Carlos Reyes Sahagún / Cronista del municipio de Aguascalientes

Para Margarita, hoy y siempre…

Más hoy que siempre.

El pasado miércoles se cumplió un año de la tromba que azotó cual castigo diluviano a Aguascalientes; la misma que a algunos les acarreó muerte y a muchos destrucción, aparte de ser pretexto para la elaboración de un sinfín de imágenes manipuladas y un texto breve, pletóricas de ingenio, como aquella donde va por el efímero río López Mateos un contendedor de basura y, como si se tratara de la famosa secuencia de la película Titanic, en la imaginaria proa van el Ejecutivo estatal y la presidenta municipal, o el otro del buzo, que va a la tienda de conveniencia –uxxted sabe cuál- y pregunta al observador si alguien quiere algo, o el que era sólo un versito lleno de ingeniosa gracia: Agua pasa por mi casa / por la sala y el colchón / Esto no es una adivinanza / es una pinche inundación….

En fin, que aprovecho el viaje para compartir con usted alguna información inútil sobre hechos pasados relacionados con los estragos que ocasiona la temporada veraniega, así nomás para que usted recuerde… O se entere. Por cierto que, en comparación con las lluvias del año anterior, este va muy pobrecito, pero ánimo, que apenas comienza la estación.

En verdad que lo ocurrido hace poco más de un año nos ofreció imágenes alucinantes que desafiaron el sentido común; imágenes de vehículos arrastrados por la corriente brutal, imparable, y entre todos los objetos empujados por el agua, el famoso contendedor de basura, convertido en barco cargado con múltiples símbolos.

En términos generales, este y otros acontecimientos catastróficos de estas características tienen en común una cosa: ocurren debido a la actitud humana de ignorar la conducta de la naturaleza y tomar riesgos que son un llamado a la desgracia, en lo que claramente constituyen conductas contra natura.

Ya en otra ocasión (véase este diario del 8 y 15 de diciembre de 2008) me referí a una inundación que tuvo proporciones cataclísmicas; la más trascendente que ha sufrido la ciudad, por lo menos en su historia documentada, y que tuvo lugar el 3 de julio de 1958, y que fue tan relevante que acabó con el Mercado Calera, pero sí le diré, en homenaje a la falta de previsión que nos acompaña desde hace siglos, que casi un mes antes de que aquella ocurriera, el 9 de junio, se dejó venir un aguacero que inundó la colonia San Luis, la misma en que está asentado el actual Estadio Victoria.

Las personas perjudicadas fueron aquellas que vivían en las partes más bajas de la zona, en colindancia con las vías del ferrocarril, que actúa como barrera de contención de las aguas que buscan su cauce hacia el poniente, buscando el Río San Pedro. Las personas que vivían en la margen oriental de las paralelas no sólo perdieron sus pertenencias, sino que debieron abandonar sus casas, tanto por la humedad reinante como por el peligro de derrumbe.

Un “funcionario de la administración estatal” (mi fuente, que es este diario en su edición del 11 de junio de 1958, no menciona el nombre) consideró que la parte baja de la colonia había sido considerada de manera indebida como zona habitable, ya que aun si se aumentaban las redes de desagüe el peligro de la inundación seguiría latente, “pues las avenidas de las partes altas, principalmente del Cerro de la Cruz y del rumbo del estadio son mucho mayores que las que pudiera admitir el desagüe”. La nota agregaba que infinidad de niños habían estado bañándose en las aguas pestilentes que formaron verdaderos pantanos, sin considerar posibles perjuicios, dado que las aguas arrastraban todo tipo de desperdicios.

También el Parque “Alberto Romo Chávez” sufrió los estragos de la inundación, habiendo quedado en un estado lamentable, las casetas para la prensa y la radio llenas de agua, así como el jardín derecho y el pentágono.

En relación a las viviendas inundadas, el diagnóstico que realizaba este diario era que “la falta de casas adecuadas al medio de vida pobre es la verdadera causa de que haya tragedias como la ocurrida en la colonia San Luis.

La gente pobre se mete donde puede y afronta los peligros de las zonas insalubres e inhabitables por necesidad”. Días después vino la gran inundación, que no hizo sino intensificar la problemática enunciada líneas arriba. En su informe correspondiente a aquel año, el gobernador Luis Ortega Douglas dijo que “la acción del gobierno durante el periodo que abarca este informe, se proyectó en forma preferente hacia el sector rural, por considerar que necesitaba ayuda de emergencia debido a la extraordinaria e intensa sequía, con pérdida total de cosechas y ganado en algunas regiones. Ahora que las condiciones han variado, procuraremos otorgar nuestra atención preferente, sin abandonar al campo, a la ciudad que ha sufrido las consecuencias de las recientes inundaciones y necesita resolver problemas urbanísticos para su racional crecimiento, así como algunos servicios que ameritan atención urgente. Este propósito estará subordinado al programa del futuro Gobierno de la Nación”. Algunos de los problemas reseñados líneas arriba fueron resolviéndose paulatinamente, pero otros no, de tal manera que los riesgos permanecerían, tal y como acabamos de comprobar.

El riesgo permanece porque la Avenida López Mateos fue construida contra natura, es decir, en contra de lo que indicaba la naturaleza, principalmente por las características del terreno, dado que el curso de la avenida tiene un triple declive, que lo convierte en un claro receptor de agua y vía de desfogue de una gran superficie de terreno. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).