Josemaría León Lara

Dejando de lado el viejo y aburrido discurso muy característico del siglo pasado y que lamentablemente sigue vivo en nuestros días, el cual se basaba en culpar al gobierno de todo lo malo que ocurre en el país, es necesario hacer una crítica a la identidad del mexicano, la cual, por muchos, no deja de ser más que un estereotipo; pero como todo estereotipo tiene algo (aunque sea mínimo) de razón, puesto que bajo un análisis meramente personal, considero que la culpa la tenemos nosotros.

Si hablamos del “Ethos” (definido por la Real Academia Española como: Conjunto de rasgos y modos de comportamiento que conforman el carácter o la identidad de una persona o una comunidad.) del pueblo mexicano, volveríamos a caer en un conjunto de patrones muchas veces erróneos acerca de la idiosincrasia de nuestra tierra. Pero realmente lo que nos define como mexicanos son nuestras acciones en el día a día y eso da pie a la crítica del día de hoy: siempre dejamos todo a la última hora.

El día de ayer fue el último para poder renovar las credenciales para votar, así como para tramitarla por primera vez para aquellos jóvenes que en el presente año llegan a la mayoría de edad antes de los comicios del siete de junio. De acuerdo con información del Instituto Nacional Electoral, los últimos días se tuvo una afluencia en promedio diaria de noventa mil personas en todo el territorio nacional, pero el miércoles y jueves se estimaban cerca de doscientas mil personas aun cuando todo el dos mil catorce lo pudieron haber hecho, e incluso la campaña masiva para recordar acerca de la renovación comenzó en septiembre del año pasado.

Tomando en cuenta lo anterior, nos damos cuenta de una situación que prevalece año con año, por más esfuerzo que el INE (antes IFE) realice con el fin de crear conciencia en el ciudadano para cumplir con una simple tarea, como mexicanos no lo hemos logrado comprender ni realizar.

Los medios nacionales han comenzado a realizar sus estimados respecto a las elecciones federales de este año para renovar en su totalidad la Cámara Baja del Congreso de la Unión, la elección de nueve gobernadores, diversas alcaldías y congresos estatales, así como dieciséis jefes delegacionales en la Ciudad de México, en las cuales se prevé un alto nivel de abstencionismo por parte de la sociedad y que es un gran reto a superar tanto por la autoridades electorales como para los partidos políticos.

Y es que el abstencionismo electoral es más profundo que una simple decisión de no ejercer el derecho que como ciudadanos tenemos, sino que tampoco cumplimos con una obligación moral para con nuestra patria. Si no acudimos a las urnas, eventualmente alguien ganará, pero no estaremos en condiciones para exigir respuestas y resultados a alguien por quien no votamos.

Es importante reconocer que el servidor público debe de servir al público y no servirse del público, y si no formamos en conjunto ciudadanos y gobierno, parte del camino democrático que pretendemos como nación crear, es imposible que las cosas cambien; es aquí donde vuelvo al argumento de dejar de culpar al gobierno, la culpa también es nuestra como ciudadanos, por no ejercer nuestros derechos, pero más tenemos culpa por no alzar la voz.

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