En México, cada vez hay más médicos generales de dudosa calidad.
De los 36 mil 408 aspirantes que realizaron el Examen Nacional para Aspirantes a Residencias Médicas (ENARM) el año pasado, casi el 80 por ciento obtuvo un resultado desfavorable.
En promedio, los 28 mil 598 doctores que no consiguieron ingresar a una especialidad sacaron 5.8 de calificación.
Mientras que los 7 mil 810 que obtuvieron un lugar aprobaron con una media de 7.5 de calificación, de acuerdo con cifras de la Dirección General de Calidad y Educación en Salud de la Secretaría de Salud (SSA).
A decir de José Ángel Córdova Villalobos, vocal del Consejo Mexicano para la Acreditación de la Educación Médica (COMAEM), esto responde a que no todas las instituciones de educación superior de las que egresan tienen acreditados sus programas de estudio.
“Esto se va a poner cada vez más grave y peligroso, pues habrá más (escuelas) no acreditadas que acreditadas”, advierte el ex titular de la SSA, en entrevista con REFORMA.
“(Los egresados) después serán jóvenes que, tras seis o siete años de carrera, no pasarán el examen de residencias y no encontrarán trabajo, mas que poner su consultorio. Quién sabe cómo hayan salido porque vienen de una escuela sin acreditación”, precisa.
Actualmente, existen 160 escuelas de Medicina con Reconocimiento de Validez Oficial de Estudios (REVOE), de las cuales sólo 70 están acreditadas ante el COMAEM.
La Norma Oficial Mexicana NOM-234-SSA1-2003 establecía que los campos clínicos únicamente debían ser utilizados por instituciones educativas que cuenten con planes y programas de estudio de la licenciatura en medicina acreditados o en proceso de acreditación.
Empero, al publicarse la Norma Oficial Mexicana NOM-009-SSA3-2013, se estipuló que estos espacios pueden emplearse por instituciones de educación superior que preferentemente tengan planes y programas de estudio con acreditación vigente o estén en proceso de acreditación.
“(La acreditación obligatoria) era un freno para que no proliferaran tanto las escuelas de medicina; sin embargo, se hizo una modificación a esa norma en donde se agrega la palabra ‘preferentemente’, ahí le parten el queso a todo, porque entonces preferentemente acreditados (incluye) pues los que no estén también”, indica Córdova Villalobos.
Con lo anterior, se debilita la necesidad de que las instituciones se afilien al COMAEM, organismo avalado por el Consejo para la Acreditación de la Educación Superior (COPAES) de la Secretaría de Educación Pública (SEP).
Además, señala Córdova Villalobos, sin importar si estudiaron en una universidad acreditada o no ante el COMAEM, el título de estos jóvenes tiene el mismo valor y desde su egreso pueden ejercer como médicos generales.
En otros países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el proceso es más estricto. En Estados Unidos, por ejemplo, cada graduado debe pasar la United States Medical Licensing Examination.
“Para poder garantizar la calidad de la educación médica, que es muy seria pues, con todo respeto, no es como formar un abogado, se necesita un proceso”, asevera Córdova Villalobos.
“Al ser una acción voluntaria, muchas de las escuelas, pese a existir, no se acreditan ni sabemos dónde están o cómo se llaman y no han solicitado ni siquiera la información de requisitos; hay que poner manos a la obra, porque esto no puede seguir así”.

