Es a veces difícil poner en orden tantas ideas juntas relacionadas con una sola persona, y esto se lo comento porque desde el miércoles por la mañana, cuando conocí la noticia de la muerte de Julio Scherer, se me vinieron encima muchas historias y una valoración de la influencia que tuvo en el periodismo en México. El momento más importante de la vida de él, como periodista, creo yo, fue cuando aquella reunión con el Mayo Zambada. Y digo que fue muy importante porque no conozco caso igual en la historia del periodismo mexicano, de un hombre que a esa edad, casi a los 82 años, ya con unos ciertos quebrantos de salud, pudiera arriesgar su vida solamente por el cumplimiento de una misión autoimpuesta. Todos sabemos que en ese tiempo era muy difícil, como lo es ahora, con el acoso de los militares, con el asedio de las fuerzas de seguridad, intentar meterse a las zonas sobrevigiladas, con riesgo de que no se sabe si el delincuente, el gran capo, te va a secuestrar, te va a matar o te va a usar como una moneda de cambio frente al gobierno, o te va a obligar a que digas algo, o te va a presionar. Y Scherer ahí, desde mi punto de vista, nos dio el ejemplo de lo que es la vocación cumplida. Porque mucha gente habla de la vocación, sí, pero la vocación se debe cumplir. Y la exigencia que él tenía con los colegas periodistas, sobre todo a los de la generación que se formó cuando él estuvo en Excélsior y luego en Proceso y que ahora tienen posiciones mucho más altas que las que tenían cuando eran reporteros de ediciones de Excélsior; él les impuso un estándar de calidad que no permitía traiciones. No se permitían traiciones al oficio, a la dignidad profesional. No se permitían traiciones a los lectores. En el mundo hay justos y pecadores, yo no voy a decir que Don Julio era un pecador, ni que era un justo o que era un santo, lo que sí sé, es que nunca separó su vida personal de su vida profesional. Cuando esta reunión con el Mayo Zambada –a la que me refiero como el punto culminante de su profesión, profesión en la cual había hecho cosas prodigiosas, verdaderamente buenas–, apareció publicada, el gobierno sufrió un ataque de ira y contrató a tres o cuatro “perros de presa” para que se lanzaran a mordiscos contra Scherer y lo inculparan y le dijeran cosas espantosas. Negando la naturaleza de la profesión que es hablar con quien es noticia y buscar lo que los demás no tienen y enterarse de lo que los demás no saben. Le ladraron, le tiraron mordiscos al tobillo. A mí me pareció injusta la reacción de muchos. Algunos de ellos ni siquiera participantes de la profesión. La reacción de Scherer fue tranquila y dijo: “lo que digan de mí no me importa, porque yo nunca he pretendido ser importante por mi persona, quiero ser trascendente por mi trabajo”. Y su trabajo ahí está. Ahí están los años enteros de la revista Proceso. Ahí están los ocho años en los cuales él dirigió Excélsior con un grado de calidad periodística y de dignidad política que no ha vuelto a tener ese periódico, aunque no tendría por qué compararse el de hoy con el de 1974, pero lo que sí se puede comparar es ¿qué le ocurrió al periodismo mexicano después de la irrupción de Scherer? Creo que hay dos grandes personajes de la prensa mexicana, del siglo pasado y de la parte que lleva este siglo: José Pagés Llergo y Julio Scherer. Descanse en paz don Julio Scherer García.

