Jesús Eduardo Martín Jáuregui

Tener buenos repentes. Nacen de una prontitud feliz. No ai aprietos ni acasos para ella, en fe de su vivacidad y despejo. Piensan mucho algunos para errarlo todo después, y otros lo aciertan todo sin pensarlo antes.
Baltasar Gracián, Oráculo manual y arte de la prudencia, Huesca 1647.

Suele suceder, de repente, que un asunto se pone de moda, o un tema, como ahora se dice viniendo o sin venir al caso. Como antaño y quizás ahora, no lo se, un buen día del año, todos nos levantábamos con la seguridad nacida de una intuición infantil infalible, que la época del balero había empezado y esto era dar guerra hasta conseguir el juguete elaborado en Teocaltiche, vendido en el mercado grande y ahormado con un trozo de vidrio. Otro día, llegaban los zumbadores con la misma rapidez con la que se iban los baleros, y el día sabido por arte de quien sabe que magia surgían las mas variadas muestras, desde los inofensivos elaborados con botones, hasta los agresivos y cortantes de corcholata aplanada y bordes afilados como una navaja, luego de afilarlos contra el batiente de granito o el mas moderno de cemento. Y así se iban sucediendo las apariciones repentinas de los juegos infantiles.
Como esos repentes ahora se puso en boga, para bien espero, el tema de la violencia escolar, que dicho a bocajarro no es ni mas ni menos violenta que la violencia social. La desgraciada muerte de un adolescente tamaulipeco vino a enfocar la atención pública a un tema que la venía requiriendo afanosamente y que siempre había sido opacado por algún otro que se presentaba como más actual o más ingente. Ahora en vísperas de la total enajenación balónpedestre se abrió un espacio para reflexionar y, espero, para actuar de una manera consciente, decidida y congruente para evaluar adecuadamente el fenómeno y tomar medidas oportunas y efectivas.
La reacción del Presidente de la República, constituye un repente positivo, aunque para muchos sea de lamentar que tenga que pasar una desgracia y tenga que ser amplificada por la iniciativa presidencial a fin de parar mientes en ella. De la página de internet de la Presidencia recojo los siguientes datos útiles para la comprensión del fenómeno:
El término bullying (intimidación) se utiliza para referirse a la violencia en las escuelas ejercida de diferentes formas, por uno o varios escolares, hacia otro u otros compañeros.
Esta práctica incluye diversas formas de maltrato que se ejercen con la intención de causar daño. La persona que lleva a cabo el acoso lo hace con el propósito de imponer su poder y dominio sobre la víctima, a través de constantes intimidaciones, amenazas, insultos, humillaciones, desvaloraciones, agresiones físicas, entre otras.
Los tipos de bullying que existen son: verbal, psicológico, físico, sexual, robo y ahora el ciber-bullying.
Los padres de familia deben estar muy atentos al comportamiento de su hijo o hija, tener amplia comunicación con ellos y si está en una situación de bullying, solicitar atención médica para atender a tiempo el problema y evitar mayores daños.
Asimismo se anuncia que en el último trimestre del presente año la Secretaría de Educación Pública pondrá en marcha un programa piloto para prevenir y reducir el acoso escolar en las escuelas del país.
El día de hoy en la ciudad de México la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación estarán anunciando la Cruzada Nacional para Erradicar la Violencia en la Comunidad Educativa y llevarán a cabo el seminario Prevención y Atención de la Violencia en la Comunidad Educativa, acciones que se sumarán a otras ya anunciadas por las diferentes instancias públicas y privadas preocupadas e interesadas en el tema. Aquí en Aguascalientes también desde hace mas o menos tres semanas la CNDHA ha establecido un correo para atender propuestas o denuncias sobre la violencia escolar: [email protected]

Parece conveniente realizar algunas consideraciones que puedan ser aportaciones más o menos redundantes sobre el tema pero que desde luego llevan la mejor intención. La primera y evidente es que la violencia no es privativa de la escuela. Una sociedad que presenta en sus formas, procesos e interacciones diferentes grados de violencia, desde la ejercida en el núcleo familiar con un autoritarismo irracional, hasta la que se presenta sin distinción en las zonas rurales o urbanas, con asesinatos proditorios y crudelísimos, y que para mal, con un supuesto afán ejemplificador o simplemente informativo, muchos medios de comunicación amplifican escandalosamente haciendo que los menores vean como asunto cotidiano la violencia, disminuyendo su umbral crítico ante la falta de atención y orientación. La violencia no es exclusiva ni privativa de la escuela.
Conviene separar, “distinguir para unir” decía Maritain, la violencia en algunas de sus manifestaciones en las escuelas del auténtico bullying. En mi manera de ver la muerte del adolescente en la secundaria de Tamaulipas no es un caso de bullying sino de una violencia torpe y culposa. De acuerdo con las manifestaciones de los padres, el menor iba con gusto a la escuela, disfrutaba del ambiente y seguramente departía con sus compañeros en la forma usual de cualquier otro joven de su edad. Infortunadamente la falta de cuidado, de precaución y de atención por parte de los maestros o los prefectos propició un juego torpe y fatal, pero eso también pudiera habernos sucedido a cualquiera de nosotros, a ti, amable lector, o a mi, aburrido escribidor. Basta con recordar nuestros años de secundaria o preparatoria para reconocer que de manera milagrosa seguimos por aquí. El verdadero bullying es una conducta constante, metódica, sistemática, para desvalorar a una persona, segregándolo, insultándolo, zahiriéndole, con un ánimo discriminador. Ambos son reprobables y ambos deben combatirse pero es importante conocer que sus motivaciones y sus consecuencias son diferentes para poderlos enfrentar adecuadamente.
Ni la escuela ni los maestros son los únicos responsables, señalaba hace unos días el Secretario de Educación Pública Emilio Chuayffet, sino la sociedad en su conjunto que propicia y alimenta múltiples expresiones de violencia presentes desde los primeros años de vida, hasta los últimos de senectud.  Combatir la violencia escolar en todas sus manifestaciones tendrá que pasar necesariamente por el combate a las expresiones violentas de una sociedad en crisis. Claro que este necesario esfuerzo colectivo por la transformación social tendrá que esperar, al menos, a que pase el Mundial.

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