Josemaría León Lara Díaz Torre

La semana pasada en este mismo espacio hacía una reflexión sobre el odio y todo lo que ha causado últimamente alrededor del mundo. Por un lado tenemos los ataques terroristas por parte de islámicos radicales en ciudades importantes europeas, cómo el resurgimiento de la ideología de supremacía racial en los Estados Unidos. Sin embargo, debemos reconocer que en México también existe el odio, el racismo, la división y la barbarie.
Los mexicanos somos un pueblo verdaderamente racista, donde el color de piel o la complexión física juegan un papel determinante en el día a día. Somos un pueblo intolerante a todo aquello que resulta ser diferente a lo que se acostumbra o se siga por tradición, además de que somos renuentes al cambio, aunque existen claras y honrosas excepciones, en general el pueblo de México aún tiene mucho que conocer y aprender a respetar.
No es necesario ver el terrorismo que viven los europeos para entenderlo, es necesario vivirlo; y aunque las circunstancias y orígenes han sido distintas, en México hemos conocido en carne propia el terror y la impotencia que ataca a la población civil cuando el crimen organizado se adentra en lo más profundo de la sociedad y sin escrúpulos ni remordimiento causan un daño irreversible.
En este momento vienen a mi mente dos eventos relativamente recientes de atentados sucedidos en territorio nacional. El primero de ellos tuvo lugar en la ciudad de Morelia en el año 2008 en plena celebración del tradicional grito de independencia, dónde el crimen organizado utilizó dos granadas de fragmentación en contra del tumulto que se hacía presente en la plaza principal de aquella ciudad michoacana.
El segundo de ellos y que en verdad conmocionó y solidarizó al país entero; precisamente el día de hoy se recuerda el atentado al Casino Royale de Monterrey en el año 2011. Seis años han pasado ya desde uno de los episodios más aberrantes dónde más de cincuenta personas perdieron la vida de manera trágica.
Hoy solo recordamos como hechos lamentables estos dos episodios de terror en nuestra historia reciente; pero las víctimas que sobrevivieron y los familiares de las víctimas fatales jamás olvidarán el infierno por el que han pasado. Siempre quedarán preguntas sin resolver, siempre quedará un vacío después de estos actos que pulverizan a la sociedad desde sus entrañas y que como efecto secundario nos deshumanizan poco a poco.
Suficiente con mencionar el ejemplo de lo insensibles que nos hemos vuelto, la semana pasada mientras el mundo entero prestaba su completa atención a Barcelona, al mismo tiempo pasada una tragedia de grandes magnitudes en Sierra Leona; donde un deslave arrebató la vida de más de 400 personas y a gran parte del mundo parece no haberle importado un comino. ¿Es acaso más valiosa la vida de una persona de raza blanca que la vida de una persona de raza negra?
Para dar por concluida la entrega de esta semana, quisiera recordar a las víctimas que hace seis años perdieron la vida de la manera más cobarde y terrible a causa del odio, esperando que algo así jamás vuelva a suceder en nuestro querido México.

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@ChemaLeonLara

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