a veces no entiendoItzel Vargas Rodríguez
Hay muchos distractores sociales. En la actualidad, la gran cantidad de información que recibimos diariamente, suele distraernos de nuestras actividades diarias.
Con el auge de las redes sociales, el tiempo para el ocio que destinamos en dichas plataformas on-line, se hace cada vez más frecuente y su consulta se ha hecho además, una parte necesaria de nuestras vidas diarias.
Y por la pesada importancia que estas redes han ido consolidando en relativamente muy poco tiempo, suele ser común que también la información que se reciba sea de forma masiva, unilateral y por ende, sesgada.
Llama la atención en el Estado dos casos en particular. El primero por la noticia de un mensaje escrito por una joven hidrocálida acerca de un aborto autoinfligido que le causaba orgullo. Teniendo en cuenta que el tema del aborto per se es delicado y polémico, la nota dio en minutos mucho de qué hablar entre la gente de la Ciudad, sobre todo en redes sociales. Podríamos incluso animarnos a generalizar que la gente estaba furiosa contra la joven, condenándola. El punto que me parece delicado es cómo pasamos de la mera opinión en una red social, a los insultos, bajeza y ridiculización pública de una joven, formando, sobre todo, grupos de condena promoviendo el odio entre las personas, en lugar de la asesoría o por lo menos, comprobación de los hechos.
El otro caso fue el de una joven que subió un video a las redes sociales sobre cómo quemaba a un pequeño gato, poniéndole primero un líquido parecido a la gasolina o el aceite, y posteriormente prendiéndole fuego. Las imágenes sin duda son perturbadoras y el acto por sí solo es muy reprobable. Pero desde aquella acción no se ha parado en la sociedad aguascalentense de mostrar e incentivar al igual que en el anterior caso, el odio exacerbado. De exigirle tanto al gobierno municipal como al estatal que atienda urgentemente el caso. Y en ambas situaciones los entes de gobierno lo hicieron, respondieron, pero me parece que había y sigue habiendo, cosas más urgentes en la Ciudad por las cuales exigir con ese animado y apasionado enojo, como socialmente se hizo en este caso.
Hace pocos días también, hubo un video de una joven guatemalteca que hace semanas fue golpeada brutalmente por toda una comunidad y a la que posteriormente le prendieron fuego hasta que finalmente y después de unas horas, murió. La culpaban del asesinato de un hombre, de cuyo hecho terminó siendo inocente.
De este acontecimiento poco se ha dicho, se ha vuelto viral el video y la gente (podríamos hablar a nivel Continente Americano) no suele comentar de forma enérgica o condenatoria tan terrible y barbárico acto. Ni siquiera hablar de alguna petición frente a organismos internacionales de Derechos Humanos. Nada, sólo acompaña el morbo de ver el video, decir “pobrecita muchacha” o todo lo contrario, condenar libremente con un “seguro se lo merecía”.
Y entonces me pregunto, ¿cómo es que nos distraemos tan fácil por lo que consideramos vulnerable como un bebé o un animalito y dejamos de lado, literalmente de lado, el valor y respeto por la vida humana?
Y la cosa no sólo es con las personas, también en las empresas. El domingo hubo una carrera en bicicleta en varias partes del mundo, que promovía el uso de este medio como alternativa de transporte. Pero también varios países promovían cosas alternas como el respeto a varios derechos. Y en Londres, una conocida persona subió a su red social fotos de la carrera en donde se podían ver mujeres en “topless” que sonreían y además habían pintado sus cuerpos con la exigencia al respeto de los derechos. No pasaron muchas horas para que Facebook cancelara las fotos y las bajara sin previo aviso. Y surge el cuestionamiento, ¿cómo deja una empresa de este calibre videos on-line como el del terrible linchamiento de la joven guatemalteca y baja fotos en donde sólo se ven pechos pintados?
Por eso llama la atención cómo las colectividades, o las personas se unen para ciertos fines motivados por el morbo y deja de lado asuntos que afectan a más personas, son una constante preocupación social que requieren de urgente solución.
Así que ¡Aguas!, evitemos posicionarnos sólo rascando la superficie de todo lo que vemos o escuchamos en la gran carga informativa que recibimos a diario.
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