Alrededor de mil trabajadores del INEGI, con más de 20 años de servicio, se acogieron, unos por voluntad propia y otros por presiones, a “invitación expresa”, al Programa de Retiro Voluntario de este año, por lo que a partir del día 29 del mes en curso habrán de tomar sus tres meses prejubilatorios.
La convocatoria tuvo una respuesta inesperada, por lo que el Instituto tuvo que pedir suficiencia presupuestaria para poder cubrir los gastos del programa, lo que se ha convertido en una práctica normal del Instituto.
La cantidad que se les da, varía según el rango; hay técnicos -que son los que menos reciben-, enlaces y jefes de departamento para arriba, que son los que más ganan y en consecuencia es mayor el monto para invitarlos a jubilarse; en promedio reciben 500 mil pesos.
Se incluyen en esta propuesta tres meses de sueldo; 20 días por cada año de servicio y parte proporcional por prima vacacional, entre otros aspectos.
Todo indica que ahora, la tendencia es deshacerse de todos los trabajadores de más edad a como dé lugar. Claro que habrá sus excepciones, porque muchos de los integrantes de la llamada “alta directiva” del Instituto, ya están entrados en años y no habrán de jubilarse.
Al parecer, el cambio generacional es un hecho en el INEGI, lo cual implica sus riesgos, pues si bien es cierto que hay que dar paso a los jóvenes, también lo es que la experiencia pesa, y mucho, lo que no es considerado por las autoridades de ese organismo con sede en Aguascalientes, aunque sólo sea de nombre, ya que muchos directivos se la pasan en la Ciudad de México.
El prestigio que ha ganado el INEGI a nivel nacional e internacional, se debe precisamente al esfuerzo de los trabajadores que han pasado por la institución, y los que aún persisten en la nómina, pero que ya deben irse y por la puerta trasera, sin ningún tipo de agradecimiento, muchos menos reconocimiento.

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