Ana Isabel Aguayo
Agencia Reforma

CDMX.- “¡No todo está perdido!”, le dice Hugo, el manager, a Luis Miguel. Y el televidente, junto con el protagonista de la serie, contiene el aliento: vuelve a surgir, una vez más, una esperanza de que todo estará bien.
Aparecen los créditos finales del último episodio de la serie biográfica más popular de México y casi se pudo escuchar un “¡Nooooooo!” en miles de hogares que domingo a domingo han seguido fielmente cada uno de los capítulos que narran la vida de ídolo, y que ahora tienen que esperar la segunda temporada para ver qué pasa a continuación.
El esperado -y temido, por ser el último- episodio 13 de Luis Miguel. La Serie mostró anoche en su ir y venir a través de los años, lo que quizás fue uno de los momentos más altos, pero también el más bajo en la vida y carrera del cantante.
Éxito en Viña del Mar, ventas millonarias de su disco de boleros, una gira por Sudamérica que agotó sus localidades en dos días, el supuesto reencuentro de Marcela (Anna Favella) con su hijo adorado… Pero también la enfermedad en sus dos figuras paternas, su padre Luis Rey (Óscar Jaenada) y su manager Hugo López (César Bordón), la fractura en su relación con Érika (Camila Sodi) y las constantes y enfermizas mentiras de su papá.
Emotivo, dramático y hasta desesperante, así fue el último vistazo de esta bioserie que reunió a los mexicanos frente al televisor como si de un partido de la Selección Nacional se tratara.
Durante casi tres meses el corazón del espectador se fracturó varias veces -igual que el de algunos protagonistas-, y se llenó de odio contra Luis Rey. Sin embargo, al final de la primera temporada y de su avalancha de emociones quedan muchas interrogantes, ideales para esperar con ansia la segunda temporada.