas. Los problemas se resuelven con diálogo y este diálogo es entre naciones, pero un diálogo entre iguales, no supremacistas”, expuso tras acudir a un seminario organizado por El Colegio de México.
En tanto, en Tijuana, los especialistas de El Colegio de la Frontera Norte (Colef), Guillermo Alonso Meneses y Rodolfo Cruz Piñeiro, coincidieron en que el envío de tropas representa una agresión diplomática a México.
“Ha habido episodios históricos donde se envía a la Guardia Nacional a puntos como Arizona o Texas, pero lo que está haciendo Trump es algo excepcional, es una involución en la política fronteriza de EU, un retroceso, la lectura es que es una medida políticamente retrógrada”, expuso Alonso Meneses.
“Y en la práctica es un acto de agresión diplomático a México. Es un insulto, un chantaje, para hacer responsable a México de los problemas en la frontera”.