Iván Sosa 
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.- En el siglo pasado, durante los años cincuenta, hubo programas para exterminar al Lobo Mexicano y la especie casi desapareció debido a campañas para envenenarlos de manera masiva, con tal de evitar ataques al ganado y a las personas.
La Ciudad de México tiene ahora una camada de ocho crías, una cifra considerada un logro para rescatar a la especie del peligro de extinción.
“Por el estigma de asociarlos con una falsa idea de agresividad estuvieron a punto de ser borrados, ahora sabemos que es una especie sombrilla, porque al proteger al Lobo Mexicano se cuida todo el ecosistema alrededor, como hemos hecho con el área en donde están en el Zoológico de Los Coyotes”, comentó la directora de zoológicos de la Ciudad, Claudia Lewy.
En el zoológico situado sobre la Avenida Heroica Escuela Naval, en Coyoacán, reside una familia de 17 lobos mexicanos.
Los padres Pearl (la hembra) y Yoltic, siete lobeznos juveniles de un año de edad y ocho cachorros, producto de una camada inicial de siete ejemplares y otro más en los dos meses recientes, conviven en un amplio espacio.
El zoológico de menor tamaño en la Capital, Los Coyotes, ofrece una pista para correr en un circuito de terracería de 1.2 kilómetros y en medio se encuentra, entre árboles y vegetación, el recinto de la familia lobezna, el cual permanece cerrado al público, para tranquilidad de los ejemplares.
Para dar a luz a la cría más reciente, Pearl se refugió en la madriguera una semana antes y, desde entonces, Yoltic se encarga de proteger a la familia, por lo que ante la presencia de extraños se pone en alerta.
Los cachorros permanecen al interior de la madriguera, una pequeña cueva excavada por los padres.
Yoltic mastica alimentos y los entrega en el acceso de la madriguera, de donde los toma Pearl para ofrecerlos a sus cachorros, seis hembras y dos machos, cuidados también por sus hermanos con un año de edad.
Bien resguardados por los especialistas de Los Coyotes, ningún depredador se acerca a la familia.
En Zoológicos de Chapultepec y Aragón residen otros cinco ejemplares, todos monitoreados por expertos a cargo de un programa de reproducción de la especie, que elige a los más capaces para liberarlos en vida silvestre.
En cada uno de las crías fue insertado un chip para registrar en los siguientes 20 años cómo y dónde sobreviven.
Yoltic, el padre, es producto de una de las primeras camadas logradas en el programa de reproducción de Los Coyotes.