Papelito habla
Si un recién egresado estudió un programa de Medicina acreditado tiene más probabilidades de aprobar el ENARM.
Así lo revela el análisis Acreditación y Resultados de la Educación Médica en México, elaborado por María Ortiz y Domingo Vázquez, médicos investigadores de la Universidad Veracruzana.
El estudio, realizado en 2016 y publicado en abril de este año, establece que el 65 por ciento de los aspirantes egresados de programas acreditados fue aceptado, mientras que el 51 por ciento de quienes egresaron de un plan no acreditado reprobó.
“El impacto de un programa de formación de médicos sobre la salud pública es a través de los médicos egresados. Entre mejores egresados tenga un programa educativo, mejores servicios de salud se ofrecerán a la población”, explica Vázquez.
“De acuerdo con el análisis, hay más buenos médicos egresados de programas acreditados que de programas no acreditados”, acota.
Las consecuencias de la generación de médicos generales sin acreditación impactan en su empleabilidad, señala Sebastián García, titular de la Dirección General de Calidad y Educación de la SSA.
“Esto conlleva un alto grado de responsabilidad en las universidades; lo que vemos, en todos los médicos que han aplicado al ENARM, es que hay una importante deficiencia en cuanto al conocimiento técnico que evalúa el examen”, explica García.
“Haber formado un profesional durante 6 o 7 años y que no tenga un entorno dónde ejercer es el verdadero costo. El riesgo es en términos de la prestación de los servicios por el número de la matrícula: si tienes 18 mil egresados (en 2017), habrá buenos y malos médicos que guardan una proporción que, entre más crezca, más médicos malos habrá en ese entorno”.
David Servín, subdirector de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Panamericana, institución con el índice más alto de selección a decir del COMAEM, indica que se debe garantizar la calidad en la formación médica.
“¿Qué está pasando con los médicos que no están ingresando a las especialidades? ¿Qué promedio tienen en su desempeño?”, cuestiona.
“Si queremos mejorar la educación médica es porque el paciente debe recibir la mejor atención del profesional mejor formado, tanto en aspectos científicos, clínicos y técnicos, como en su faceta humanista, ética y de comunicación”.

Acreditación, prioritaria para hospitales
Para ingresar como practicante al Centro Médico ABC es indispensable haber egresado de un plan de estudios certificado, señala Diana Gómez, coordinadora de Vinculación y Reclutamiento del hospital.
“La idea del hospital, al tener estudiantes, es que sea un semillero de talento que se va a quedar en un futuro a mediano o largo plazo con nosotros pero, si desde el inicio la formación no está alineada a lo que buscamos, ¿para qué hacer que una persona esté aquí?”, explica.
“Tenemos un catálogo de universidades viables: la UNAM y sus incorporadas obviamente, La Salle, la Universidad Westhill, la Anáhuac y el Tec. No discriminamos, es conocer qué plan de estudios es pertinente; es decir, si viene una universidad nueva, primero averiguamos si cumple con el plan, la certificación y después se hace el convenio”, detalla.
Debido a que los hospitales son sometidos a auditorías de calidad, entre cinco y seis veces por año, la certificación de los residentes es relevante, asegura Gómez.
Para unirse a la plantilla del centro médico privado, todos los candidatos para cualquier puesto deben aprobar un examen técnico. Gómez comenta que sí hay diferencia en las calificaciones entre las escuelas del catálogo que utilizan y las que no pertenecen a él.
“(Hay diferencia) hasta en la actitud durante la entrevista, en la que se ven competencias como conocimiento de sí mismo y autonomía, que es sumamente importante en Medicina; cuando vienen de una universidad certificada, la autonomía se nota en la forma de actuar y hablar”, asevera.
“Aunque se diga que vienen a aprender, los jóvenes ya están en contacto con pacientes, con expedientes, con procesos avalados por certificaciones”.
En tanto, Carmen Zavala, subdirectora académica del Hospital Médica Sur, explica que la acreditación ante COMAEM es un tema de alto impacto para el País.
“La importancia no es para un hospital, se trata de un tema nacional”, afirma, “si las escuelas de medicina están certificadas, quiere decir que sus programas son adecuados, que cumplen con lo que debería saber un médico general, que verdaderamente se están evaluando conocimientos y destrezas”.
No obstante, Zavala matiza que si bien egresar de una escuela acreditada no garantiza el ingreso a la residencia, sí amplía las probabilidades.
“No tenemos prioridad en cuanto a universidades; evidentemente sí nos fijamos que sean universidades certificadas, pero no podemos decir que una universidad tiene prioridad sobre otra. Puede ser un excelente alumno y a lo mejor no estar en una universidad con fama de ser buenísima, o estar en los rankings más elevados y ser un estudiante malo o regular”, explica.

