RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

Estamos terminando la Semana Mayor, pero el viernes pasado los mexicanos empezamos otro viacrucis y otra pasión. Esto no es lo que empieza con el miércoles de ceniza y termina tiempo después con el sábado de Gloria. Nosotros no tendremos gloria ninguna, nosotros empezamos una pasión espantosa que durará 90 días aproximadamente que es el tiempo de las campañas. Todos los mexicanos, lo queramos o no, vamos a estar sometidos al bombardeo publicitario, propagandístico demagógico, en un grado mayor o menor, de todos los candidatos, pero no solamente de los candidatos a la Presidencia de la República sino de los candidatos a los gobiernos estatales, a las diputaciones, a la renovación del Senado y en algunos casos, como será en Aguascalientes, de los congresos locales. O sea que son cargos y cargos y cargos y una burocracia que se ensancha, una burocracia que crece y todo eso se sustenta en un pilar bastante frágil, para mí, que es el voto. Alguien que sabía de ciencias políticas decía que la burocracia es el caos provisto de urnas electorales. Y a partir del viernes pasado nos están llamando a las urnas y lo que es peor, vamos a ir a las urnas, pero vamos a ir a las urnas después de escuchar no solamente a los candidatos de los partidos sino ahora hasta a los candidatos independientes, independientes para congresos, para el Senado, para la Presidencia de la República, hasta los quejosos, y vamos a estar todos especializados en tendencias en el Tribunal Electoral. Tenemos ya el amago de un tigre que se suelta, y creo que vamos a pasarnos unos meses verdaderamente de suplicio y sobre todo para nosotros que somos los intermediarios de los ciudadanos que nada deben pero todo temen, y los partidos políticos que todo deben pero nada pagan, porque todo lo que hacen es con dinero de los contribuyentes.

El Presidente Consejero del Instituto Nacional Electoral, Lorenzo Córdova el jueves después de la media noche hizo varios llamados: llamó a los gobiernos y a las autoridades a no meterse, a sacar las manos, para dejar que esto transcurra en los términos de mayor equidad, y pidió a los partidos políticos y a los candidatos a enaltecer o a tratar de rescatar el prestigio de la política como un asunto que está por los suelos, vapuleado y devaluado. También pidió a los medios de comunicación para que trabajen con mucho profesionalismo. Y esto en lo personal se me figura como si hubiera dos procesos electorales, uno sobre la mesa y otro por debajo de la mesa; el oscuro está abajo y el claro está arriba, donde hacen los llamados, ponen sanciones, se disculpan, pero por abajo la guerra sucia, la desinformación, la desmemoria colectiva, lo que se nos olvida, por tantas promesas demagógicas  y tanta gente que se las cree, que es lo peor. Aunque si no hubiera credulidad no existiría la mentira. La mentira no es la expresión de la maldad del mentiroso. La mentira es la expresión de la credulidad del ingenuo. Creo que las sociedad, todas las sociedades en general, son proclives a la mentira porque no les gusta la verdad. Si un candidato hoy llegara y nos dijera la verdad, lo podrían lapidar en las calles. Por lo tanto tiene que inventar un idilio con una post verdad, porque la verdad no nos gusta, la verdad no le gusta a nadie y finalmente la mentira es la mejor amiga de la humanidad, si no hubiera mentiras simplemente no podríamos vivir. Las campañas están construidas en función de estas promesas, de estas ilusiones, porque es mejor una frase de “voy a bajar la gasolina” que explicarnos en un spot de 30 segundos, de los 26 millones que habrá, que la cosa no es sencilla, que la cosa no está fácil y que nada va a cambiar de la noche a la mañana, ni en este siglo ni en el siguiente, llámese “ya sabes quién” o llámese el otro, o sea quien sea. La realidad del mundo es sumamente horripilante en cualquier parte del planeta que usted se pare, entonces estos procesos no son para la renovación de los cuadros políticos, son para la renovación de la esperanza de los ciudadanos, y los ciudadanos siempre creemos que algo bueno va a pasar, porque en el fondo queremos que algo bueno pase. He visto personas que las atropella un automóvil en la calle y entonces se le acerca un paramédico o alguien a ayudarlo y le dice: “¡No se preocupes, todo está bien!” y el tipo tiene el fémur fracturado y la columna partida en dos, tiene rota una mano, pero le gusta que alguien le diga que todo va a estar bien. Nunca he visto un paramédico que recoja a alguien en la calle y le diga: “¡Usted se va a morir, ya cállese, está hecho pedazos!” Eso es también parte de nuestra cultura del cristianismo. Estamos siempre esperando la redención, el perdón, queremos el olvido. El perdón no es más que una forma del olvido, hoy que está tan de moda de decirles a las cosas por otro nombre. En México vivimos en la expectativa, queremos que las cosas sean mejores, pero no pueden ser mejores porque nosotros somos los mismos, las personas que nos quieren gobernar no vienen de otro planeta, han participado de nuestra cultura, de nuestros errores, son exactamente iguales o peores que nosotros, probablemente sean peores porque ellos engañan sin rubor. Así que de aquí hasta el 1° de julio, por lo pronto a reserva de ver qué ocurre después del día de las votaciones. Estadísticas, encuestas van a haber muchas, falsas, buenas, chafas; vamos a vivir entre todo eso: los spots, las campañas, los slogans, las encuestas, los pronósticos, las apuestas, los 3 debates, los adivinos y sobre todo los charlatanes.

