Mircea Mazilu

El pasado lunes se cumplieron 75 años de la liberación del mayor centro de exterminio nazi: Auschwitz-Birkenau. El 27 de enero de 1945 el ejército soviético llegó a sus puertas para liberar a más de 10 mil presos que todavía se encontraban allí. Con ello se ponía fin a casi 5 años de existencia de una de las más grandes “fábricas de matar” de la historia, en donde perecieron más de un millón de personas, la mayor parte de los cuales eran judíos.

Con la subida al poder de los nazis en 1933, la situación de los judíos en Alemania empeoró drásticamente. Según la ideología nacionalsocialista, basada en un profundo odio y racismo, los alemanes representaban la raza superior, mientras que los hebreos eran considerados “subhumanos” y por lo tanto debían ser erradicados.Primero, se promulgaron leyes antisemitas que buscaron excluir a los judíos de la sociedad alemana, al prohibirles ejercer ciertas profesiones, abrir negocios, casarse con personas que no fueran de su etnia, conducir automóviles, etc. Asimismo, en la década de 1930 los judíos empezaron a ser cada vez más víctimas de boicots, pogromos y todo tipo de actos discriminatorios.

La situación de los judíos empeoró todavía más a partir de 1938, cuando los nazis empezaron a encarcelar a israelitas alemanes y austriacos en campos de concentración. Estas instalaciones de detención empezaron a operar desde la misma toma del poder del partido Nacionalsocialista en 1933. Al principio, en ellas se encerraban enemigos del régimen, por ejemplo, comunistas, socialistas, socialdemócratas, testigos de Jehová o clérigos cristianos, todos ellos ciudadanos alemanes.

No obstante, con el estallido de la Segunda Guerra Mundial los nazis empezaron a llevar a los campos de concentración prisioneros de guerra soviéticos, polacos y judíos de otros países de Europa. Allí los prisioneros eran obligados a realizar trabajos forzados, al mismo tiempo que pasaban hambre y sufrían castigos inhumanos. Simultáneamente los nazis construyeron otros tipos de centros de concentración, tanto en el territorio de Alemania como en otros países europeos. Entre ellos destacaron los campos de trabajo forzado, los guetos y los centros de detención de prisioneros que, junto a los campos de concentración, llegaron a superar la cifra de 42 mil en 1945.

Poco después del inicio de la Segunda Guerra Mundial, el Tercer Reich aprobó el plan de la “Solución Final”, según el cual la población judía tenía que ser erradicada de la Tierra. Con el objeto de llevar a cabo tal fin, los alemanes construyeron 7 campos de exterminio, uno en Bielorrusia (Maly Trostenets) y 6 en Polonia (Belzec, Chelmno, Sobibor, Treblinka, Majdanek y Auschwitz-Birkenau). A diferencia de los otros centros de concentración, los campos de exterminio se edificaron exclusivamente para ejecutar a las personas.

Auschwitz-Birkenau fue el mayor de todos ellos. Empezó a ser construido en junio de 1940 por prisioneros polacos, alcanzando a tener en poco tiempo 3 bases distribuidas a lo largo de 40 kilómetros cuadrados: Auschwitz I, inicialmente un campo de concentración; Auschwitz II-Birkenau, el campo de exterminio; y Auschwitz III-Monowitz, el campo de trabajo. A este “campo de la muerte” fueron llevados millones de judíos de diferentes países de Europa, así como prisioneros soviéticos y polacos, homosexuales, gitanos y personas con discapacidad, entre otros. Se calcula que allí fueron asesinadas más de un millón de personas.

El pasado 27 de enero se conmemoró el 75 aniversario de la liberación del mayor “símbolo del genocidio nazi”. A este acto de homenaje, celebrado en el mismo campo de exterminio de Auschwitz, acudieron unos 50 líderes mundiales y más de 200 supervivientes. Los exprisioneros pidieron entre llantos que la memoria no se pierda y que lo sucedido allí no se repita nunca más.

mircea-mazilu@hotmail.com