Peligro latente
Asegurar que los médicos cuentan con la preparación y las actualizaciones necesarias tendría que ser indispensable, indica Víctor Torres, vicepresidente de la Academia Mexiquense de Medicina (AMM).
“Los médicos generales están haciendo su trabajo, necesitamos la certeza de que su trabajo lo están haciendo bien. En promedio, no toman ningún curso de actualización, esto impactará en un mal diagnóstico y tratamiento”, precisa el también director general del Centro Estatal de Vigilancia Tecnológica de la Secretaría de Salud en el Estado de México.
Recetar el antibiótico incorrecto o prescribirlo cuando no es la solución, así como la falta de seguimiento de tratamientos son algunos riesgos que señala.
Evaluar las capacidades teóricas y prácticas de cada egresado es la única forma de asegurar que hay buenos médicos en el País, afirma García, de la SSA.
“De los programas acreditados también pueden surgir individuos muy malos, la acreditación no es una condición absoluta; lo que sí se debería plantear es la necesidad, por el alto volumen y el riesgo de terceros (pacientes), de pensar en licenciamiento individual”, considera.
La evaluación no debería recaer en las universidades, asegura García, pues las instituciones difícilmente admitirán que sus egresados no cumplen con los estándares necesarios para ejercer.

TESTIMONIO
Entra a la primera
Gabriela Zermeño, egresada de la Universidad La Salle, institución con certificación vigente ante el COMAEM, fue seleccionada mediante el ENARM para realizar la especialidad en traumatología y ortopedia en su primer intento.
“Es muy importante que todas las universidades cuenten con esta certificación, pues la institución que brinde la certificación se fija en varios aspectos, como planes de estudio, calidad de egresados, calidad del contenido académico y, si algo está certificado, podemos constatar la calidad de los egresados, asegurar cierto nivel y conocimiento”, considera la doctora de 27 años.
Ante la gran competencia, los graduados requieren de la mejor preparación y herramientas para ingresar al mercado laboral, comparte.
“Al hacer una especialidad, sabiendo que la población médica que lo puede hacer es poca, las oportunidades se facilitan, tanto para poner un consultorio como de encontrar un hospital de prestigio”.
Actualmente, Zermeño realiza su residencia médica en las instalaciones del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en Lomas Verdes, Estado de México.

¿Cómo se logra la validación?
Conoce las etapas necesarias para obtener el reconocimiento del COMAEM.
1. Autoevaluación institucional. La escuela debe reconocer fallas y errores, de tal manera que pueda identificar fortalezas y áreas de oportunidad. También debe proponer acciones para atender las áreas de oportunidad.
2. Visita de verificación. Existen dos tipos: la completa, cada cinco años, y la limitada, cuando se verifica alguna recomendación específica o haya alguna queja.
3. Emisión del dictamen. En caso de ser favorable, se extiende una acreditación válida por cinco años.
4. Desarrollo académico institucional. Se establecen recomendaciones para la mejora del nivel educativo de la institución.

Hace certificación la diferencia
Más graduados de programas acreditados por COMAEM ingresan a la especialidad, indica estudio.
-65% de los egresados de escuelas certificadas obtuvieron un lugar en el ENARM
-51% de los egresados de escuelas no certificadas obtuvieron un lugar en el ENARM
Fuente: Acreditación y Resultados de la Educación Médica en México, 2017

Crece el embudo
Cada año, aumenta la demanda de pasantes de medicina que buscan una residencia médica. Sin embargo, no hay plazas suficientes.
Año Aspirantes Vacantes
2006 23,982 5,521
2007 23,465 6,991
2008 23,732 6,250
2009 24,007 6,213
2010 23,633 6,242
2011 24,822 6,203
2012 28,088 6,954
2013 26,600 6,939
2014 28,288 7,131
2015 34,900 7,735
2016 36,408 7,810
Fuente: Comisión Interinstitucional para la Formación de Recursos Humanos para la Salud (CIFRHS)

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