 

EL AEROPUERTO DE

LA CDMX LA MANZANA

DE LA DISCORDIA

El asunto de la discusión actual del aeropuerto es una muestra más primero de la vocación mexicana para el absurdo y la otra de la habilidad política de un candidato para convertir una solución en dos problemas, porque tenemos que ir a la razón, a la raíz de este asunto si no no vamos a entender nada. Este aeropuerto se construye porque es absolutamente necesario si este país sigue empeñado en meterse en un proceso de globalización y de intercambio, de turismo y de servicios y de personas a la altura del siglo XXI. El actual aeropuerto no funciona o funciona mal, sus instalaciones siempre están en reparación, en ampliación, es una cosa que ya no funciona y tan no funciona que se ha venido discutiendo durante más de 20 años. El aeropuerto que hoy se está analizando si se construye o no se construye, que ya se está construyendo, se discutió durante más de 20 años y se llegó a esa solución, que es la única solución posible porque es el aeropuerto de la Ciudad de México y no el aeropuerto de Hidalgo, ni del Estado de México, sino de la única zona que está comunicada para servir a un aeropuerto, y que se tendrá que comunicar mejor sin hacer trenes, funiculares autopistas, y cosas que el país no puede hacer porque no tiene dinero. Y tampoco tiene dinero para tirar a la basura 120 mil millones de pesos que ya se gastaron en hacer una cosa para la cual hubo una demora artificial, demagógica, falsa, movida por los machetes de Atenco, movida “ya saben por quién”. “Ya sabe quién” dijo desde el tiempo de Fox que no, y le hicieron caso. Si no le hubieran hecho ya se tendría el aeropuerto, pero les doblo la mano, y les dobló la mano porque eran un gobierno débil, inexperto y torpe. Hoy aparece un elemento nuevo que es el peor de todos: “No hay que hacerlo aquí, hay que hacerlo en Santa Lucía”. Pero en Santa Lucía hay instalaciones aeronáuticas de la Fuerza Aérea Mexicana que solamente tiene esas. Si le van a quitar a la Fuerza Aérea Mexicana su base de operaciones, ¿Dónde la van a poner? La van a poner donde les de permiso “ya sabe quién”, porque de lo que se trata es de ir desmantelando poco a poco la presencia del Ejército. Creo que es una discusión innecesaria. Este proyecto no tendría que detenerse cuando va a producir 400 mil fuentes de trabajo que no se van a poder producir en Santa Lucía. Por ello en vez de resolver un problema, se están creando dos problemas: ¿Qué se va a hacer con lo que ya se gastó? ¿Y qué se va a hacer con la Fuerza Aérea Mexicana?  La verdad es que es muy fácil decir no. Lo que es muy difícil es hacer las cosas, planearlas, revisarlas, y si hay un problema de corrupción, que ya está dictaminado por “ya saben quién” entonces ¿por qué se va a tener que someter a la consulta y a la aprobación de un candidato lo que se está haciendo en las obras públicas de un gobierno? Los gobiernos no tienen porqué rendirles cuentas a los partidos políticos. Los gobiernos tienen organismos de control del gasto y de la inversión pública, ¡pues que los pongan a funcionar!, para eso está la Contraloría, para eso está la Auditoría Superior de la Federación, pero no para poner en la mesa de la polémica electoral un proyecto del que están todos sus gastos analizados y reportados, pero que dan hoy un enorme rendimiento electoral en la demagogia de “ya saben quién”.