Carlos Reyes Sahagún / Cronista del municipio de Aguascalientes

Con toda seguridad ya antes de la llegada del adelantado don Juan de Montoro y paisanos que lo acompañaron en la expedición fundacional de nuestra Suave Matria, existió el arroyo que por lo menos durante la primera mitad del siglo anterior se conoció como de Los Adoberos.

Como usted sabe, Aguascalientes cuenta con cuatro vías pluviales naturales, todas que corren de oriente a poniente, ésta que le digo, que era la central; la de El Cedazo, al sur de la anterior; la del manantial de Ojocaliente al norte, aunque debo aclarar que no tengo claridad en torno a la ubicación del curso de las aguas de este último. Finalmente estaría la más norteña de todas, la que bajaba desde las lomas del oriente, más o menos a la altura de la llamada “Presa de los Gringos”, hoy parte del Parque México. Este último cuerpo de agua tenía su desfogue hacia el poniente por alguna de las calles de la Colonia Gremial Ferrocarrilera, la trascendía para internarse en la Altavista, transcurrir en el costado norte del Panteón de la Cruz y desembocar en el río San Pedro o Aguascalientes, o de los Pirules, más o menos a la altura del camposanto Jardines Eternos.

Digo que vías pluviales naturales porque gracias a la intervención humana se construyó un sistema de acequias para distribuir las aguas de Ojocaliente en la zona de huertas que existió al norte de la actual avenida Madero. De manera natural, ¿se desviaría una parte de este caudal, que circulaba por un costado de la avenida Alameda, en donde alimentaba los Baños de los Arquitos, en algún punto hacia el sur, para converger sobre el arroyo de Los Adoberos, o seguiría íntegro para alimentar las huertas de la Zona Centro y el Estanque de La Cruz? Por otra parte, en relación al arroyo de la antigua Presa de los Gringos, que por cierto recuerdo haber visto correr a cielo abierto en la colonia Gremial, dado que en la avenida General Barragán existía un puente; tengo mis dudas de que haya sido enteramente natural, porque la mentada presa fue construida por la empresa del Ferrocarril Central Mexicano, para dotar de H2O al taller ferroviario; de ahí su nombre de “Presa de los Gringos”.

Si usted, estudiado lector, sabe la verdad de todas estas cosas, podría disipar las dudas que nublan mi entendimiento. Mi hipótesis es que, salvo el curso del manantial, las otras dos vías de agua permanecían secas la mayor parte del año, o con flujos mínimos, y en todo caso servían para, en verano, desahogar el agua de las lluvias que caían desde las lomas del oriente, las actuales zonas de Ciudad Morelos, Jesús Terán, la colonia militar, etc., antiguas tierras de la Hacienda de Ojocaliente.

Este es, por cierto, el declive más importante de la zona. Entre este lugar y, digamos, la parte poniente de la avenida Aguascalientes, hay una diferencia de varios metros, siendo la primera más alta que la segunda, de tal manera que todo en la ciudad de Aguascalientes fluye de oriente a poniente, buscando el cauce del río San Pedro. Los otros dos declives tienen alturas diversas y van de norte a sur y de sur a norte. Usted lo puede observar con claridad en arterias como José María Chávez, Galeana, Colón, Díaz de León, etc.

Vuelvo a imaginar al adelantado don Juan de Montoro, el día que él y sus compas vieron por primera ocasión estas tierras, la manera como fueron vislumbrando la idea de instalarse aquí, a partir de las características del terreno, la presencia del manantial, etc., e imagino que como europeos que eran, sabrían que toda ciudad medianamente respetable tiene su río. Véase si no: Madrid, Sevilla, Córdoba, Toledo, Aranjuez, Zamora, Zaragoza… Entonces, con esta carga cultural en mente, con esta forma de organizar las ciudades en torno a un río, quizás pensaron en establecerse en los márgenes de este arroyo que nosotros llamamos de Los Adoberos, y que vendría a ser el río de la villa y luego ciudad de Aguascalientes. Pero, como ya dije, el cauce no siempre traería agua, sino prácticamente sólo en temporada de lluvias, pero lo que sí ocurrió, tristemente, fue que se convirtió en el desagüe de las aguas negras, con toda la cauda de podredumbre que acompaña a esta clase de cosas.

Imagine aquello: los meses de sequía, el crecimiento de arbustos, la proliferación de fauna nociva y de aromas deletéreos así como para recordarnos que el demonio existe y actúa entre nosotros. El asunto debió hacer crisis, de tal manera que surgieron las voces que clamaron, por lo pronto, con el entubamiento del arroyo y, de ser posible su eliminación, cosa que se hizo posible hacia mediados de los años sesenta del siglo anterior, con el trazo y pavimentación de la avenida Oriente Poniente, la actual presidente Adolfo López Mateos.

Este hecho, al que se suma la falta de previsión, dio forma a esto que llamo “actos sociales contra natura”: haber edificado sin darle su lugar a la naturaleza. El agua tiene memoria –para decirlo de una forma–, de tal manera que cada vez que llueve como el verano manda, buscará su forma natural de desahogo. El asunto se resolvería con la construcción de un drenaje profundo pero, ¿para qué, si nomás llueve como el 19 de junio de 2018 una vez al año, y a veces ni eso? (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).