Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

El director James Gray ha demostrado tener cierto buen ojo para los relatos dramáticos que nacen de procesos de angustia emocional producto de relaciones fallidas, como quedó demostrado en “Los Dueños de la Noche” (2007), “Amantes” (2008) y “Z: La Ciudad Perdida” (2016). Ahora lo hace en un contexto de ciencia ficción mediante “Ad Astra”, cinta enfocada en el proceso de reconciliación entre un padre y su hijo separados por miles de años luz de distancia pero con el detrimento de que el primero no quiere saber del segundo.

La película nos ubica en un futuro relativamente distante donde la Luna es un satélite en disputa por diversos intereses mineros y los viajes espaciales se remontan a los confines de nuestro Sistema Solar. Uno en particular resulta ser el foco de atención, ya que un contingente  de nombre clave LIMA enviado hasta los confines de Neptuno con el objeto de contactar vida extraterrestre cesa su comunicación. Su líder, un legendario astronauta llamado CliffordMcBride (Tommy Lee Jones) y la tripulación se creen desaparecidos hasta que una serie de misteriosos impulsos electromagnéticos llegan hasta nuestro planeta provocando caos en toda actividad eléctrica. La NASA y el gobierno norteamericano creen que el origen de tales destellos procede de la misión LIMA, así que enrolan a Roy McBride (Brad Pitt, en un intento por diversificar su carrera), el hijo de Clifford, para que viaje hasta Neptuno y averigüe lo que está ocurriendo allá. El resultado será un viaje que pretende emular la calidad introspectiva y reflexiva de filmes como “Solaris” (1972), donde el escrutinio de la psique y alma humanos se ve acentuado por la infinitud del espacio tomando como punto de partida a un protagonista que posee diversas fracturas emocionales, comenzando con un padre que prefiere una vida explorando el cosmos a relacionarse con su familia y una esposa (Liv Tyler) que siente lo mismo pero hacia Roy, pues su trabajo lo ha obligado a seguir las huellas de su progenitor y permanecer ausente de la senda marital.

La intención narrativa de la cinta es muy sana, pues el subgénero de los viajes espaciales con tintes líricos se presta para la realización de historias conmovedoras e incluso inspiradoras, pero el director Gray parece no lograr la cohesión correcta de ideas y en varias ocasiones el argumento se dispersa sin que comprendamos cuál es el elemento neurálgico del filme. Empleando el recurso diegético de la narración en off, le guion simplifica los elementos que el espectador debería deducir en base a lo que se expone e incluso fracasa como herramienta expositiva para adentrarnos a la psique de Roy, pues todo lo que piensa son obviedades sobre su condición o realces a situaciones que recién vemos, así que esto resulta incluso molesto. Falta profundidad en construcción de situaciones y personajes y sabemos que ya hay problemas cuando se incluye una secuencia de persecución (en este caso ubicada en la Luna) en un filme que no la necesita pero seguro ingresa a petición expresa de los productores por temor a que el público millenial se aburra ante la novedosa idea de que piensen en lugar de emocionarse. Todos estos problemas lastran el filme hasta su punto climático, pues el esperado encuentro entre padre e hijo sale demasiado flojo e inconsecuente como para producir un efecto dramático contundente

“Ad Astra: Hacia las Estrellas” no resuelve algo importante en cuanto a argumento o se siente comprometida a la estructura mesurada que supuestamente requiere en base a las necesidades del relato y que así plantea…pero solo al inicio, por lo que terminamos percibiéndola tan distante y lejana como su protagonista.

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