FANATISMO ASESINO

Terrible el acontecimiento en París, que no es peor que lo que ha sucedido en otras partes, por supuesto, en México; pero también en muchos otros países donde también hay muertes, tragedias absurdas e inexplicables. Ésta de París tiene dos elementos adicionales que quizá no están siempre presentes en otras tragedias de esta naturaleza. La primera es que sí se trata claramente de una represalia, una venganza, por una ofensa, según los asesinos, al profeta Mohamed, o Mahoma, al publicar la revista Charlie Hebdo una serie de caricaturas desde hace ocho años, pero ahora recientemente donde aparece el profeta fundador del Islam. Lo anterior es un asunto que tienen que ver con la libertad de prensa, con las libertades que nos parecen irrestrictas en los países democráticos y que no pueden subordinarse a ningún tipo de fanatismo, religioso, ideológico, político o de cualquier tipo. Y en segundo lugar, esto es un tema distinto porque existen también algunas razones, pocas todavía, pero podría ser el caso para pensar que este atentado fue cometido por franceses contra franceses, pero unos franceses islámicos, quizás de origen árabe, contra otros franceses, efectivamente irreverentes, como lo ha sido Charlie Hebdo u otra publicación francesa como el semanario satírico Le Canard Enchainé, cuyo nombre quiere decir literalmente “el pato encadenado” y coloquialmente “el periódico encadenado”, en rebeldía contra la censura y en defensa de la libertad de prensa, esa que sólo se desgasta cuando no se usa, según la máxima del hebdomadario. Eso es uno de los problemas que está viviendo Francia y toda Europa con esta xenofobia creciente. Por un lado, el racismo y la xenofobia, que vimos en las manifestaciones en Alemania en los últimos días; en Grecia hace un poco más de tiempo; en Holanda, en Dinamarca, en Suecia, país tolerante como pocos; y un rechazo también más generalizado a las instituciones europeas, a la austeridad europea impuesta por el gobierno alemán, etc. Con excepción de España, todas estas reacciones se han juntado hacia la derecha. En España más bien hacia la izquierda, pero es una excepción, quizás en Grecia ahora también se vaya hacia la izquierda, pero lo que esto ha significado es que un atentado de este tipo puede alimentar, generar una reacción mayor por parte de esta derecha racista en toda Europa y en Francia en particular, donde sí hay un elemento complicado porque es el país de Europa que tiene el mayor porcentaje de población islámica que, en la inmensa mayoría de los casos, son franceses y a veces franceses de segunda o tercera generación, y son franceses que consideran que su religión, el islam, es tan francesa como la religión católica o la protestante o la judaica donde también hay una gran comunidad judía en Francia. Y ellos dicen: “Si a nosotros nos obligan a respetar los ritos y las formas de las otras religiones francesas, por qué los demás franceses no respetan nuestra religión que es tan francesa como la de ellos”. Y ese es un problema tremendamente espinoso para el cual no hay buena salida.

La publicación Charlie Hebdo es un medio muy duro con todos, irreverente, su trabajo lo entendió como la mejor forma de molestar, de irritar, de enojar a través de la burla. Las personas que fueron asesinadas eran cartonistas que habían usado el periódico y su conjunto de forma muy eficaz. Fueron los únicos que se solidarizaron con aquel medio danés que publicó unas caricaturas burlonas del profeta Alá y que otros medios se asustaron y no publicaron, el director, que tristemente fue uno de los asesinados, había tenido por lo menos un par de atentados y tenía una supuesta protección policiaca.

La pregunta que nos hacemos es: ¿Hasta dónde la libertad de expresión? Primero que nada hay que reconocer que hay una libertad de expresión como valor universal y que aunque nos sintamos insultados, que nos parezca grotesco la libertad de expresión tiene límites. ¿Y cuáles son? Bueno, pues, la autoridad moral, la capacidad de los valores de cada persona, la sensatez, etc. Aunque haya algunas cosas que nos irriten y que nos molesten, pero son preferibles esos excesos de la libertad que el otro exceso y el otro exceso es empezar a que la Iglesia, el Estado o un tercer agente diga “esto sí se vale y esto no”. En Europa sí existe la opinión de que hay que censurar el discurso de odio. La pregunta es: ¿Qué tanto son compatibles estos valores del fanatismo religioso o nacionalista con los valores de occidente? Lo que realmente repugna es que montados en el acto de terrorismo, el fascismo ultraderechista francés se aproveche para promover la islamofobia y cuestionar las políticas de migración en Europa, ¡y que tengan fuertes posibilidades de llegar al poder! En un país civilizado, cuna de la promoción los Derechos Humanos, como es Francia. Ahora resulta que los terroristas del miércoles le están haciendo el trabajo a la ultra derecha francesa de manera indirecta. Lo sucedido el miércoles es una amenaza en contra de los valores occidentales de la democracia liberal incluyendo la libertad de expresión, que son incompatibles con este fanatismo. Desgraciadamente ese fanatismo va al alza en las tres grandes religiones monoteístas, el judaísmo, el cristianismo y el islam. Desafortunadamente, las democracias no han sabido reaccionar. ¿Qué han hecho frente a estos fanáticos que están dispuestos a quitarse la vida para volar unos aviones y chocarlos contra las Torres Gemelas o irse a ametrallar a periodistas? Ahí queda la pregunta en el aire.