Gran parte de la gente aún desconoce que en nuestros intestinos, piel, cabello, ojos o nariz se halla un mundo microscópico viviente llamado microbiota.
Anteriormente conocida como “flora”, la microbiota está compuesta por miles de billones de bacterias, virus y hongos “buenos” que actúan como defensas y barreras que nos protegen de los microorganismos nocivos del exterior.
“Hay microbiota en todas partes”, explica César Marrufo García, especialista en gastroenterología y endoscopia en el Hospital San José. “Son pequeños ecosistemas y cada ecosistema tiene su función específica”.
Proteger la integridad de las células de la piel o mantener una saliva alcalina para proteger la dentadura son algunas de esas funciones que trabajan en simbiosis, es decir, el sistema inmune las identifica como bacterias buenas y no las ataca.
La microbiota más estudiada y la considerada de mayor relevancia hasta el momento es la intestinal, dice el especialista, pues alberga la mayor cantidad y diversidad del cuerpo, incluyendo más de mil tipos de bacterias.
“Si hablas de un adulto promedio con un peso de 70 kilos, a lo mejor 2 o 3 kilos de esos 70 son bacterias. Estás hablando de 6 mil billones de bacterias en el intestino, nada más”.
Es tanta su consideración como un nuevo órgano vital, que algunos especialistas llaman a la microbiota intestinal como “el segundo cerebro” por la importancia de sus funciones, o el “segundo ADN”, pues se sabe que en ella también habitan más de 3 mil millones de genes, es decir, 150 veces más que en el genoma humano, de acuerdo con la Sociedad Europea de Neurogastroenterología y Motilidad.
“Sabemos que hay diferencias en edades, razas, genes, de acuerdo al lugar donde vive la gente y sus costumbres. Es una huella única, inclusive en un futuro probablemente se use como una identificación imposible de falsificar, más que la huella digital, el iris o algunos otros parámetros biométricos”, añade el especialista.

NACIMIENTO Y EVOLUCIÓN
El desarrollo de la microbiota empieza con el nacimiento una vez que los bebés, antes estériles dentro del cuerpo de la madre, entran en contacto con el mundo exterior, explica Cipatli Ayuzo del Valle, pediatra y especialista en nutrición en el Centro Médico Conchita.
“Todos nacemos con cero bacterias. Las primeras que obtienes son en el canal vaginal. Los niños toman bacterias de la vagina de su mamá y son bacterias buenas para el intestino, tienen ventajas de aquellos que nacieron por cesárea, porque en cesárea naces en un ambiente estéril y no agarras esas bacterias”.
La lactancia es otra oportunidad que, a diferencia de las leches de fórmula, permiten a la madre compartir esas bacterias buenas al bebé ayudando a desarrollar una microbiota sana, dice la pediatra.
“Las siguientes bacterias que agarras son de la lactancia, que son las más importantes de todas, tanto de la piel del pecho de la mamá como de lo que contiene la leche materna, que tiene probióticos que hacen que se formen otras bacterias buenas en el intestino”, explica.
De acuerdo con la especialista, la microbiota formada los primeros tres años de vida es la más importante pues permanece para siempre, de allí la importancia de una buena alimentación durante la infancia.
“Cuando les empezamos a dar de comer, las bacterias propias que tienen las frutas y verduras son buenas para formar una microbiota sana y te va a defender de muchas cosas adelante”, añade Ayuzo del Valle.
“Si no se pudo lactar, cuando le des de comer, ofréceles alimentos sanos y no artificiales. En lugar de que le des una galleta procesada o cereal artificial, dale frutas y verduras sin cocerlas demasiado y sin quitarles la fibra, por ejemplo”.
La microbiota de las personas se va desarrollando a medida que crecen e interactúan con factores del medio ambiente, desde el lugar en donde se vive, hasta la convivencia con una mascota.
“Es diferente un niño que tiene hermanos a uno que es hijo único, un niño de ciudad al de un área rural, si tiene mascotas o no, son muchos factores que van modificando y generando una sola huella de su microbiota”, señala el gastroenterólogo.
Desde la niñez hasta la edad adulta, la convivencia normal con bacterias externas es esencial para el desarrollo de una microbiota sana, dicen los especialistas.
“Se llama la teoría de la higiene. Se propuso que entre más higiene se tenga, tienes menos exposición a los antígenos del ambiente y tu sistema inmune no madura a un ritmo suficiente porque no se expuso al ambiente en forma o en tiempo que le tocaba”, explica.
Por ello, para una evolución sana se recomiendan ambientes limpios, más no estériles.
“Si a tu niño lo tienes en un medio todo esterilizado y lavado que si se cae algo le echas alcohol y que no conviva con otros niños, no lo dejas que haga una microbiota sana y se va a enfermar de cualquier cosa porque no se sabe defender”, indica Ayuzo.
“Déjalo que ande jugando, que agarre un poco de tierra, le vas a ofrecer oportunidades de microbiota que le duraran toda la vida”.

MICROBIOTA SANA
Tanto el exceso de bacterias como la falta de diversidad de ellas contribuyen a la formación de una microbiota sana y se puede relacionar con algunas enfermedades, aseguran los especialistas.
“Con enfermedades del intestino, sobre todo Crohn y CuCi, hacen que el intestino no absorba los nutrientes y que sangre, ésas sabemos que son alteraciones de la microbiota”, dice Ayuzo.
