Josemaría León Lara Díaz Torre

La propia naturaleza del corazón del ser humano, es aquello que tiende a orillarnos a la búsqueda de las pasiones, sean buenas o malas y que sin embargo sin importar sus características cuando éstas se presentan en exceso o en defecto, terminan por mitigar cualquier ideal, por más bello que éste sea. Es por ello la necesidad de la virtud de la prudencia, misma que nos permite encontrar el equilibrio deseado en todas y cada una de las actividades humanas.
Un ejemplo claro de la perversión de ideales, es lo que plasmaba hace 72 años George Orwell tras la primera publicación de su satírica novela Rebelión en la Granja. Donde a través de la alegoría narrativa de unos animales de granja que deciden hacer uso de su derecho inalienable de autodeterminación, para encontrar libertad, igualdad y autogobierno.
Los animales de la novela, son tan ordinarios como los de cualquier otra granja, trabajando como bestias al servicio del hombre. Pero los animales están cansados de seguir sometidos a la voluntad humana por lo que deciden revelarse y correr a sus amos de sus propias tierras y ellos quedarse con el control. Hasta este punto, logran su cometido y se consideran iguales los unos con los otros, pero alguien debe de crear un nuevo orden para que reine la paz.
Los cerdos considerados como los más inteligentes comenzarán a fraguar los primeros intentos de gobierno, velando por los intereses de la comunidad. Tras varios desacuerdos entre los dos líderes principales, uno de ellos a través del uso de la fuerza logra quedarse con el poder y el control absoluto de la granja, desterrando a su compañero y modificando su imagen hasta convertirlo en enemigo público.
A través del trabajo excesivo, el uso exacerbado de propaganda para sembrar la “verdad”, infundir el miedo y propagar condiciones de vida deplorables, provoca la pérdida del sentido de la realidad y por ende de la propia voluntad. Así eran las condiciones en las que vivían los animales de la “Granja Animal”, bajo el yugo del miserable y despótico cerdo llamado Napoleón.
Los cerdos terminan por convertirse en todo aquello contra lo cual lucharon, asimilándose de tal manera a los humanos, que para el resto de los animales resulta complicado encontrar la diferencia entre el hombre y el cerdo, y entre el cerdo y el hombre. En otras palabras, los cerdos terminan por convertirse en todo aquello en lo que decidieron destruir en el pasado.
La condición cíclica de la historia nos muestra que para que exista un cambio de fondo en las instituciones, es necesaria la presencia de un conflicto armado; donde la constante es que el oprimido se subleva en contra del opresor. Aquellos movimientos sociales que han logrado transformar la realidad de determinada cultura o nación, surgen bajo una bandera legítima de buscar mejorar o alcanzar las condiciones de calidad de vida mínimas; situación noble, pero que si no es dirigida por el camino correcto puede transformarse en un monstruo más grande y poderoso que con el cual se peleó originalmente.
La naturaleza descriptiva con la que fue escrito, provoca que el lector se sumerja en cada instante de la narración causando empatía con sus personajes y sus emociones. Pero, además el contenido político del mismo provoca una clara bifurcación en su contenido y mensaje, ya que puede ser leído simplemente como una fábula y, por otro lado, se sobreentiende la dura crítica al comunismo soviético.
Recordando que un día como hoy pero de 1946, se publica por primera vez Animal Farm de George Orwell, lo invito estimado lector a que, si no lo ha leído, lo haga y si ya lo leyó, que lo vuelva a hacer; pues se trata de un libro que no tiene desperdicio y que además nos recuerda la delgada línea de nuestra condición humana cara al ejercicio del poder.