Noé García Gómez

El día de ayer 22 de diciembre se cumplieron 20 años de la muerte de 45 indígenas, entre los que se encontraban niños, mujeres y ancianos, conocida como la masacre de Acteal. Hoy ese atroz crimen sigue impune, ya que los autores materiales han sido liberados paulatinamente, bajo el argumento de que hubo fallas en el proceso judicial en su contra; en tanto que la autoría intelectual en la que asociaciones de los derechos humanos coinciden que estaban involucradas autoridades estatales y federales, nunca fueron exhibidas.

Aquella masacre del 22 de diciembre de 1997 en Acteal, al igual que la de 1995 en Aguas Blancas, definió una generación -eso espero-, o al menos dichos sucesos marcaron a su servidor ¿En aquel entonces qué joven podría ser indiferente al multihomicidio de niños, mujeres, ancianos y jóvenes indígenas por el hecho de organizarse y pensar distinto?; de la misma forma en que nadie pudo quedar indiferente en la tragedia de la guardería ABC.

De lo anterior quisiera citar a Stéphane Hessel en su libro La Voz de la Indignación dice “Les deseo a todos, a cada uno de ustedes, que tengan un motivo de indignación. Es algo precioso. Cuando algo nos indigna, como a mí me indignó el nazismo, nos volvemos militantes, fuertes y comprometidos. La peor de las actitudes es la indiferencia, decir ‘yo no puedo hacer nada, qué estoy haciendo. Al comportarse así, pierden uno de los componentes esenciales que hace al ser humano. Uno de los componentes indispensables: la facultad de indignación y el compromiso que esto conlleva”.

Fernando Luna Pérez uno de los sobrevivientes y tenía 7 años cuando ocurrieron los hechos dijo. “Fue difícil vivir sin una madre, mi padre estuvo conmigo pero hubo momentos en que no tenía ni para comer”.

Otra sobreviviente Zenaida, quien perdió parcialmente la vista a consecuencia de un disparo que recibió durante la masacre dice “nosotros no queremos venganza, lo que queremos es justicia. Ellos, los paramilitares que participaron en la masacre son nuestros primos, son nuestros vecinos… entendemos que fueron engañados, por la pobreza los engañaron, los manipularon. Pero sólo la justicia puede traer la paz, solo la justicia puede impedir otra masacre”.

Por lo anterior a continuación destino el espacio para recordar a los seres humanos, a esos mexicanos que en Acteal fueron asesinados -45 en total-, 18 mujeres mayores de edad, (cinco de ellas con embarazos hasta de 7 meses de gestación); 7 hombres adultos; 16 niñas, -entre los 8 meses y los 17 años de edad-, y 4 niños de entre los 2 y los 15 años de edad.

Capote Pérez María (16 años), Capote Pérez Martha (12 años), Capote Ruiz Marcela (29 años), Capote Vázquez Marcela (15 años), Gómez Hernández Graciela (3 años), Gómez Hernández Guadalupe (2 años), Gómez Hernández Roselina (?), Gómez Pérez Daniel (24 años), Gómez Pérez Juana (51 años), Gómez Pérez Lorenzo (46 años), Gómez Pérez Sebastián (9 años), Gómez Ruiz María (23 años), Hernández Vázquez Paulina (22 años), Jiménez Luna Susana (17 años), Luna Méndez María (44 años), Luna Pérez Catalina (21 años), Luna Pérez Juan Carlos (2 años), Luna Ruiz Marcela (35 años), Luna Vázquez Juana (45 años), Méndez Capote Lucía (7 años), Méndez Capote Vicente (5 años), Méndez Paciencia Margarita (23 años), Pérez Jiménez Miguel (40 años), Pérez Luna Alejandro (15 años), Pérez Luna Juana (9 años), Pérez Luna Silvia (6 años), Pérez Moreno Manuela (50 años), Pérez Oyalte María (43 años), Pérez Pérez Juana (33 años), Pérez Pérez Rosa (33 años), Pucuj Luna Ignacio (62 años), Pucuj Luna Marcela (67 años), Ruiz Gómez Loida (6 años), Santiz Culebra Manuel (57 años), Vázquez Gómez Alonso (46 años), Vázquez Gómez Victorio (2 años), Vázquez Luna Antonio (17 años), Vázquez Luna Juana (1 año), Vázquez Luna Micaela (3 años), Vázquez Luna Rosa (24 años), Vázquez Luna Verónica (22 años), Vázquez Pérez Antonia (21 años), Vázquez Pérez Josefa (5 años), Vázquez Pérez Marcela (30 años), Vázquez Pérez Micaela (9 años).

 

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