Otras enfermedades no intestinales pueden ser la dermatitis atópica, que sucede cuando la piel se queda sin barrera protectora por exceso de productos fuertes, haciendo que reaccione con inflamación ante cosas como el frío o el calor.
Así mismo también se ha relacionado con asma y enfermedades alérgicas.
“Cuando los niños están acostumbrados a respirar ambientes donde no se genera una microbiota y si a eso tú le das antibiótico, esos niños tienen más predisposición a asma y enfermedades alérgicas”.
Lo más importante a tener en cuenta es que la microbiota es modificable, incluso en la edad adulta, y esto se logra a través de una mayor diversidad y cantidad de bacterias que se obtienen principalmente con un estilo de vida saludable que incluya actividad física y una alimentación balanceada.
“Sabemos, por ejemplo, que los americanos que viven en ciertas ciudades y su variedad de comida está muy reducida a lo mismo: hamburguesas, pizzas y comida chatarra, ellos tienen una diversidad bacteriana menor que alguien de Europa o Asia donde es más amplia y más sana”, dice Marrufo.
“Comienzan a haber estudios que dicen que esos americanos, con esa diversidad reducida, se enferman más, tienen más diabetes, hipertensión, demencia y tienen más problemas que el que vive en otras regiones”.
Para proteger la microbiota se debe cuidar el uso de antibióticos y el exceso de higiene o de productos que contengan mucho alcohol o antibacterial que barran con todas las bacterias, tanto buenas como malas.
“El antibiótico no es selectivo para lo malo, también se lleva lo bueno, entonces la siguiente vez que te enfrentes con una enfermedad ya no tienes tus bacterias actuales buenas que te ayuden a defenderte, entre más antibiótico le des a tu cuerpo más te llevas la flora intestinal”, explica la pediatra.
Lo mismo puede suceder en distintas partes del cuerpo como la piel o la boca, dice la especialista, dejándolas expuestas a infecciones o enfermedades.
“Si tienes una barrera normal de la piel, pero le echas alcohol y jabones muy fuertes, te llevas las bacterias normales y es más fácil que a través de la piel entren enfermedades, se irrite o te dé dermatitis. De la boca yo tengo las normales, pero de repente abusé de los enjuagues bucales, se acaban mis bacterias y me da una infección”.
Para evitar esos desequilibrios se recomienda, de acuerdo con los especialistas, que cuando haya una necesidad de antibiótico, sea lo más dirigido posible a la enfermedad.
“Por ejemplo, si alguien tiene una gastroenteritis, en vez de darle un antibiótico de amplio espectro que ataque muchas bacterias, se centre en el blanco de lo que quieres tratar”, comenta Marrufo.
“Hoy tenemos antibióticos que nada más funcionan a nivel intestinal sin afectar la piel, la parte vaginal o la respiratoria”.
El consumo de probióticos, es decir, bacterias que viven en ciertos alimentos como los quesos y los yogures, también favorece el crecimiento de bacterias buenas para la salud y para el mantenimiento sano de nuestra microbiota cuando tengamos una infección y ocupemos antibiótico.
“Apenas el año pasado se publicó un consenso mexicano de probióticos disponible y abierto donde de forma ordenada se hicieron recomendaciones para adultos y niños; por ejemplo, tengo un adulto con estreñimiento, ¿qué bacterias le ayudan?”, explica Marrufo.
CUÍDALA
Sigue estas recomendaciones para tener una microbiota sana:
· Sigue las reglas de higiene normales: hábitos, lugares y alimentos limpios, más no estériles, pues en medidas extremas se evita la construcción de antígenos que producen anticuerpos y defensas normales.
· Ten cuidado con los antibióticos: tomarlos únicamente con prescripción, asegurándose de obtener antibióticos dirigidos, por ejemplo, respiratorios, urinarios o intestinales dependiendo el padecimiento, en lugar de aquellos de amplio espectro que puedan dañar la microbiota de otras zonas.
· Consume probióticos: busca productos naturales que contengan probióticos como los quesos o los yogures, o bien, en diferentes presentaciones como cápsulas o ampolletas, de preferencia con indicación médica para saber cuáles son los que ayudarán tus necesidades específicas.
· Prefiere alimentos sanos: los carbohidratos con fibra, el arroz, la avena y los cereales complejos con almidón, además de las frutas y verduras son muy buenos en la generación de buenas bacterias.
· No abuses de productos con alcohol: cuida el uso de cremas, jabones, enjuagues bucales o productos en general que contengan mucho alcohol o productos químicos para no dañar las barreras sanas de la piel, boca y microbiota en general.
· El consumo de quesos y yogures favorece el crecimiento de nuestra microbiota.
· Los bebés que nacen por parto obtienen las primeras bacterias “buenas” a través del canal vaginal de la madre; la lactancia es otra fuente importante.
· Jugar con tierra o tener una mascota es bueno para el desarrollo de microbiota.
“Sabemos que hay diferencias en edades, razas, genes, de acuerdo al lugar donde vive la gente y sus costumbres. Es una huella única, inclusive en un futuro probablemente se use como una identificación imposible de falsificar, más que la huella digital, el iris o algunos otros parámetros biométricos”.
César Marrufo García
Especialista en gastroenterología y endoscopia en el Hospital San José